De contratos y pobreza futbolística

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Hace años, el dueño de un equipo de fútbol de la primera división en Colombia me comentaba los problemas que tenían por no poder hacer contratos a término fijo por más de tres años. Discutiendo sobre la pobreza de nuestro torneo en redes sociales, esta semana se me vino aquella conversación a la cabeza.

El problema del fútbol, por supuesto, va más allá del tipo de contrato. Hay una pobreza endémica. La mitad de los equipos carecen de afición y, cómo no, el espectáculo que se ofrece es cada vez más pobre. En este sentido, pareciera que nos cuesta asimilar que estamos compitiendo en un contexto de globalización.

Ello implica que nuestra materia prima ya no está “reservada” para los grandes clubes locales, sino que competimos contra los de Brasil, Argentina, la MLS, el fútbol mexicano y, por supuesto, el europeo.

Por este último debe entenderse toda la UEFA, no solo los gigantes cuyos nombres todos conocemos. Una joven promesa se irá convencido por su agente de que jugar en la liga de Chipre, Malta o similares es estar un paso más cerca de la Premier League.

Tal escenario debería obligarnos a adaptarnos. En Europa cuando una joven promesa llega a un equipo, le firman cuatro o cinco temporadas. James, por ejemplo, firmó cinco años con el Real Madrid a los 22 años. En 2010, cuando llegó al Porto, firmó por cuatro años. En 2013 se había ido al Mónaco, a cambio de una jugosa transferencia, también firmando cinco años. No es solo James. Cinco años firmó Neymar al llegar al PSG. Ansu Fati tiene contrato, en la práctica, hasta 2024.

La firma de cuatro o cinco años es clave para poder amortizar y retener si es necesario a los jugadores de fútbol. Si el objetivo del fútbol colombiano fuera potenciar el rendimiento deportivo, que a la larga termina potenciando las finanzas, es fundamental contar con los futbolistas de nivel, imposible con contratos máximos de tres años.

Si un futbolista rinde el primer año, el equipo se ve obligado a venderlo en el segundo. Aguantar al tercero es arriesgar a que el jugador se vaya sin contraprestación.

Contratos mayores a tres años benefician a los jugadores, al garantizar unos ingresos por un mayor período, al tiempo que implica un riesgo potencial para los clubes. Pero con pros y contras, a la larga se puede terminar potenciando el nivel del torneo.

Nadie, en su sano juicio, se va a negar a vender a un futbolista del torneo local a un Barcelona o una Juventus. Pero ese no es el destino de los futbolistas locales. En aras de impulsar la calidad de torneo, reteniendo aquellos futbolistas de nivel que se van a ligas o equipos secundarios, debería existir una excepción en la ley para que el deporte profesional pudiese firmar contratos con una duración superior a los tres años. Es uno de los múltiples pasos necesarios para impulsar el interés por nuestro torneo.

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