Publicidad

“Estar en el América se convirtió en un problema”

John Édison Castaño hace carrera de empresario. El habilidoso jugador que despuntó en un Suramericano Sub 20 en 1985 cuenta por qué no pudo triunfar en el fútbol.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Alfredo Yacelga Abreo
16 de febrero de 2009 - 11:00 p. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

John Édison Castaño buscó fortuna en el fútbol, pero le faltó suerte para triunfar, porque talento tenía de sobra. El pereirano, que se perfilaba como la nueva gran estrella del fútbol colombiano en los 80 tuvo que llevar su carrera de forma paralela con una serie de circunstancias que hicieron que su luz se apagara sin haberse consolidado. El Espectador encontró en Pereira a aquella figura que sorprendió al continente con su habilidad y gambeta en aquel Suramericano Sub 20 de Paraguay, en 1985, y de quien muchos se preguntan por qué no triunfó.

Hoy, después de 10 años de retirarse de la actividad, Castaño camina desapercibido por el centro de Pereira con unos kilos de más y sin la melena desordenada que lo caracterizaba. Se mueve entre la Alcaldía de Pereira y la Gobernación de Risaralda, donde se dedica ahora al trabajo de oficina, alejado de los cortos y los guayos, pero siempre atado al fútbol. Es el coordinador de las escuelas de formación que patrocina la administración local y de los campeonatos intermunicipales, sin embargo sus metas son otras, a corto plazo. “Estoy tratando de volverme empresario. Busco jugadores del Valle, del Eje Cafetero y de Medellín, para tratar de ubicarlos. De hecho tengo a algunos entrenando con el Deportivo Pereira”, manifiesta Castaño, quien accede sin problemas a recordar su pasado.

América, Ochoa y la lesión

Todo empezó en 1984 cuando, con sólo 16 años debutó con éxito en el fútbol profesional con el Deportivo Pereira, lo que lo llevó a ser convocado por Luis Alfonso Marroquín para la selección de Colombia que disputaría el torneo Sub 20 en Asunción.


Esa parte de la historia es la más conocida: Colombia, con Higuita, Tréllez, Castaño, Pérez y demás, consiguió por primera vez en la historia del fútbol colombiano llegar a un mundial de la categoría. La cita fue en Rusia, donde avanzó a segunda ronda, en la que Brasil lo aterrizó con un contundente 6-0.

Al regresar, América de Cali, el equipo lleno de estrellas dirigidas por Gabriel Ochoa Uribe, hizo la mejor oferta y lo llevó a engrosar sus filas. Pero allí empezó su calvario. “A él (Ochoa) no le gustaban los jugadores jóvenes”, recuerda Castaño, quien se sentía maltratado.

“Toda la vida fui titular en selecciones Risaralda, en selección Colombia, en el Pereira, cuando empecé a los 16 años. Pero cuando llego al América me encuentro con que tenía que esperar a que culminara el ciclo de los mayorcitos, caso Gareca, Battaglia, Willington. Este señor (Ochoa) no me brindó a mí la oportunidad que necesitaba. Yo traía una regularidad y el tipo me la cortó”, cuenta.

América decidió prestarlo al Nacional, donde sí tuvo espacio, pero donde vivió el momento más doloroso de su carrera.

“Yo llegué muy tranquilo y en las primeras ocho fechas fui figura. Y cuando me estaba jalando el mejor partido de mi vida, contra Millonarios, me lesioné. Fue muy grave porque el menisco interno se me reventó totalmente y me lo sacaron, el ligamento cruzado se rompió, fuera de eso se fracturaron los cóndilos femorales y ya la recuperación se hizo muy lenta porque me dolía demasiado la rodilla”, relata Castaño.

Apenas comenzaba 1987 y ese accidente lo hizo parar todo el año. “Eso es lo que la gente no sabe. Se habló demasiado que yo me perdí en la rumba y el vicio, pero eso no fue cierto”, exclama Castaño, quien reconoce que la fama lo envolvió, pero que nunca fue indisciplinado. “Lo que me faltó fue un guía, porque a veces pensaba en cosas que no debía, como en mis lujos, en mis carros y no en ser el mejor”.

Su experiencia en Argentina

Pese a que la lesión lo había disminuido, Castaño volvió a las canchas en 1988, jugó un semestre con Nacional, con un buen nivel, lo que hizo que América lo pidiera de regreso. En enero de 1989, en un torneo amistoso en Cali al que asistieron Vélez


Sarsfield y Racing de Argentina, Castaño mostró su talento y cautivó a los de ‘La Academia’. “Jugué sólo dos partidos, de a 20 minutos y fui el único que les interesó”, dice.

“Allá debuté contra Rosario Central y la rompí, como dicen ellos, y hasta Macaya Márquez me invitó a su programa. Estaban aterrados y me preguntaban que porqué no me habían visto en Europa. Les dije que justamente iba a Argentina buscando un trampolín”, relata.

Allí, Castaño recordó que en 1986 América le negó su salida al fútbol español luego de que el Real Murcia le ofreciera por su pase 500 mil dólares. “América dijo que tenía mejores cosas para mí, que era intransferible... Ser del América era muy importante, pero al mismo tiempo se convirtió en un problema”.

Unos días después, en una práctica en Buenos Aires, recayó en su lesión. “Fue una plancha que me tiró un pelao de la quinta categoría y se volvió a romper el ligamento”, recuerda.

Luego de otra larga recuperación, Castaño llegó a Santa Fe en 1990, donde tampoco pudo brillar, pero esta vez por problemas sentimentales. “Me separé de mi esposa y eso fue algo muy duro para mí, una experiencia muy difícil. Lloraba todos los días y no pude rendir”, dice. Para esa época ya habían nacido John Édison y Kelly Alejandra, sus dos hijos.

Aunque afectado por la artrosis y otras secuelas que dejó su grave lesión de rodilla, Castaño jugó ocho años más, sin mucho suceso. Pasó por el Cali, Once Caldas, Trujillanos de Venezuela, Huila, Tolima, Quindío y Pereira, donde cerró su carrera. “En todos los equipos comenzaba bien, pero algo pasaba”.

Luego probó como técnico en las divisiones inferiores del Pereira y con su escuela, la que cerró porque le estaba dejando pérdidas.

Del rápido repaso de la entorpecida carrera de John Édison Castaño sobresalen su comienzo brillante y promisorio, su desarrollo enredado  por las lesiones y los conflictos con algunos técnicos. El desenlace fue opaco y silencioso. “Creo que como futbolista lo que me faltó fue suerte”. La frase lo resume todo.

Por Alfredo Yacelga Abreo

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.