América de Cali, las enseñanzas de un descenso

Wilson Piedrahita, el DT que se fue a la B con el América en 2011, recuerda los errores que se cometieron y los que desea no se repitan en esta etapa final del año para que el cuadro escarlata no vuelva a perder la categoría.

Wilson Piedrahíta, cuando fue técnico del América de Cali en 2011. Detrás suyo, el futbolista Paulo César Arango. / Cortesía “El País”

Su tono de voz no es el de un santandereano común. El tiempo que vivió en España hizo que se modificara su manera de hablar y el acento golpeado de la gente de su tierra pasó a confundirse con la tonalidad de los españoles. En el país ibérico vivió 13 años. Llegó a Madrid después de una corta carrera como futbolista en el Atlético Bucaramanga. Sin muchas opciones laborales, Wilson Piedrahíta se vio obligado a trabajar de albañil y todero. Así sobrevivió hasta que pudo comenzar a involucrarse en su mundo, el futbolístico. Se vinculó como uno de los entrenadores de las inferiores del Torrejón, un equipo de la Comunidad de Madrid. Alternó esta labor con el arbitraje. Incluso llegó a ser juez de línea en partidos de la segunda división de España. Con los recursos de su trabajo se pagó cursos de entrenador en Europa y consiguió la licencia de la UEFA para poder dirigir cualquier equipo. Su trayectoria llamó la atención del América de Cali, que lo invitó para trabajar en sus menores en 2010.

El descenso del equipo profesional se veía venir. Los resultados de Álvaro Aponte como entrenador eran malos y con la intención de corregir el camino a la B, los directivos escarlatas le dieron la confianza a Piedrahíta. El 6 de septiembre de 2011 dirigió su primer partido, ante Envigado en el estadio Polideportivo Sur. Empató 1-1. A la siguiente semana se estrenó en el estadio Pascual Guerrero y le ganó 2-1 a Itagüi. Más adelante perdió dos juegos y luego siguió un invicto de cinco partidos.

Las cosas iban tan bien que se pasó de la preocupación por perder la categoría a la ilusión de ganar una nueva estrella. América venció 4-1 al Tolima en la última fecha, se dieron otros seis resultados y terminó clasificando a los cuartos de final. “Este fue el primer error que hoy reconozco. En vez de apostar a luchar por el título, debimos centrarnos en el objetivo del partido de la promoción ante Patriotas”, le dijo a El Espectador este santandereano de 48 años.

En ese momento pensó primero en el Once Caldas que en Patriotas y para esa fase de la Liga puso a sus mejores hombres. Empató 0-0 en Cali y perdió 2-0 en Manizales. Y lo peor no fue quedar eliminados, sino que por lesión o sanción, “nueve titulares se perdieron el primer partido ante Patriotas”, recuerda Piedrahíta. En la ida igualaron 1-1. Para el juego definitivo en el Pascual Guerrero recuperó a dos de los titulares que no habían actuado, pero eso no sirvió de mucho. El resultado final fue un nuevo empate 1-1 y el descenso se definió por penaltis.

“Los días previos a ese juego fueron tenebrosos. La presión para el cuerpo técnico y los jugadores era muy fuerte. En la calle me insultaban, me pitaban, iba gente hasta mi casa a presionar y lanzar insultos. Es jodido, porque con ese ambiente había que convencer al futbolista de que era capaz y que no había que creer en lo que decía la gente”, rememora Wilson.

Ahora, casi seis años después de haberse ido a la B con el América, este santandereano cree que lo más importante que debe hacer el técnico Jorge Polilla Da Silva es aislar a los futbolistas del ambiente tenso y convencerlos que todo depende de lo que ellos hagan en la cancha. “En ese momento eran sólo dos partidos y ya. En esta oportunidad faltan cinco y es más factible salir de esa posición incómoda. No podemos tropezar ante Patriotas, eso será clave”, afirma desde Nueva York este entrenador, que está terminando un diplomado en medicina deportiva y recuperación de lesiones y quien está organizando la sede de la escuela colombiana Cantares FC en Miami.

La parte mental es fundamental en el fútbol y en Colombia los jugadores tienen falencias en esta área. Muchos partidos claves se pierden sólo porque no son capaces de responder en esos momentos de presión. “En mi época, en el América había unos que no sabían ni leer ni escribir. Creo que eso influye. Es un tema al que hay que ponerle más atención. Desde la base hay que incentivar a los niños a que lean, escriban y se interesen por el mundo académico. El fútbol desde hace muchísimos años dejó de ser un juego de once contra once pegándole a un balón”, afirma.

Otro factor que destaca es que en 2011 había algunos futbolistas indisciplinados que salían de entrenar a tomar trago y en momentos en los que había que estar concentrados por un objetivo “se iban de fiesta y no respetaban la profesión”, recuerda. “Creo que Polilla debe tener mano firme para que los futbolistas que tienden a ser vagos e irresponsables entiendan la importancia de lo que se están jugando y no vayan a cometer errores con sus vidas en estos momentos”.

Los cinco juegos que le restan al América para salvarse del descenso son: Patriotas en casa, el clásico ante el Deportivo Cali, Independiente Medellín en el Pascual Guerrero, Santa Fe en Bogotá y Bucaramanga en condición de local. “En estos momentos la lucha es contra uno mismo. En cada uno de estos partidos no está en juego sólo la permanencia, sino el futuro de las familias de los muchachos. Como seguidor del América, creo que se puede”.