¡Torneo largo ya!

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Una vez más la definición de la liga local se cruza con la fase de grupos de la Libertadores y la Suramericana. Por la pandemia, el cruce es más pesado que nunca, porque las seis fechas de esta fase se disputan durante seis semanas, las mismas de nuestras finales. Los equipos que representan a Colombia internacionalmente (casi siempre son los mismos) no pueden hacer nada para cambiar el calendario de Conmebol, pero podrían hacer todo para hacerlo con el fixture local. Desde 2019 se decidió que tanto la Libertadores como la Suramericana se jugaran en formato de un año, en una clara invitación a las distintas federaciones para hacer lo mismo con sus ligas. Argentina está adecuando hace un par de años de manera paulatina su formato. Brasil lo tiene hace muchos años, pues el Brasileirão, que es el máximo torneo profesional allá, se juega entre abril y diciembre. Las potencias del área lo hacen y las brechas se agrandan cada vez más con los otros. Es verdad que no es el único factor que incide en este hecho, pero es precisamente a los países con ligas que cuentan con menor presupuesto a las que les conviene más adaptar el calendario internacional.

Por un lado, ante la imposibilidad de conformar nóminas numerosas en cuanto a calidad, nada más beneficioso que no cruzar en instancias definitivas los dos torneos. Alguno dirá que en Europa es igual. Pero el desgaste físico en Suramérica es más grande, porque los desplazamientos son más lagos y tortuosos que allá. Además, allá la planificación de los entrenadores es homogénea. Los que tienen aspiraciones de pelearlo todo, trabajan durante el año entero para llegar en curva alta de rendimiento a abril y mayo. Aquí es imposible, porque las finales de la liga coinciden con la fase de grupos de los torneos continentales. En consecuencia se ven obligados a presentar nóminas mixtas, por lesiones o por dosificarse, en alguno de los dos frentes.

Un torneo largo brinda la posibilidad de armar verdaderos proyectos. ‘Bolillo’ Gómez habla de un mínimo de un año de trabajo para poder implementar una idea consistente y razón no le falta. Esto les brindaría la posibilidad a los equipos de tener curvas bajas de resultados, sabiendo que tendrían tiempo para recuperarse a través de una manera de jugar y no de una forma de reaccionar. Esto lograría que los mejores fueran más competitivos, además de tener un nivel más alto para después salir a obtener mejores dividendos en los torneos continentales en los que, dicho sea de paso, es urgente mejorar.

Los directivos dirán que un torneo largo no sería atractivo para la gente. Eso no es verdad. Mientras en la punta se tengan varios equipos peleando por títulos, cupos a torneos internacionales y dos o tres descensos directos, la emoción estará asegurada todo el año. Basta con mirar lo emocionante que está la liga española, con cuatro equipos peleando título a pocas fechas del final, o la italiana, con cinco clubes aspirando ir a la Champions. Es hora de dejar el cortoplacismo en todos los sentidos.

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