Feliz año

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Tradicionalmente todavía se puede decir feliz año antes de la primera quincena de enero. En mi caso lo hago por ahí hasta el 12 máximo, para no sentirme desfasado.

El deporte colombiano y en especial el fútbol necesita un buen 2021. Después del aplazamiento de los Juegos Olímpicos de Tokio la cita es en julio próximo y tras la buena actuación en Río las expectativas son altas. No me cabe duda de que se debe igualar o mejorar la manera como viene trabajando el Ministerio del Deporte.

He sido testigo del ritmo y la rigurosidad del equipo de trabajo del ministro Lucena y puedo dar un parte de tranquilidad al respecto. Claro está que no se puede garantizar el éxito en las competencias a priori por razones lógicas que no permiten pronosticar los imponderables, pero la preparación y el respaldo de los atletas de élite es notable. Después les contaré detalles de lo que se está haciendo para mantener el presente y futuro inmediato de nuestros representantes del músculo, que me tiene impresionado.

Ahora bien, los dolorosos. Nuestro fútbol viene de sufrir más que cualquier otro deporte el año que terminó. Nos fue muy mal en todo sentido y lo peor es que, por cuestiones de calendario, hubo muy poco tiempo para replantear muchos aspectos. Ya tendría que haberse definido el técnico de la selección y aunque el candidato único es Reinaldo Rueda, todavía no llegan a un acuerdo para oficializarlo. Terminó saliendo complicado de Chile. Los australes demuestran que no son los mas fáciles y comprensivos como históricamente los conoce el continente, a pesar de que de alguna manera les estamos haciendo un favor, pues querían zafarse del colombiano. No arreglan todavía el cruce de cuentas entre indemnización y sueldos. Está claro que hasta que no finiquite allá, pues no se puede firmar acá. Ya di mi posición al respecto y no me voy a sumar a los que critican la negociación. Uno debe estar donde lo quieran y yo puedo oír ofertas desde que mi jefe lo sepa y lo apruebe. Y viceversa, yo puedo ofrecer mientras el patrón de mi objetivo acepte que hablemos. Nada que atente contra lo ético, aunque el tema es bastante subjetivo moralmente. Lo cierto es que Colombia debe levantarse en la eliminatoria y llegar al menos a las semifinales de la Copa América y jugando bien como para salvar objetivos.

En cuanto a los clubes, todos esperamos que esta vez al menos superemos las fases de grupos en Libertadores o en los octavos de final en una Sudamericana cada vez más diseñada para los del sur. Lo difícil es que hoy son muy pocos los refuerzos de peso que se han firmado en los equipos que nos van a representar. Como siempre Júnior, el más pudiente, parece conformarse mejor, mientras América, Santa Fe y Nacional no se mueven demasiado. Por ahí el Cali, que trae arquero uruguayo y repatrió a Marco Pérez, puede sacar algo de pecho, pero no nos digamos mentiras, ninguno está dando un salto de calidad para lo que tiene que enfrentar.

Con todo y esto que repasamos, fue tan malo el año pasado que este, así sea por inercia, tiene que ser mejor.

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