César Farías, de 52 años, cruzará miradas con un club al que dirigió no hace mucho, pero del que salió por la puerta trasera. Este miércoles, al frente de Junior, vuelve al Pascual Guerrero con cuentas pendientes.
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El técnico venezolano nació el 7 de marzo de 1973 en Güiria, en el estado Sucre, Venezuela. Siendo apenas un niño su familia se trasladó a Nueva York para tratar la leucemia de su hermana menor. Aquella etapa marcó profundamente su vida. Tras la muerte de Ana el deporte se convirtió en refugio y luego en propósito. Su padre lo empujó a competir, a entrenar, a enfocarse.
De vuelta en Venezuela, creció entre Caracas, Güiria y Cumaná. Fue campeón juvenil y llegó al profesionalismo con Monagas SC; sin embargo, pronto entendió que su rol real estaba fuera de la cancha.
Colgó los guayos en 1992 y se dedicó a formarse como entrenador. Hizo cursos en Europa y Suramérica, estudió, trabajó y forjó carácter. Su carrera como DT ha sido larga, incluyendo pasos por selecciones nacionales y clubes en Ecuador, Bolivia, México, Chile, Venezuela y Colombia, entre otros países. En su palmarés cuenta con dos campeonatos locales: uno con The Strongest en Bolivia en 2016 y con Aucas de Ecuador, en 2022.
La carrera de César Farías no solo ha estado marcada por sus logros como entrenador. Su fuerte temperamento lo ha hecho protagonista en varios episodios polémicos a lo largo de los años.
En 2011, durante la Copa América en Argentina, tuvo un cruce con Neymar en los túneles del estadio tras molestarse porque el brasileño no detuvo el juego cuando un rival estaba en el suelo. Un roce que casi termina en golpes. En 2014, ya en México como técnico de Xolos de Tijuana, se fue a los empujones con un asistente de Cruz Azul después de quedar eliminado en la Concachampions.
En 2016, al frente de The Strongest, en Bolivia, le dio un puñetazo a un dirigente de Oriente Petrolero, luego de recibir —según él— un insulto xenófobo. Fue suspendido por dos años, aunque la sanción fue levantada.
Su episodio más reciente fue en 2023, en Ecuador. Cuando dirigía a Aucas, golpeó a dos jugadores de Delfín en pleno partido y recibió una suspensión de 14 meses en competiciones locales. Pidió disculpas públicas y explicó que actuó en defensa propia tras un supuesto golpe previo.
Tras tres décadas en los banquillos, Farías aterrizó en Colombia para el segundo semestre de 2023. Se hizo cargo de Águilas Doradas y dejó una huella inmediata: invicto en la fase regular, 44 puntos, 12 triunfos y ocho empates. Aunque no logró avanzar a la final, sí clasificó al equipo a la fase previa de la Copa Libertadores. Fueron 26 partidos con un notable rendimiento. Pese a eso, sorprendió al renunciar poco después. Tenía la mira puesta en el fútbol peruano, pero el destino lo redirigió.
Farías asumió como técnico del América en enero de 2024 con la promesa de un proyecto ambicioso. Duró apenas cinco meses. Dirigió 19 partidos: ganó seis, empató siete y perdió seis. El equipo fue eliminado tempranamente en Copa Sudamericana por Alianza FC y no logró meterse entre los ocho de la Liga.
Más allá de los números, su salida estuvo rodeada de versiones sobre mal ambiente interno, roces con los cuerpos técnicos de divisiones menores e incluso acusaciones de actitudes agresivas. Farías negó en medios cualquier mala conducta y atribuyó la decisión a la falta de resultados, no a conflictos personales.
La segunda oportunidad en Barranquilla
En Barranquilla la expectativa es alta. La temprana eliminación de la Copa Sudamericana dejó una sola ruta clara: ir con todo por la Liga. Junior cerró la fase regular del campeonato con dos triunfos claves que lo ubicaron en la tercera posición, a un suspiro de ser cabeza de grupo.
Con César Farías al mando, el “tiburón” mezcla jerarquía y proyección. Figuras como Yimmi Chará, Carlos Bacca y Teófilo Gutiérrez aportan experiencia y liderazgo, mientras que jóvenes como José Enamorado y Jordan Barrera inyectan energía y desequilibrio. El equipo ha encontrado una identidad en medio del recambio.
En el arranque de los cuadrangulares empató 1-1 con Tolima en casa. Aunque el resultado supo a poco, el rendimiento en la segunda parte dejó sensaciones positivas. Para el cuerpo técnico fue un partido que merecieron ganar. Las opciones se crearon, pero faltó contundencia.
Ahora, frente a América, el enfoque es claro. El rival llega con bajas importantes por convocatorias y lesiones, mientras que Junior lo hace con casi toda su plantilla disponible, salvo por las ausencias de Harold Rivera y el portero uruguayo Santiago Mele.
Farías ha sido prudente en su discurso, pero sabe que este puede ser un punto de quiebre. Vuelve al Pascual con un equipo maduro, con variantes y con la necesidad de sumar para no quedarse rezagado en un grupo exigente. Sin revanchas declaradas, pero con una motivación que habla sola.
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