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Cuando Klopp llegó al Liverpool procedente del Borussia Dortmund, le presentaron entre otros a Ian Graham, Ph. D. en Física Teórica de la Universidad de Cambridge. Lejos de su campo de acción natural, Graham era entonces el director de investigaciones de la institución roja. Klopp, poco interesado en los datos entonces, lo encaró sin entusiasmo. Graham rompió el hielo hablando de aquel partido que su Borussia había perdido ante el Mainz 2-0.
Graham le comentó que el Borussia había creado más y mejores opciones, y que la derrota fue injusta. Klopp, cuenta ya la leyenda, se emocionó al saber que él había visto el partido. “Nunca debimos perder ese partido, lo viste”. Graham nunca vio ese partido. Su análisis era parte de la tarea que le había encomendado la institución cuando estaban en busca de entrenador. Implementó un modelo para evaluar al Borussia y encontró que, a pesar de que esa temporada finalizaron séptimos, debían haber terminado segundos. Las ocasiones de gol simplemente no entraron. Klopp quedó impresionado.
Yo no vi la final de América y Santa Fe, ni veré nada hasta la publicación de esta columna. Ni tampoco voy a hacer el análisis exhaustivo de Graham. Voy a hacer un simple ejercicio analizando el encuentro desde el punto de vista de los goles esperados, ese procedimiento estadístico que me permite determinar qué equipo debió ganar. Con base en los 26.708 disparos del fútbol profesional colombiano, puedo determinar la probabilidad de que cada disparo de la gran final terminase en gol.
La ilustración indica que tanto Santa Fe como América realizaron nueve disparos durante el partido. A pesar de los tres tantos del rojo caleño, Santa Fe mereció anotar 1,08 goles por 0,88 del local. El disparo para el primer tanto del América tenía una probabilidad de 3,74 % de ser gol. Era apenas el tercer disparo caleño del partido, y los dos primeros habían sido en los primeros minutos. La probabilidad de que el disparo que condujo al segundo gol inflara la malla era de 8,37 %. El tercero, en cambio, rozaba el 40 % de probabilidad.
Santa Fe no anotó goles. A pesar de disparar tantas veces como el América, siete de los nueve disparos que realizó tenían menos del 5 % de probabilidad de acabar en gol. En contraste, cuatro de los nueve disparos del América, tenían más del 5 % de probabilidad de ser gol. Santa Fe tuvo dos grandes oportunidades: la primera en el minuto 11, cuando el tipo de disparo realizado habría acabado en gol en el 46,35 % de las veces. La otra gran oportunidad llegó en el minuto 55 y en 3,6 de cada diez opciones ese tipo de disparo acabaría en gol.
Aunque América creó en agregado menos opciones, aprovechó su gran oportunidad y tuvo otras buenas acciones. Quizá la diferencia de tres goles parece demasiada, y Santa Fe debió haberse ido con al menos un gol en el bolsillo. ¿Cómo vio el partido?

