El día en que Léider silenció a los Comandos Azules

El 15 de septiembre de 2004, el delantero tumaqueño le hizo gol a Millonarios, después de que un sector de la hinchada azul le recordara la muerte de su hermano Willington, asesinado días antes. Historias de los clásicos capitalinos antes de la final de la Liga Águila de 2017, este domingo.

Al estadio El Campín de Bogotá habían llegado cerca de 15 mil personas para ver el clásico capitalino 237 entre Santa Fe y Millonarios. La mitad de las tribunas con seguidores del azul y la otra mitad, del rojo. Unos esperaban, con ansiedad, celebrar el gol 102 de su ídolo Léider Calimenio Preciado, mientras que otros anhelaban el primer triunfo del semestre del cuadro embajador.

Los días previos al partido habían sido difíciles para la plantilla de Santa Fe. Willington Enrique Preciado, hermano mayor de Léider, había sido asesinado en una riña callejera en Tumaco. Le habían robado unos tenis y una mañana se cruzó con la persona que le había hurtado los zapatos. Él le reclamó y la respuesta del hombre fue sacar un arma de fuego y dispararle. Tras esta tragedia, el goleador cardenal no fue a entrenar y viajó a su casa para acompañar a su familia en el duro momento.

Colombia, su madre, lloraba en su hombro y le suplicaba que no se devolviera a Bogotá y que estuviera con ella más tiempo. Sin embargo, Léider sabía que tenía un compromiso con su club y debía volver a la capital para disputar el clásico ante Millonarios. Fueron días de luto, en los que todo el tiempo le pasaban por su mente recuerdos de Willington, el mayor de la casa, quien hizo las veces de padre. “Era el que nos cocinaba, nos bañaba. Siempre muy pendiente”, recuerda Calimenio.

En ese momento Millonarios pasaba por una crisis institucional. El entrenador era Óscar Cortés y a su mando había varios juveniles. “El kínder de Cortés”, como bautizaron a este plantel, formó ese día con Héctor Búrguez, Ómar Rodríguez, Bónner Mosquera, Pablo Navarro, Nicolás García, Andrés Morales, Carlos Gutiérrez, Jesús Difilippe, Andrés Sarmiento, Carlos Adonay Acevedo y José Moreno.

Por su parte, Santa Fe tenía un plantel conformado por el arquero boliviano José Carlo Fernández, Jairo Suárez, Emmanuel Acosta, Juan Diego González, Pablo Pachón, Carlos Ortiz, Fabián Díaz, Juan Carlos Toja, Aldo Leao Ramírez, Phill Jackson Ibargüen y Léider Preciado. Hacía menos de un mes se habían enfrentado y el resultado fue un contundente 4-1 a favor de los cardenales. En ese compromiso, Léider Preciado llegó a 101 goles como profesional.

“En los momentos difíciles es cuando hay que demostrar de qué está hecho uno”, recuerda Léider que le repetía constantemente Fernando El Pecoso Castro, técnico de Santa Fe en años anteriores a este partido. Con dolor en su corazón, pero con la ilusión de marcar gol y homenajear a su hermano, salió a la cancha. Una insignia negra en el hombro derecho. Un minuto de silencio. Tristeza y ganas de seguir llorando.

La nostalgia se apoderó de él cuando caminó cerca de la tribuna norte de El Campín y los Comandos Azules —barra brava de Millonarios— comenzaron a gritarle “Léider Calimenio, oh, oh, oh, oh, oh. Mataron a tu hermano, oh, oh, oh, oh, oh”. Sintió un frío profundo. Llegaron algunos compañeros de equipo que lo abrazaron y le dieron ánimo. En el entretiempo, algunas lágrimas se le escurrieron, sentado en el camerino. Pero salió por el túnel, con el marcador 0-0 y la intención de celebrar un gol.

A los 51 minutos recibió un centro desde el sector izquierdo del campo, se levantó y de cabeza venció al arquero Héctor Búrguez. Con rabia, corrió desde el punto penal hasta el banderín noroccidental. Se llevó el dedo índice derecho a la boca, callando a los mismos que minutos atrás lo habían provocado recordándole la muerte de su hermano. “Ese ha sido uno de los momentos más emocionantes de mi carrera”, recuerda Léider, quien celebró 212 goles como profesional, entre ellos uno en el Mundial de Fútbol de Francia 1998, en el triunfo 1-0 ante Túnez. Además, es el máximo goleador de los clásicos capitalinos, con 15 tantos.

En el minuto 90, cuando los rojos acariciaban la victoria, José Moreno igualó el marcador. Sin embargo, Léider Calimenio Preciado pudo homenajear a su hermano como mejor lo sabía hacer: haciendo goles.