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Aunque Alexis García estuvo dos años alejado de la dirección técnica, el entrenador chocoano mantuvo la inevitable cercanía con el fútbol, pues fueron muchos los partidos con los amigos, las conferencias, los cursos virtuales para mantener la costumbre de prepararse y las horas viendo juegos, analizando para sí mismo los encuentros de otros y haciendo suposiciones para entretenerse, para seguir activo lejos de la competencia.
Sin embargo, ya le hacía falta volver y, en este caso, volver tiene que ver con buscar las mismas cosas: emoción y adrenalina, sentir de nuevo nervios y ansiedad, dos sensaciones que conviven con el deporte de una manera natural. “Tenía muchas ganas de aplicar lo aprendido y de manejar un grupo, de ser activo”.
Alexis optó por llevar un bajo perfil, por hacer de la espera el camino correcto a la recompensa, y cuando las añoranzas y los recuerdos se volvieron más fuertes apareció la primera opción. “Había arreglado con Universidad Católica de Ecuador, todo estaba listo en materia económica, hasta me había pedido el pasaporte para llevar a cabo el papeleo. Pero al final llevaron otro técnico colombiano y ahí quedó todo. Independiente del Valle también me buscó antes del Mundial de Rusia, pero yo ya tenía un acuerdo con una cadena de televisión para ser comentarista durante el certamen”.
Pero la oportunidad vino de otro lado, no tan al sur. De un club en el que en los últimos años suelen arrasar una nómina para crear otra de la nada, salvaguardando uno que otro futbolista: Deportivo Pasto. “Si la política de una institución es esa puede llegar a ser peligroso. Pero yo creo que acá es diferente, acá es una cuestión de rendimiento, de un cambio drástico para una mejora sustancial. Eso permite pensar en una base y en un proceso, porque los procesos no nacen de la nada”, dice Alexis con respecto a la salida de 19 hombres del club nariñense, algo que, analizado a primeras, puede ser considerado un despropósito.
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“Mi vida necesitaba algo de tensión y olvidar un poco esa meditación constante. Por eso dije que sí, porque me gusta, porque me siento atraído por el reto”. A Alexis se le ve activo, corriendo de un lado a otro, parando el entrenamiento para explicarle a un central dónde debe ubicarse, implementando el método didáctico, reconociendo que el cuerpo tiene memoria y que cuando la cabeza falla los músculos pueden responder por simple impulso. Así es que ha llevado a su Pasto hasta la final de la Liga Águila.
“Es una época en la que no basta con explicar, es necesario demostrar. Es cierto que la idea es no intervenir para que el jugador razone y resuelva la situación, pero para eso hay que establecer unos fundamentos, dar herramientas”. Alexis habla con un tono plausible, mesurado, con franqueza, con conocimiento y seguridad. Y eso hace que sus palabras sean creíbles, que su manera de ver el fútbol sea sencilla, mas no simple. Y, lejos de ese objetivo que es no dejar olvidar nunca lo más importante en el juego, el balón, El Maestro dialoga, intercambia ideas, no permite que la conversación con unos de sus jugadores languidezca. Todo lo opuesto, motiva a que se extienda, a que el conocimiento y el aprendizaje sean mutuos.
“Les hablo de la ambición bien encaminada, como impulso para el crecimiento dentro de la cancha y fuera de ella. Eso ayuda a que uno pueda sacar más provecho de la persona, de sus cualidades, y logre metas”. El fracaso suele ser algo formativo, que ayuda a recaer en la coherencia, y por eso el DT de 58 años cree que el Deportivo Pasto, su Deportivo Pasto, está listo para asumir retos, para encaminar lo que el semestre pasado fue un total desorden, un club con poca identidad. “Durante estos días el grupo ha asimilado una forma de juego y eso es vital para poder seguir con el proceso que estamos construyendo. Todavía faltan algunos detalles, pero eso se dará con el tiempo, con los partidos”, añade.
En su tiempo libre, Alexis lee, lee mucho, a un ritmo que él mismo se ha establecido. De hecho, en lo que va de 2019 ya lleva tres libros y está por comenzar el cuarto. “Me gustó mucho uno que se llama El código de la cultura. Hace referencia al trabajo en equipo y eso me gusta. Intento aplicar conceptos y metodologías que salen allí”. Aunque todavía no está radicado en Pasto (este semestre su equipo jugará como local en Ipiales debido a la remodelación del estadio Libertad), sabe que vendrá un tiempo de estar solo y lejos de la familia, de extrañar a su mujer y a sus hijas, de vivir y soportarse a él mismo. “Por fortuna soy un tipo que la va bien consigo mismo. La relación entre Alexis y Alexis es muy buena y espero que siga así”, concluye, no sin antes confesar que su único miedo es llegar a sentir miedo algún día, pese a que no tenerlo también le preocupa.
*Texto publicado el 15 de enero de 2019