Para estar a la altura

Quienes han jugado en el estadio Hernando Siles dicen que es una experiencia vomitiva.

A 3.650 metros de altura, jugar en La Paz exige algo más que fútbol. No es un mito ni una disculpa para los aficionados, que suelen esperar resultados sin tener en cuenta este factor determinante. Y si la competencia no se dosifica, se puede repetir la pesadilla que ya vivió Colombia en las eliminatorias de 2006, cuando salió goleado 4-0, o la que sufrió Argentina (6-1), de la mano de Maradona, en las eliminatorias de 2010. Por algo, los jerarcas del fútbol querían vetar esta plaza y hasta el presidente de Bolivia salió a defenderla. A la cancha del estadio Hernando Siles, de esta histórica ciudad, salta este martes la selección de Colombia en su primer escollo hacia Brasil 2014.

“Es imposible que el equipo se adapte a la altura de La Paz unos días antes. Por eso tratamos de aclimatarnos —que es distinto— y llegar allá 15 horas antes del encuentro, para que no nos afecte tanto”, aseguró Elkin Sánchez, preparador físico del onceno nacional. “Para adaptarse a La Paz se debe llegar al menos con 18 días de anticipación, de esa forma no se sentirá el rigor. Como no se puede, pienso que es beneficioso que tengamos esta fecha de descanso, de lo contrario tendríamos que pasar de Barranquilla a La Paz. Imagínese, mucho más complicado”, sostiene Sánchez.

La tricolor nunca ganó por eliminatorias en ese estadio. Sólo lo hizo en la primera ronda de la Copa América de 1983, cuando el equipo era dirigido por Efraín El Caimán Sánchez y el barranquillero Didí Valderrama marcó el único tanto del juego. Luego los tres puntos serían esquivos: 2-2 en 1996, 1-1 en 2000, 0-4 en 2003 y 0-0 en 2007.

El actual seleccionador colombiano, Leonel Álvarez, vivió el empate a dos el 10 de noviembre de 1996. Tras su llegada a La Paz, El Bolillo Gómez (entonces el técnico) declaró que a Leonel, Faustino Asprilla y Miguel Calero, una gripa los había afectado. Todo eso tendrá que enseñárselo a sus dirigidos. “Allá nunca perdí por eliminatorias. Además, esa selección de Bolivia a la que enfrenté era muy buena, estaban jugadores como El Diablo Echeverri. Ojalá esta vez sí pueda”, dijo el DT.

El temor de los grandes
Es suicida que un técnico subestime la altura de La Paz, porque precisamente el Hernando Siles no conoce de favoritos, estadísticas ni historia. El primer juego que perdió la selección de Brasil en eliminatorias fue precisamente allí, el 25 de julio de 1993, por 2-0.

Hace dos años la Argentina dirigida por Diego Maradona padeció esos efectos en el camino a Sudáfrica 2010, al caer por 6-1. “Alguien puede morir jugando en lugares así, es un despropósito. Si respetamos el espíritu del deporte, no hay que pasar así del llano a la altura, a donde se llega y te falta el aire, te da dolor de cabeza y vómito…”, dijo el entonces preparador físico de la albiceleste, Fernando Signorini.

“No es mito; es una realidad”
Básicamente, jugar en La Paz es una experiencia vomitiva. “Una vez bajas del avión, se siente mareo y náuseas. No se puede comer mucho porque te vomitas, la digestión es demorada. Y en la noche no se puede dormir muy bien”, sostiene el experimentado Hamilton Ricard, quien visitó a Bolivia en la Copa América de 1997 (Colombia perdió 2-1) y en las eliminatorias a Corea y Japón 2002.

Y añade el hoy delantero del Deportes Quindío: “Es muy jodido jugar allá. Hay unos que sólo caminando sangran por la nariz. Una vez, con el Cali, Édison Mafla estaba acostado con una mascarilla recibiendo oxígeno. Lo que dicen no es mentira”.

En la gramilla del Siles los futbolistas deben correr en punticas, como las bailarinas de ballet: dosificar energías, como diría el exportero Óscar Córdoba, a quien en su última visita a La Paz, en 2003, le encajaron cuatro. “Cuando menos piensas el balón ya pasó, porque allá vuela”, explica.

“Te mareas, te dan ganas de ir al baño (…) y eso que uno es arquero y no corre. Una vez Miguel Calero estaba en el camerino pegado de una pipa de oxígeno pequeña. Había más de esas (pipas) que agua en los camerinos. La altura no es un mito; es una realidad”, añade.

Los que sacaron provecho
“Era curioso cómo les afectaba a quienes nos visitaban. A unos les daba soroche. Un amigo antes del juego no podía comer nada, pero se tomaba como un mate e intentaba”, recuerda Pablo Salinas, uno de los dos bolivianos que actúan en el fútbol nacional, quien jugara para los dos equipos de La Paz, Bolívar y The Strongest.

Sin embargo, el delantero de 32 años, quien ha sido convocado en varias ocasiones a la selección de su país, dice que es un tema más sicológico: “(Marcelo) Martins, que juega en Ucrania, me decía que él llega un día antes y se adapta de una, porque ya no le teme. En Copa Libertadores, Juan Sebastián Verón (con Estudiantes) corría más que los de Bolívar, entonces es un tema de inteligencia también”.

Santiago El Sachi Escobar, técnico de Nacional y quien dirigiera a Bolívaren 2009, coincide en que es un tema sicológico. “Un jugador brasileño me decía: ‘yo estoy acostumbrado a jugar en el trópico, a 800 metros, no acá’. Con esa predisposición no se puede. Pienso que es duro, pero con una buena preparación se puede sortear”.

Y continúa: “A los bolivianos también les cuesta. Unos vienen de Santa Cruz —que es como Cali—, otros de Europa. Lo mismo para los colombianos. Por eso la altura es para ambos. La mentalidad es la que se debe trabajar”.

Mañana en la tarde la selección de Colombia viajará a La Paz, en busca de la primera victoria por eliminatorias, contra Bolivia, y más que eso, contra la altura: 3.650 metros de miedos.