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Falcioni: “Siempre quiero regresar a Colombia”

El argentino Julio César Falcioni es uno de los íconos del América de los ochenta. Este domingo, cuando el cuadro rojo busca la estrella 13, rememora aquella época.

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Daniel Avellaneda / Corresponsal en Buenos Aires
20 de diciembre de 2008 - 10:00 p. m.
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El hombre, sentado en el sofá de su casa, cuenta una anécdota y se emociona. No dejan mentir el tono de su voz y la piel de sus brazos que se eriza. “Hace un mes, en Cali, sentado en un restaurante, comía con mi señora cuando apareció un muchacho de unos treinta años y me pidió que le autografiara una foto. Era mía, de cuando jugaba en el América, y estaba posando con un niño. Le pregunté quién era ese chico y me contestó que se trataba de él. Que alguien haya guardado una fotografía durante casi veinte años esperando el momento en que yo se la firmara, me conmovió”.

El relato es de Julio César Falcioni, aquel increíble arquero de los Diablos Rojos que fueron protagonistas excluyentes del fútbol colombiano y suramericano en la década del ochenta. Ya no luce el cabello por debajo de los hombros como en sus años mozos, pero tiene intactos los recuerdos de esa época dorada en el club caleño. Y en la antesala de una espectacular definición que tendrá como protagonista al América, quién mejor que Falcioni para hablar de la historia y del presente de una institución en la que dejó su huella.

De ayer a hoy

Es mediodía y el sol raja la tierra en Villa del Parque, un coqueto barrio ubicado al noreste de la Capital Federal. Falcioni invita a El Espectador a su casa. El aire acondicionado ofrece un alivio y el arbolito de Navidad ilumina la charla. El arquero del América, que capturó cinco campeonatos colombianos y que arañó tres veces la Copa Libertadores, enciende un cigarrillo rubio y se suelta en la entrevista. Técnico reconocido en Argentina, ahora espera una oferta del exterior, ya que se tomó un año sabático después de estar cerca de dirigir Racing y Huracán. “Acabo de venir de Cali. Estuve en el encuentro americano, me invitó la gente del club y aproveché para pasear unos días por allá. Hacía 17 años que no iba. Está cambiada la ciudad, muy linda, muy grande. Mucho carro, mucha edificación. Me encontré con muchos amigos y ex compañeros. Recibí mucho afecto”, dice Julio César, quien volvió a ver después de tantos años a Hugo Valencia, Víctor Espinoza, Anthony de Ávila y Juan Manuel Battaglia, entre otros.

¿Qué recuerdos tiene de aquellas finales que protagonizó América?

Cuando me preguntan por ese equipo que conformamos en la década del ochenta, siempre digo que fue el mejor de Suramérica. Sólo le faltó conseguir el objetivo máximo de la Copa Libertadores, pero ganó en forma inédita ser pentacampeón (del 82 al 86) en el fútbol colombiano y ser subcampeón en el 87. Nos faltó suerte en las finales de la Libertadores. Pero fuimos los mejores.

¿Qué jugador de aquel equipo es el que más lo deslumbró?

Yo estuve diez años en el equipo y pasaron muchos jugadores. Después de cada temporada, llegaban refuerzos para hacerlo más potente. Desde Roque Alfaro, Pascuttini a Gareca, Cabañas, Ischia, Uribe... Había nombres de categoría. Pero el que más me deslumbró fue Willington Ortiz. Él fue el jugador por excelencia, el mejor del fútbol colombiano.


Y ahora tiene que jugar América, nada menos, una final. Como entonces, pero con otro contexto. ¿Sigue al equipo?

Cuando estuve allá, en Colombia, tuve la oportunidad de verlo contra Boyacá Chicó, que fue el equipo con el que perdió la final del campeonato pasado. Ese partido le permitió al América pasar a los cuadrangulares. Y también vi el duelo con Pereira, pero por televisión.

¿Qué destaca de este América?

Está bien, está sólido. Tiene juventud y eso lo hace muy rápido. Cuando golpea, sabe sacar ventaja de la velocidad de sus jugadores. Es un equipo ordenado, al estilo de Umaña. Él es un técnico que sabe mucho. Hizo una buena campaña en América y consiguió resultados.

¿Vio a Medellín, el rival?

Muy poquito. Pero observé que es un equipo fuerte, que tiene a un ex compañero mío en el banco, Santiago Escobar. En la fase previa había conseguido un buen lugar en la clasificación, pero había mostrado altibajos. En el cuadrangular agarró mejor nivel y por eso es finalista.

¿Le dan ganas de volver a Colombia?

Siempre tengo ganas. Pasé diez años de mi vida allá. Me han ofrecido volver, pero no se dio la posibilidad. Y ahora que estuvimos con mi mujer, recibimos un trato espectacular de la gente, que nos quiere.

¿Es especial el aficionado americano?

