Duván Vergara: la esperanza de América para vencer a la U. Católica

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El delantero de 24 años se ha convertido en el referente ofensivo de los escarlatas. Por Copa Libertadores lleva dos goles en los tres partidos disputados en fase de grupos. El que gane hoy sobrevivirá en la pelea por la clasificación a octavos de final en el grupo E.

Detrás de los goles, las fintas y las asistencias hay algo más que audacia y agilidad. Detrás de esas habilidades hay sabiduría. Una sabiduría que no solo se refleje en el movimiento preciso, sino también en saber cargar con el peso de ser el referente, de ser el jugador del que todos esperan algo más que los demás. Una sabiduría acompañada de paciencia, de no perder la cordura para saber manejar la presión, para no olvidar que se es humano y no un Mesías, que aunque puede ser el responsable de la alegría que más esperan los hinchas para olvidar una semana amarga y más cotidiana que la anterior, no puede perder la sencillez y la calma para llevar al equipo a una victoria, a un triunfo que en este contexto significa la supervivencia en la Copa Libertadores de América.

Como Duván Vergara, el referente en ataque del América de Cali, hay muchos jugadores colombianos con pasados similares. Infortunadamente la violencia termina siendo el contexto en el que muchos nacen y en el que muchos se desenvuelven. Quizá el número de promesas perdidas por la delincuencia es más grande que todos aquellos que han logrado sobreponerse a su realidad y han decidido ser ejemplos de vida y de juego en el fútbol. El delantero escarlata es uno de ellos. Creció en el barrio Edmundo López, al sur de Montería. Sus padres siempre cuidaron de él y de su hermano, Jhonnier Vergara. Los pequeños de la casa se hicieron la promesa de que alguno de los dos tendría que ser profesional. Duván empezó a jugar desde los tres años por su hermano, a quien iba a ver jugar. No se decidió por el boxeo, deporte que le gustaba a su mamá.

El fútbol termina siendo en contextos hostiles el vehículo para salir de la criminalidad. Los guayos y un grito de gol desaforado se convierten en la mejor muestra de resistencia ante el olvido de un Estado que condena a sus habitantes a la suerte de la miseria y el desamparo. Duván Vergara terminó siendo uno de tantos sobrevivientes gracias al deporte. A los 11 años, según le contó a Carlos ‘Petiso’ Arango en su programa, la Academia Compensar, de Bogotá, lo compró. Los malos resultados académicos derivados de su soledad a tan temprana edad provocó el retorno del jugador al calor de su tierra y de los brazos de sus papás. Siguió insistiendo y a los 17 brotó la semilla de tantos años de cultivo. David Carranza lo vio jugar en Sincelejo en la Copa Samsung y lo ofreció a Envigado, la cantera de muchos cracks de nuestro fútbol y allí empezó este largo presente de su carrera deportiva. El alba fue entonces más claro que nunca. La promesa que hizo con su hermano estaba a punto de cumplirse.

En Envigado llegó entre 2013 y 2014, pero fue hasta 2015 cuando hizo su debut en el fútbol profesional colombiano. La promesa estaba cumplida, y el sueño ya no era sueño sino verdad. Su logro estuvo respaldado por los valores y las palabras de sus padres, que siempre le recordaron la importancia de no olvidar el camino, de no olvidar el origen y de no caer en los laberintos sin salida que muchas veces se encuentran en las drogas.

En su primer año no tuvo mucha continuidad. Un total de 12 juegos y una valla en blanco quedaron como registros de aquel 2015. Ya en 2016, con Ismael Rescalvo como director técnico del cuadro naranja, Duván Vergara tuvo mayor protagonismo. Fueron seis goles en 30 partidos los que quedaron para ese año en el que el delantero cordobés ya sonaba para ser refuerzo de América y Júnior. En los cuatro años que jugó en el Envigado fue ese el de mayor rendimiento. Su gambeta y su desborde, habilidades que componen la identidad del atacante colombiano, trascendieron las fronteras. Rosario Central fue su segundo puerto como profesional. Aunque no fue una buena temporada, pues solo jugó cinco partidos sin la fortuna de festejar un gol, Vergara tuvo la experiencia de competir a nivel internacional y en una de las vitrinas más efectivas del fútbol sudamericano.

Finalmente en 2019 llegó al equipo que lo pretendía hace años. En América de Cali vive el idilio de su corta carrera y vivió un título que sería histórico para la institución escarlata. Con 22 juegos se convirtió en uno de los estandartes del esquema planteado por Alexandre Guimaraes. Cinco goles marcó y una huella dejó en el campeonato del segundo semestre del año pasado. Después del calvario de la B, los hinchas de América sabían que volver a gritar “campeón” en la máxima división del fútbol colombiano sería el desahogo de un lustro para el olvido y la añoranza de un tiempo mucho más fértil y prometedor como el de aquel pentacampeón y finalista en tres oportunidades de la Copa Libertadores.

Aunque se habló de su partida para el fútbol portugués, Duván Vergara terminó quedándose en las filas del América, ahora a cargo del técnico Juan Cruz Real, quien ya pidió que el delantero de 24 años fuera tenido en cuenta para la selección de Colombia. Hoy, en el partido de la cuarta fecha de la Copa Libertadores ante la Universidad Católica, el cordobés será uno de los encargados de llevar a los rojos a seguir peleando por la clasificación a los octavos de final. El que gane sobrevivirá y el que pierda estará despidiéndose de la copa más añorada por los hinchas y los jugadores latinoamericanos. Hoy, como muchas otras veces, el cordobés está llamado a ser el héroe y el protagonista de un nuevo y promisorio tiempo.

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