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El millonario negocio de los derechos de televisión que cambiará el futuro del FPC

Mientras el campeonato local se alista para las finales, en la Dimayor, tras bambalinas, se estudia el acuerdo que definirá el rumbo del balompié en el país.

Fernando Camilo Garzón

21 de mayo de 2025 - 10:02 a. m.
La transmisión del fútbol colombiano está en fase de negociaciones para los próximos años.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada
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Mientras la Liga está en vilo por saber quiénes disputarán la estrella de este semestre, en las oficinas de la Dimayor se juega otro partido, quizás más decisivo: la negociación por los derechos de transmisión del Fútbol Profesional Colombiano. Aunque el contrato vigente va hasta diciembre de 2026, varios interesados ya han expresado su intención de entrar en la puja, que se abrirá en la mitad del año entrante.

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Las cartas, por ahora, se juegan en silencio. Lo que está en disputa es mucho más que la señal en vivo de los partidos: se trata del modelo económico que sostendrá a los clubes en los tiempos venideros.

Este acuerdo será determinante para el futuro inmediato del fútbol colombiano. Aunque sus efectos podrían extenderse por años, las decisiones que se tomen en los próximos meses marcarán la viabilidad financiera de los equipos, la calidad del espectáculo y hasta el acceso que tendrán los hinchas a los partidos. En un escenario de crisis para algunos clubes y bonanza para otros, el negocio de la televisión se ha convertido en el eje sobre el que gira buena parte del ecosistema del FPC.

Los hinchas de Millonarios en el Estadio El Campín.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada

Para entender la magnitud de lo que está en juego, conviene revisar algunos puntos clave: ¿cómo se reparte hoy el negocio de los derechos de televisión, y qué ocurrió en la última negociación de 2019? ¿Quiénes fueron los arquitectos del modelo actual? ¿Cómo afecta esto la competitividad del torneo y por qué es una pelea constante entre los equipos grandes y los llamados “chicos”? Sobre todo, ¿qué otros intereses se esconden detrás de este negocio que, aunque pocos ven, lo condiciona todo?

Así se construyó el modelo de la transmisión en el FPC

Desde 2012, el fútbol profesional colombiano se transmite bajo un modelo centralizado en Win Sports, canal que adquirió los derechos de televisión de la Dimayor. Inicialmente, el contrato estaba previsto hasta 2019, pero ese año fue renovado y dio paso al lanzamiento del canal premium Win Sports+, una apuesta por monetizar el fútbol a través de contenido exclusivo.

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Ese modelo, que sigue vigente hasta hoy, contempla un pago anual cercano a los USD$ 50 millones, que corresponde al 60 % de las utilidades que genera la transmisión del fútbol nacional, mientras que el resto, el 40 %, se va a costos de producción, según ha detallado Andrea Guerrero, presidenta del canal.

La repartición entre los 36 clubes se hace con base en una lógica de categorías: 25 equipos de Categoría A (históricos o con más de tres años en primera) reciben USD $ 1,25 millones al año, mientras que 11 de Categoría B (con menor permanencia) obtienen alrededor de USD $ 700 mil. A diferencia de otros países de la región, donde se ponderan variables como audiencia o rendimiento deportivo, en Colombia prima un modelo igualitario dentro de cada categoría.

La estructura actual es el resultado de una historia que empezó a definirse en 2006, cuando Claro (entonces Telmex), Une y la Dimayor firmaron un contrato para explotar los derechos del FPC hasta 2011.

En ese momento apareció Mauricio Correa, un nombre vinculado a los medios y a la dirigencia del fútbol, que resultaría clave en la transformación del negocio. Hijo del exdirigente Jorge Correa Pastrana, vio una oportunidad mayor y en 2012 le propuso a RCN la creación de un canal exclusivo de deportes.

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Así nació Win Sports, en copropiedad con DirecTV, que más adelante sería adquirida por AT&T y por el Grupo Werthein. En 2021, con ese cambio de manos, el canal pasó a ser operado por la productora argentina Torneos y Competencias, también propiedad del emporio estadounidense, que pasó a ser la responsable, además, de la señal del VAR y de la producción televisiva en Colombia.

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Detrás de esa operación está Mediapro, la firma que hoy dirige el propio Correa. Actualmente, Win Sports es propiedad compartida en partes iguales entre RCN Televisión y el conglomerado argentino.

Fue Mauricio Correa quien ideó, como si fuera poco, la creación del canal premium como respuesta a las pérdidas que acumulaba Win Sports. Según explicó en su momento Jaime Parada, entonces presidente del canal, el lanzamiento de Win Sports+ obedecía a la necesidad urgente de encontrar un modelo de financiamiento sostenible para el fútbol colombiano.

El nuevo canal, con programación 24/7 y énfasis en transmisiones en vivo —incluido, en ocasiones, el fútbol femenino, así como otros deportes—, se concibió como una apuesta rentable: la Dimayor pasó de recibir apenas USD $ 1,5 millones en 2011 a cerca de USD $ 28 millones en 2019. Incluso se proyectaban ingresos de hasta USD $72 millones si se lograba una penetración del 33 % de suscriptores a nivel nacional.

Aunque esa meta nunca se cumplió, el negocio logró estabilizarse y hoy permite ingresos cercanos a los USD $ 50 millones anuales, base del modelo que ahora volverá a entrar en discusión.

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2019: las negociaciones fallidas y el aislamiento del fútbol colombiano

La discusión sobre los derechos de televisión no es nueva. En 2019, cuando el modelo ya estaba en marcha con Win Sports y se iba a acabar el contrato, varios oferentes se acercaron a la Dimayor con propuestas para cambiar el rumbo. Sin embargo, fue entonces cuando se consolidó la idea de crear un canal premium.

