Por: Antonio Casale

Final unificada

El sábado se jugó por primera vez en la historia la final única de la Copa Libertadores. Siempre se disputó a partido de ida y vuelta y la mayoría de gente estaba escéptica en torno al resultado del experimento.

Los románticos extrañarán para siempre la anterior manera de definir al campeón. Ciertamente, los países de los equipos en cuestión podían disfrutar una parte del último sorbo. Pero el fútbol ha cambiado y el continente no puede ser ajeno a la evolución natural de las cosas.

Quedó demostrado que la final a un solo partido es más emocionante en cuanto a espectáculo se refiere. El juego es más dinámico, no hay lugar a especulaciones ni espacio para el miedo a perder. En este caso, River marcó diferencia temprano con un buen gol de Santos Borré, y Flamengo, sin desesperarse, lo buscó hasta que sobre el final encontró el premio gordo con dos goles de Gabriel Barbosa. No fueron muchas las opciones de los brasileños hasta el empate, pero el juego nunca careció de la intensidad típica de este lado del mundo. Si esto hubiera sido a ida y vuelta, seguramente Flamengo se hubiera dedicado a cuidar la corta desventaja de un gol y River en la vuelta se hubiera defendido a muerte. Aquí ninguno renunció a atacar. Les tocó apostarle al equilibrio sin renunciar a ir al frente.

Los románticos dirán que Conmebol convirtió esto en un negocio tras ver el show de Fito Páez, Yatra y compañía, así como los guardianes de Star Wars custodiando el trofeo antes del partido. Desde algún ángulo tienen razón, pero la verdad es que el fútbol es negocio desde hace muchos años. Ya era hora de gastarse unos dólares en un buen show previo al partido definitivo. La verdad es que fue emocionante, bien logrado y, lo más importante, consiguió hacer entender a las barras de los dos equipos que no se trataba de una guerra sino de un partido de fútbol.

Hablando de barras, fue lindo ver a los seguidores de los dos equipos en las graderías. El contraste con el nefasto show de hace un año en el Monumental antes del River vs. Boca en la final, rodeado de violencia, discriminación y criminalización de este deporte, fue evidente.

Falta ver si cuando jueguen la final dos equipos con menos resonancia en el continente el interés será el mismo en una ciudad neutra y si las tribunas se verán igual de llenas. Por ahora hay que decir que la Conmebol se atrevió a dar un paso adelante y lo logró. Así es que se deben ganar la credibilidad perdida hace mucho tiempo, demostrando grandeza. Lo del sábado encendió una luz de esperanza para el decadente pero amado fútbol suramericano.

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2019-11-25T06:00:00-05:00

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