Ángelo Rodríguez, embajador de San Andrés

El delantero del Tolima, que jugará este miércoles el partido de ida de la semifinal de la Liga Águila contra Santa Fe, tiene una escuela de fútbol en Medellín a la que van jóvenes futbolistas de la isla que sueñan con llegar al profesionalismo.

Ángelo Rodríguez, delantero del Deportes Tolima. / Cortesía “Diario Nuevo Día”

Ser futbolista en San Andrés no era el sueño de muchos. En esta isla, el béisbol y el baloncesto ocupaban un lugar especial en el gusto deportivo de los niños. En los colegios, en los tiempos libres, no era común ver jóvenes corriendo detrás de una pelota de fútbol, sino poniendo piedras en el piso para simular un diamante de béisbol o jugando a lanzar balones a canecas medio llenas de basura. Los hermanos Rodríguez, Ángelo y Arley, motivados por su padre, eran diferentes a los demás. Amaban el fútbol. Desde pequeños acompañaban al estadio de la isla a su papá para que él jugara partidos recreativos.

Un día, a ese lugar, llegó Ismael Grau, de la escuela Once de Enero, quien vio a los pequeños pateando balones y los invitó a entrenar. Desde entonces, cada fin de semana, llegaban los Rodríguez con la motivación de cumplir el sueño que nunca hizo realidad su padre: ser futbolista profesional.

Eran muy pequeños para elegir lo que querían en un futuro, pero siempre tuvieron la guía de un padre que no los dejó desviar. De hecho, Ángelo recuerda que una vez su papá se dio cuenta que ellos estaban jugando béisbol y baloncesto en lugar de fútbol y les advirtió que debían seguir firmes con su único objetivo.

En la escuela Once de Enero, Ángelo comenzó a marcar grandes diferencias, tanto que se ganó el derecho a ser convocado al primer equipo que representó a la isla en un Pony Fútbol, en Medellín. En aquel campeonato fue el goleador y descrestó con su juego. Con sólo 11 años dejó de vivir con su hermano y sus padres en San Andrés y fue a vivir a la capital antioqueña.

Llegó a una casa hogar, de la escuela Belén San Bernardo. Siendo niño le tocó volverse adulto y responsable. Sin la guía de nadie, debía levantarse temprano, ir a estudiar, regresar a la casa a almorzar, ir a entrenar, volver a comer y acostarse a dormir para repetir esa rutina una y otra vez.

Afortunadamente, deportivamente le fue bien. Así que cuando cambió de escuela y pasó a jugar con Piscimol Los Molinos, exigió que trajeran a su hermano Arley de San Andrés. Él con 15 años y su hermano con 11 comenzaron a hacer una carrera prestigiosa en la Liga de Antioquia. Los isleños pasaron a ser referentes. Sus gambetas y goles eran temas de conversación de los diferentes entrenadores. En muchos torneos fueron figuras y por eso Atlético Nacional se fijó en ellos. Primero en Ángelo y después en Arley.

Ambos lograron ser profesionales. Los dos lo hicieron con Atlético Nacional. Rompieron el paradigma de que los futbolistas de la isla no tienen oportunidades y se unieron a los nombres de Fabián Barbosa, Oswaldo Santoya, Antonio Saams y Tommy Tobar, quienes también consiguieron en su momento jugar como profesionales en Colombia, siendo de San Andrés.

La escuela de Ángelo

Luego de siete años de carrera profesional, en los que ha jugado en ocho clubes en Colombia, Ángelo se puso a la tarea de abrirles las puertas del profesionalismo a futbolistas de San Andrés. Junto a su amigo Inderin Mendoza creó en Medellín una escuela de fútbol a la que traen a los mejores futbolistas de la isla para hacer un proceso de formación similar al de él y su hermano Arley. “Ya hemos jugado varios torneos acá y hemos tenido muy buenos resultados. Esperamos que en unos años sean muchos los futbolistas de San Andrés en la Liga colombiana”, destacó un emocionado Ángelo, quien actualmente es uno de los referentes del Deportes Tolima. Su hermano, por su parte, integra la nómina de Atlético Nacional. “Creo que lo que siempre ha hecho falta en San Andrés son oportunidades. De hecho, mi papá quiso ser futbolista, pero no pudo porque no encontró la manera de mostrarse y que lo vieran en Bogotá o Antioquia. Estamos rompiendo ese mal en la isla y sirviendo de puente para que vengan a aportar su talento al país. Hoy en día, si vas a un colegio no es como antes. Ahora muchos juegan fútbol y sueñan con ser como los grandes referentes del país”, afirma Ángelo, quien tiene dos hijos (uno de cuatro y uno de un año) y a quienes espera inculcarles el amor por el fútbol, tal como lo hizo su padre con él y su hermano.

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