18 May 2021 - 1:00 a. m.

¡Dejen al fútbol en paz!

Antonio Casale

Columnista

Los que tienen el poder y los que lo quieren tener le sacan provecho al fútbol porque saben que como fenómeno social, tan poderoso como indefenso, es ideal para utilizarlo como instrumento en la búsqueda de sus objetivos. El Gobierno insiste en hacer la Copa América para poner un elemento distractor ante la situación y generar una sensación de tranquilidad inexistente. En la otra esquina, quienes ejecutaron los disturbios en los partidos de Barranquilla de la semana pasada lo hicieron de manera premeditada para que el mundo viera un caos que solamente favorece a los pocos que de manera violenta quieren desviar la atención de la protesta pacífica y justificada. En ese escenario, los directivos del fútbol pescan en río revuelto. Quieren aprovechar para quedar bien con el Gobierno, por eso hacen la respectiva gestión para que no nos quiten la Copa en la Conmebol, y ganarse así una inmunidad que en estos momentos necesitan (escándalos por boletería, la desaparición del Cúcuta Deportivo, la no apertura de la Primera C o los permanentes incumplimientos a los futbolistas en distintos equipos solo se pueden contener con inmunidad).

Pero esto no es de ahora ni de acá. Los mundiales de Sudáfrica, Brasil y Rusia, por citar solo algunos, se jugaron bajo protestas sociales en sus respectivos países. Hay factores comunes en todos los casos. “No nos podemos dejar amedrentar de los violentos”, dicen los gobiernos, mientras del otro lado se oyen cosas como “hay asuntos más importantes que solucionar” o “el fútbol, como deporte del pueblo, tiene que solidarizarse”, afirman los que quieren subir al poder. Los dos bandos patean el balón a su antojo como un elemento poderoso para alimentar sus discursos populistas.

Lo cierto es que los futbolistas colombianos no pidieron que se suspenda el campeonato porque son comunistas o sindicalistas o huelguistas. Es que está demostrado que por estos días no hay condiciones de seguridad para trabajar. Así de sencillo, sin ideas de por medio. La Copa América no se debe jugar en Colombia. Primero porque la pandemia en nuestro país es incontrolable y hacerla acá sería promover tácitamente las aglomeraciones en lugares públicos, así como las reuniones en lugares cerrados, principales focos de contagio. Segundo porque la semana pasada se demostró que la posibilidad de jugarla bajo gases lacrimógenos y bombas aturdidoras es alta. Esto expone a todas las personas que tienen que ver con el espectáculo.

Lo que nadie ha hecho, ni hará, y debería, es entender al fútbol como un deporte que representa una bella escala de valores sobre la cual nos podemos mirar para comenzar a reconstruirnos. Disciplina, trabajo en equipo, sacrificio, oportunidades para todos sin distingo de raza o clase social y simpleza. Todo eso se necesita para sacar adelante a un equipo y Colombia es un equipo al que pertenecemos todos. Deberíamos comenzar por no manchar la pelota más de lo que está.

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