A comienzos de marzo, con el campeonato profesional ya en marcha, los futbolistas colombianos, a través de Acolfutpro —la entidad que los representa como gremio—, votaron por ir a la huelga. La decisión, respaldada por el 87% de los jugadores vinculados a la Asociación, puso en alerta al deporte colombiano. A la determinación, que buscaba sentar un precedente inédito de cese de actividades en la liga deportiva más relevante del país, se llegó por la falta de acuerdos en una serie de peticiones que los futbolistas (hombres y mujeres) les hicieron a la Federación Colombiana de Fútbol (FCF) y a la Dimayor. Tras el anuncio, se estableció el 26 de marzo como fecha límite para llegar a un consenso. Si no se lograba, advirtieron, el fútbol del país iba a parar.
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Más de un mes después la huelga no ha sucedido y el fútbol colombiano siguió su marcha. De hecho, las finales ya están a la vuelta de la esquina. ¿Qué pasó? El Espectador le consultó a Carlos González Puche, director ejecutivo de Acolfutpro, quien aseguró que los futbolistas siguen firmes en sus peticiones. Lo que sucedió es que, tan pronto como se alertó del posible cese de actividades, el Ministerio del Trabajo entró a mediar entre las dos partes y, en ese momento, los dirigentes del fútbol profesional colombiano aceptaron sentarse en la mesa a negociar. “La huelga no se ha hecho efectiva porque entramos en proceso de mediación. Estamos en negociación de varios de los puntos, pero tenemos claro que hasta que no haya suspensión de actividades, no se va a lograr algo importante. Sobre todo en lo económico. Por eso no se ha desistido de la huelga, pero en este momento estamos negociando”.
La situación de los reclamos laborales de los futbolistas colombianos es casi que única en el continente. Así lo explica Puche: “Pares de otros países no entienden lo que pasa en Colombia. En otros lugares, cuando los jugadores deciden ir a huelga, paran y ya está. Acá se toma la determinación, pero hay que entrar en negociación. Entonces va pasando el torneo, llegan las finales y se adormece el movimiento. Los futbolistas tienen claro que sin huelga no hay avance. En Chile, por ejemplo, citaron a los capitanes, hicieron una asamblea y dijeron: ‘Si el domingo no hay acuerdo sobre los recursos para el fondo de retiro, no se juega’. Sin pliego de peticiones, ni procedimientos. En Uruguay y en Argentina la huelga la decide el gremio, y se hace. Lo que pasa es que los argentinos tienen gremio hace 80 años. Tienen convención colectiva desde el 74. Ellos ya saben cómo se actúa”.
Aunque la Dimayor y la FCF han cedido en algunos puntos, en medio de la negociación han puesto la condición de que solamente aceptarán el acuerdo cuando haya un consenso total. Es decir, no se avanzará en la aplicación de asuntos puntuales. Es todo o nada. Una medida de dilación que podría alargar las discusiones durante meses. El Espectador consultó con fuentes del Ministerio del Trabajo por el estado actual de las negociaciones y tuvo acceso a los documentos en los que los dirigentes del FPC aceptan de forma parcial algunos puntos, pero se niegan a ceder en otros.
Por ejemplo, en materia de contrato laboral, mientras los futbolistas exigen que se establezca la minuta única obligatoria exigida por FIFA, que es un contrato modelo que garantiza derechos mínimos laborales, la FCF y la Dimayor solo ofrecen enviar una circular recomendando su cumplimiento, lo que no tiene fuerza legal. Por un lado, en otro punto, aceptan ajustes como incluir referencias legales en el Estatuto del Jugador y permitir observaciones de Acolfutpro en temas de porcentajes de transferencias, pero limitan la participación del jugador (es del 8 % y se solicitó el 15%). Los dirigentes niegan la creación de pólizas de salud generales y en el tema de los derechos de imagen ofrecen un auxilio único de $20 millones, pero no están dispuestos a ceder ingresos anuales de las transmisiones de televisión. Incluso, medidas contra la discriminación, aceptadas en la negociación, están sujetas a que haya consenso total.
Para Carlos Guarnizo, abogado laboralista y asesor de la Asociación hace más de 20 años, este tipo de negociaciones demuestran la dificultad que tienen los futbolistas en Colombia para exigir sus derechos. Mecanismos como la negociación colectiva o el reconocimiento pleno del derecho de asociación, que funcionan en todo el mundo, en Colombia no son garantía: “Nada de eso se está inventando. El derecho de asociación está garantizado en todo el mundo, pero en Colombia es un problema. En España, el sindicato que agrupa a todos los futbolistas de la liga no negocia con Barcelona ni negocia con Real Madrid, negocia con la Federación. Igual en Francia, igual en Alemania, igual en Reino Unido, en Argentina, en Brasil. Pero aquí no se ha podido”.
“Los futbolistas sabemos que tenemos parar para generar impacto, pero muchos tenemos miedo”, le dijo a este diario uno de los jugadores vinculados a Acolfutpro que pidió no ser citado.
La cruda realidad laboral del deporte en Colombia
Si eso pasa en el fútbol, explica Guarnizo, el panorama en Colombia en otros deportes, que no tienen ni siquiera entidades que cuiden sus derechos, es peor. “El fútbol tiene la ventaja de poder contar con una organización. En los otros deportes ni siquiera hay esa organización. Lo que es peor, hay deportes que ni siquiera tienen ligas organizadas. ¿A quién le exigen? Si usted no tiene un actor social que reclame y exija el derecho, ni ante quién hacerlo, pues no va a tener el derecho”, explica.
“En Colombia, si hay un sector desprotegido, sin garantías ni posibilidades de desarrollar su profesión, ese es el de los deportistas”, asegura Puche. Y los ejemplos son muchos.
Así lo explica: “Hay ciclistas que son contratistas, pagan su seguridad social y trabajan por cortos períodos. Los beisbolistas tienen liga tres meses y el resto de tiempo, los que no juegan afuera, quedan en el aire. Pasa igual en el fútbol sala y el microfútbol, no hay contratos formales. Las voleibolistas, ni se diga. Ni siquiera tienen liga, y ante la falta de garantías les toca migrar a otros países donde sí hay profesionalismo. Las que pueden, por supuesto. Ante la ausencia total de protección laboral, los deportistas terminan dependiendo de esfuerzos familiares y apoyo informal. Por lo menos los que no están en la élite y no son apoyados por el Ministerio del Deporte. Ahora, con la reducción presupuestal, imagínese el panorama”.
Sin ir más lejos, ayer fue presentada la Liga Profesional de Baloncesto, un torneo que apenas durará 63 días después de más de seis meses de inactividad para los basquetbolistas profesionales del país. Sin actividad no hay contrato ni, por supuesto, garantías laborales.
“Nuestro esfuerzo, por el derecho a la huelga, no es un precedente solo para el fútbol, es un precedente para todo el derecho laboral colectivo colombiano”, asegura Puche, quien insiste en que el proceso de huelga de los futbolistas colombianos también se trata de abrir un camino para todos los trabajadores del deporte.
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