“Checho” Angulo: Dios, familia y fútbol

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La historia de un hombre que comía sobras de alimentos cuando niño y luego cumplió el sueño de jugar con su amado Deportivo Cali, que este sábado (5:30 p.m., Win) visita a La Equidad en el duelo de ida de los cuartos de final de la Liga BetPlay.

Sobras de comida. Ese fue el alimento, en muchas ocasiones durante su niñez, de Sergio Angulo. Junto a su hermano Aldemar, esperaban a que doña Rosa volviera al barrio Marco Fidel Suárez, de Cali, luego de vender sus obras culinarias siete cuadras más allá. Los pequeños aguardaban con ansiedad el atardecer, era la señal para ir en busca de esas bolsas pequeñas donde se encontraba la carne, el pollo, las lentejas o los fríjoles que les darían energía para continuar en las batallas de su existencia.

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“Hoy lo recuerdo con mucha gratitud, porque esas experiencias nos sirvieron para entender que es mejor comerse las cositas que se consiguen honestamente”, dijo en diálogo con El Espectador el Checho Angulo, quien arribó a la capital vallecaucana con apenas dos años de edad. Había nacido en Ibagué debido a que su padre, el panameño Eulalio Angulo, consiguió un trabajo allí gracias a su profesión de chef.

En el humilde barrio de Cali en el que creció criado por su madre, María de Jesús Bolaños, Sergio conoció su más preciado juguete. Con la pelota, todo eran emociones felices, a pesar de la fractura del codo izquierdo que sufrió en un picado, a los siete años de edad, cuando cuatro niños del equipo rival le cayeron encima.

Siempre fue centro delantero. El gol, su amor. Con él como bandera, ingresó a las divisiones menores del Deportivo Cali, club al que ama por la formación que le brindó como futbolista y ser humano. El dirigente Humberto Palacios, a quien califica de “mi segundo padre”, lo ayudó en la reconstrucción de su humilde vivienda en Marco Fidel Suárez, y Julián Sinisterra lo acogió en su casa para enseñarle buenos modales y la importancia del orden. No se olvida de Álex Gorayeb, el directivo más importante en la historia del club verdiblanco.

En la memoria de Angulo también reposa en una silla especial Eduardo Luján Manera, el técnico argentino que lo hizo debutar el 27 de abril de 1979 en un partido contra el Deportes Quindío y le dio la confianza para patear un penalti ante Millonarios en 1980 y desatar su primera celebración. “Me dio la responsabilidad de cobrar ese día, y no le fallé”, recordó el hombre que conserva una foto de 1974, cuando, siendo recogebolas, sale atrás del equipo del Cali que fue campeón ese año: Zape, Contreras, Calero, Caicedo, Cardacci, Castro, Arboleda, Da Graca, Del Puerto, Colman y Torres.

Luego de un breve paso por el Cúcuta Deportivo, el Checho volvió al Cali y compartió con una de las mejores duplas de todos los tiempos en el fútbol colombiano: Valderrama-Redín. “Nacieron para jugar juntos y entenderse. Era impresionante como lo hacían con solo mirarse. A los demás nos tocaba descifrarlos. Redín era un jugador de gambeta corta y gran pasegol, aunque en ese rubro Valderrama era superior porque tenía una inteligencia exorbitante: antes de llegarle la pelota ya sabía lo que iba a hacer y además tenía mucho temperamento y jerarquía. Aproveché esa magia y me tocaba encarar a los rivales que querían pegarles patadas”.

(Los recuerdos de Arturo Segovia)

Esa magia también la disfrutó Angulo en la selección de Colombia, en la que fue dirigido por Francisco Maturana, uno de los mejores entrenadores que tuvo en su carrera, con quien fue campeón en 1992 con América, club con el que ganó el rentado colombiano en 1990 con otro de los estrategas que recuerda: Gabriel Ochoa Uribe. “Además se me viene a la mente Vladimir Popovic, quien nos enseñó algo que me quedó marcado y es en referencia a las tres cosas más importantes en la vida: Dios, familia y fútbol”.

Después de anotar 52 tantos con la camiseta del Deportivo Cali (48 locales y cuatro en Copa Libertadores), club en el ocupa la posición 18 en la tabla de los goleadores históricos, Sergio se retiró en 1998 con Univalle, un equipo que por entonces militaba en la segunda división del balompié nacional. “A la semana ya me hacía falta, porque el fútbol llegó a mi vida desde que tengo uso de razón y sigue vigente ahora que tengo sesenta años”, expresó el actual entrenador del equipo sub-17 del cuadro azucarero.

El Checho Angulo se ha preparado para ser director técnico y está recorriendo el sendero que lo lleve en algún momento a ser entrenador del primer equipo, del cual ya ha sido estratega encargado. Hoy en día le pide a Dios que llegue rápido la vacuna contra el COVID-19, porque el trabajo se ha visto afectado a magnitudes enormes a causa de la pandemia, la cual no le ha impedido leer a Walter Riso y Robin Sharma, compartir con su familia, disfrutar de los sancochos y la salsa antigua, y observar a la selección de Queiroz, en la cual todavía confía. “Lo de Ecuador fue duro, pero no hay duda de que Colombia es mucho más de lo que mostró. Esperemos que se recobre el juego con estos futbolistas que militan en Europa y que pongan más carácter. El camino se va a enderezar”.

Al protagonista de esta historia, cuyo ídolo es Jorge Enrique Ramírez Gallego (máximo anotador en la historia del Cali), le gustaría decirle a su padre que lo extraña, que lamenta que, a causa de una pérdida de la visión, solo haya podido escuchar sus goles y no verlos. Que aunque en la actualidad se alimenta bien, no ha abandonado la humildad de la niñez.

@SebasArenas10

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