La Dimayor, en asamblea, optó por un sistema en el que los hinchas debían pagar para acceder a los mejores partidos y eventos del FPC. Para ello, se realizó una suerte de licitación con la participación de cadenas como Fox Sports, ESPN, Caracol Televisión y GolTV, pero la decisión final favoreció a Win Sports, que ya tenía el canal básico.

Aunque el nuevo modelo logró mejorar los ingresos para los clubes, al darles un flujo de ingresos estables y anuales, también aisló al fútbol colombiano del gran público.

Hinchas de Millonarios protestan contra el canal Win Sports.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada

La privatización del acceso a los partidos más atractivos convirtió al FPC en un producto de difícil alcance para muchos hinchas. El costo del servicio, sumado a críticas constantes por la calidad de las transmisiones y la limitada oferta de contenidos, terminó alejando a una parte de la audiencia y profundizó la percepción de que el fútbol dejó de ser un bien común para convertirse en un negocio completamente cerrado.

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La escala global de los derechos de televisión: una revolución de ingresos en el fútbol

Cuando el negocio del canal exclusivo nació en la década de 2010, fue una revolución para el fútbol colombiano. Hasta entonces, la mayoría de los clubes sobrevivían en un panorama precario, con ingresos limitados y estructuras frágiles. La negociación de los derechos de transmisión trajo una inyección económica que permitió estabilizar las finanzas de muchos equipos. Durante algunos años, ese modelo fue visto como una solución efectiva para sostener al sistema.

El problema es que el modelo se quedó obsoleto. Por un lado, la escalada internacional del negocio pay per view (pagar por ver) transformó los derechos de televisión en un motor de riqueza para muchas ligas. Por otro lado, la forma de repartir el dinero —basada en una lógica equitativa entre clubes grandes y pequeños— no solo desincentiva la competitividad, sino que refleja las tensiones políticas internas de la Dimayor.

En el escenario global, el negocio explotó. La Premier League, por ejemplo, reparte más de USD $ 3.400 millones al año. Cada equipo recibe una base cercana a los USD $ 120 millones, a los que se suman incentivos por rendimiento y exposición mediática. Solo un equipo de Inglaterra obtiene, por sí solo, casi el triple de todo el contrato que mueve el fútbol profesional colombiano. En España, LaLiga distribuye USD$ 1.620 millones anuales: 50 % igual para todos, 25 % según resultados y 25 % por impacto social.

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En Brasil, el modelo centralizado impulsado por Sports Media aumentó los ingresos en un 75 %, alcanzando USD$ 500 millones, con el respaldo de plataformas como Amazon y YouTube. En México, aunque la Liga MX permite la negociación individual de derechos, está considerando una venta unificada que podría pasar de USD$ 300 millones a USD$ 1.200 millones anuales.

Mientras tanto, Colombia sigue anclada a un sistema igualitario. No importa cuántos televisores enciendan equipos como Millonarios, Nacional o América, todos reciben lo mismo que clubes con menor impacto.

Edwin Cardona de Atlético Nacional, Falcao García de Millonarios y Juan Fernando Quintero de América de Cali.
Foto: Nacional / Millonarios / América de Cali

Este modelo ha sido fuertemente cuestionado por los clubes grandes, como Junior y América, que han insistido en que en ningún otro país se aplica una fórmula así. Esa disputa entre “grandes” y “chicos” será otro eje clave de la negociación de 2026: los clubes de menor peso buscarán mantener un reparto que los favorece, mientras los poderosos exigen una distribución más acorde al impacto que generan.

El contexto regional no es alentador. Colombia está rezagada frente a sus vecinos sudamericanos en materia de ingresos por televisión. La brecha complica la competitividad en torneos internacionales, en los que los clubes colombianos tienen menos recursos para reforzar sus plantillas o invertir en infraestructura. Aunque Andrea Guerrero, presidenta de Win Sports, ha señalado que Colombia tiene el tercer contrato más grande del continente, las cifras por club siguen siendo muy bajas si se comparan individualmente. Por ejemplo, en Brasil, Flamengo recibe USD$ 50 millones al año; en Chile, Colo Colo gana USD$ seis millones; y en Perú, Alianza Lima cobra USD$ cuatro millones. En Colombia, ningún equipo se acerca siquiera a esas cifras, pues el que más gana, por concepto de televisión, ingresa USD $ 1,2 millones al año.

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Más aristas en la negociación que comienza

Carlos Mario Zuluaga Pérez, recientemente electo presidente de la Dimayor, ha sido enfático: por ahora no se están escuchando ofertas. Lo que se abrió es un estudio técnico para valorar cuánto realmente vale el producto que ofrece el fútbol profesional colombiano. Solo con ese peritaje en mano se decidirá cómo, con quién y por cuánto se firmará el nuevo contrato a partir de 2026. La intención es que la negociación esté sustentada no solo en cifras históricas, sino en una valoración precisa del mercado actual.

Sin embargo, el negocio va mucho más allá del precio. Hay aristas complejas que ya están sobre la mesa: desde la piratería que afecta la rentabilidad del modelo, hasta el reclamo de los futbolistas por un porcentaje del derecho de imagen, pasando por el debate sobre la transmisión del fútbol femenino, los pulsos del Gobierno por generar una señal pública de acceso universal y las tensiones de siempre entre los equipos grandes y chicos. Todo se cruza en una negociación que no solo definirá un contrato, sino que moldeará el futuro inmediato del fútbol colombiano.

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