Es el mejor de Colombia, el fanático, el más sufrido. América pasó más de sesenta años sin ser campeón y, cuando llegamos nosotros, ganó cinco títulos seguidos en apenas una década. Luego, siguió estando en los primeros lugares, más allá de que en los últimos tiempos no tuvo un potencial económico para sostener ese lugar. De hecho, América está basado en sus divisiones menores.

¿Se siente más reconocido en Colombia que en Argentina?

Lo que pasa es que yo me fui de acá a los 24 años e hice casi toda mi carrera en Colombia. Estuve en el equipo más representativo del país y tomé mucho reconocimiento. Cuando volví acá, me establecí y tuve que luchar para conseguir una posición importante como entrenador.

El año pasado, en ‘El hijo del Ajedrecista’, Fernando Rodríguez Mondragón, hijo de Gilberto y sobrino de Miguel Rodríguez Orejuela, líderes del desarticulado cartel de Cali, señaló que usted y Ricardo Gareca eran responsables de importar “pastillas” para preparar “brebajes”. ¿Usted observó algo fuera de lo normal durante los diez años?

Siempre estuvo relacionado con el cartel el club y había gente en su comisión directiva que está señalada por eso mismo, pero nosotros nunca vimos nada, ni algo parecido a eso.

¿Ve campeón al América?

Yo quiero que sea campeón. Tengo muchísimo cariño, muchísimos recuerdos. Fue impresionante lo que me mostraron cuando fui. En el hotel, en la fiesta americana. Ojalá pueda ganar el campeonato. Lo deseo profundamente.

La selección y sus altibajos

Es hora de las fotos. Bajando por unas escaleras de madera se llega a un cuarto en el que Falcioni guarda sus recuerdos en fotos y retratos. Se lo ve en América, por supuesto, y en guantes. Hoy, es entrenador de primera clase. Y, como tal, conoce todo del fútbol mundial. Por eso no deja de mirar partidos por televisión. Pero, además, sabe al dedillo qué sucede con la selección de Colombia. Julio César opina: “Cuando estuve en Cali, casualmente la selección jugaba un amistoso con Nigeria. Y yo me alojaba en el mismo hotel que los jugadores. Por eso tuve la oportunidad de encontrarme con el profesor Eduardo Lara. Me pareció una persona excelente. Estuve conversando con él un largo rato, casi a diario. Creo que es muy capaz y él va a poder sacar a Colombia adelante”.


¿Podrá hacerlo Lara?

Creo que sí. Él les devolvió la tranquilidad a los jugadores para poder llevarla al Mundial.

¿Por qué cree que le cuesta ir a los mundiales? ¿Dónde está la falla?

A la selección le costó durante muchos años poder establecerse. Tuvo una gran camada de jugadores en la década del ochenta. Y se debió a que muchos colombianos tuvieron buenos espejos. Porque entonces llegaban futbolistas del extranjero y eran de primer nivel. Nosotros nos sentimos espejos para que se reflejaran. Y surgieron buenos futbolistas. Pero se pensó en el presente y no en el futuro. Y no se trabajó bien en divisiones inferiores. Y como mermó el poderío económico de los equipos, dejaron de ir a jugar a Colombia futbolistas de categoría. Así, la competitividad dejó de ser alta.

Entonces, el campeonato colombiano que jugaba usted es incomparable con el de ahora, el que va a definir América con Independiente Medellín...

Sí, es diferente. El del ochenta era más competitivo. Colombia era como es ahora México: todos los equipos tenían tres o cuatro extranjeros de primer nivel, de selección. En la época de El Dorado iban a jugar a Colombia los que tenían más de treinta o iban a retirarse. Yo fui con 24.

¿Y usted cree que para que la selección mejore tiene que haber mayor competitividad en el campeonato?

Si el campeonato es más competitivo, los jugadores tienen que esforzarse más. Para llegar a esa etapa de la década del ochenta, todavía le falta.

Carlos Ischia, su mejor amigo

Falcioni dejó muchos amigos en Colombia, pero tuvo uno especial al que todavía sigue viendo en Buenos Aires. Se trata de Carlos Ischia, ex mediocampista de Vélez Sársfield, donde compartieron cartel, y ahora entrenador de Boca, nada menos, en donde fue ayudante de Carlos Bianchi y ahora está protagonizando el triangular que define el título del torneo Apertura del fútbol argentino. Julio César tiene su favorito para dar la vuelta olímpica. “No soy hincha ni de Boca, ni de Tigre ni de San Lorenzo, que son los equipos que están disputando el triangular. Pero quiero que gane Carlos, sin dudas. Por la amistad que tengo con él, quiero que sea campeón. Es que yo compartí muchas cosas con él”, se confiesa. Y añade: “Nos conocimos de algunas selecciones juveniles, somos de la misma edad, nos enfrentamos cuando él jugaba en las inferiores de Chacarita Juniors y yo en las de Vélez Sársfield. Después, fuimos compañeros en la Primera de Vélez y en el América”.

Por Daniel Avellaneda / Corresponsal en Buenos Aires

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