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Siempre soñó con tener a sus padres en la tribuna para dedicarles goles o al menos un buen partido, pero nunca imaginó que la primera vez con ellos desde las gradas sería para celebrar su primer título profesional.
El pasado 19 de diciembre, al Palogrande llegaron más de los debidos, pero el sobrecupo fue de afecto para Félix Micolta, quien saltó al campo sabiendo que, en algún lugar de las gradas, mamá Aura María y papá Félix eran dos hinchas más del Once Caldas que buscaba la cuarta corona de su historia.
“Como ellos y mis cinco hermanos viven en Cali, pues no se habían podido dar las cosas para que me acompañaran a un partido en Manizales y justo en el primero que lo pudieron hacer, me vieron dar la vuelta olímpica, algo que desde muy pequeño soñaba y visualizaba”, confiesa este nariñense de 21 años que hoy empieza a disputar su segunda Copa Libertadores (9:15 p.m., Fox Sports).
Gracias al Once estrenó pasaporte el año pasado, un 2010 más que inolvidable, como lo son sus inicios en el fútbol, ya que desde niño dejó El Charco, municipio del suroccidente colombiano, en busca del sueño hecho balón.
Según Félix, de su pueblo natal “no salimos muchos jugadores y por ahí el otro que ha llegado hasta profesional es Néfer Estupiñán, delantero que también estuvo conmigo en Bucaramanga, fue preseleccionado en las menores de Colombia y el año pasado jugó con Academia Compensar en la B”.
Considera que tuvo mejor suerte que su paisano por haberse “criado en Cali, gracias a Dios una ciudad futbolera, y allí pude jugar en las menores de la Carlos Sarmiento Lora, luego estuve en Todofútbol, lo que es actualmente el Depor Aguablanca, y después pasé a Sol de América, escuela del señor Hárrison Caicedo, que me ha apoyado muchísimo”.
Con la etapa cumplida en la capital vallecaucana, fue a probar suerte al Bucaramanga, donde estuvo “un año en la Primera C y de ahí me subieron al primer equipo para que se me hiciera realidad el sueño de jugar fútbol profesional”, aunque en la ciudad de los parques encontró más que una oportunidad.
Allí conoció a su novia, con quien mantiene una relación de tres años y aunque confiesa estar “más enamorado que nunca”, por ahora gambetea el matrimonio al sentirse “muy joven para asumir una responsabilidad como esa y además porque tengo todavía una familia por sacar adelante”.
La estabilidad al menos parece garantizada con el contrato firmado hasta 2013 y luego de dos años en Manizales se siente un caldense más. Así lo demuestra el gusto por el clima, “ya que dicen que el jugador morocho para el frío pocón, pocón, pero yo iba por lo mío, sin importar que fuera tierra caliente o una ciudad con altura”.
Además, coincidir allí con el técnico Juan Carlos Osorio lo marcó para siempre porque “antes que un gran entrenador, es una excelente persona. En lo personal me ha inculcado sus principales valores, la humildad y el sacrificio para trabajar, y en lo futbolístico me ha enseñado mucho, sobre todo en los desmarques de rotura y especialmente en la definición”.
El DT hizo de Micolta un producto terminado y si de ejemplos se trata, el 2 del albo admira mucho “al ecuatoriano (Antonio) Valencia, por esa potencia, rapidez, el cambio de ritmo que tiene, sus centros y la manera como llega a posición de gol”.
No sabe si su fútbol le dará para llegar a Old Trafford y vestir la camiseta del Manchester United, pero si de algo está seguro Félix, es que al menos puede cruzar El Charco, léase Atlántico, para cumplir uno de los tantos sueños que aún tiene. Y así como es en la cancha, cuando arranca con decisión, no hay quien lo detenga.