El miércoles, sorteo de la Liga Águila

El fútbol colombiano mira nuevamente hacia el sur

Hace años los clubes profesionales no contrataban tantos refuerzos provenientes de Argentina y Uruguay. Menores costos y mentalidad ganadora, las razones.

El técnico uruguayo de Independiente Santa Fe, Gregorio Pérez.Mauricio Alvarado / El Espectador

En las décadas de los años 70 y 80 los directivos, que a su vez eran dueños de los clubes profesionales del fútbol colombiano, viajaban constantemente a Argentina y Uruguay para contratar jugadores. Pasaban sus vacaciones y estaban casi un mes visitando equipos de primera y segunda división, especialmente en Buenos Aires y Montevideo, en donde hay muchos equipos profesionales.

Se dedicaban a hacer contactos, ver partidos y cerrar transferencias. No existían por entonces agentes ni representantes. Todas las negociaciones se hacían directamente entre dirigentes. Muchas veces los futbolistas eran los últimos en enterarse de su futuro y por jugosas sumas de dinero decidían probar suerte en un país que les resultaba exótico.

Fue así como durante esa época todos los equipos colombianos tuvieron varios extranjeros. De hecho, la preocupación era porque las estrellas foráneas, de a cuatro y hasta cinco por equipo, opacaban a las locales y les quitaban oportunidades de actuar a los jóvenes valores. Eso sí, eran ellos quienes más llevaban hinchas a las tribunas o “movían el torniquete”, como decían los comentaristas radiales.

Esa situación no era nueva. Pasó antes de que se disputara el primer torneo profesional. Por allá a comienzos de los 40, cuando Millonarios, que todavía se llamaba Municipal, trajo cinco futbolistas argentinos, encabezados por Alfredo Cuezzo.

Ellos eran la novedad, mandaban la parada e instruían a los jugadores locales, todavía inexpertos en los secretos del balón y con escasa preparación física.

Nació el profesionalismo y comenzó El Dorado. Aprovechando la huelga en el fútbol argentino, el técnico embajador, Carlos Cacho Aldabe, contrató a Adolfo Pedernera y detrás de El Maestro llegaron nada menos que Néstor Raúl Rossi y Alfredo Di Stéfano. El Deportivo Cali trajo peruanos y el Júnior brasileños, liderados por Heleno de Freitas. Cúcuta contrató a muchos uruguayos, entre ellos Luis Alberto Miloc, Carlos Zunino, Julio Ulises Terra y Juan Carlos Toja, además de los campeones mundiales en 1950 Schubert Gambetta y Eusebio Tejera. Hasta húngaros e ingleses llegaron al país atraídos por los buenos salarios y el excelente nivel de juego.

Aunque la bonanza duró apenas cuatro temporadas, durante los siguientes 30 años los futbolistas extranjeros fueron la atracción del torneo local, con Argentina y Uruguay como principales abastecedores de talento. Según el historiador del fútbol Guillermo Ruiz Bonilla, de esos dos países han llegado cerca de 1.500 jugadores en los 70 años de nuestra liga.

Los puros criollos

A finales de los 80 la situación cambió. Los buenos resultados de la selección juvenil de 1985, la preolímpica de 1987 y la de mayores, en un proceso iniciado por Luis Alfonso Marroquín y continuado por Francisco Maturana, generó una fiebre sin precedentes en nuestro balompié. Su resultado, el título de Atlético Nacional en la Copa Libertadores de 1989, con un plantel conformado solamente por futbolistas colombianos, y la clasificación de la selección al Mundial de Italia 1990.

Se les abrieron entonces las puertas a los jugadores de la tierra. Los clubes comenzaron a invertir en la cantera y a promover sus divisiones menores, pues además, la bonanza del narcotráfico terminaba y los mecenas desaparecían. Ser futbolista se convirtió en una opción de vida respetable y avalada en los hogares, al igual que profesiones tradicionales como medicina, arquitectura o derecho.

Del exterior dejaron de llegar figuras de renombre, porque además no había muchos recursos para contratarlos. Excepto Nacional, todos los equipos han tenido crisis económicas en el nuevo siglo. Pero auxiliados por los nuevos y abundantes recursos de la televisión e ingresos por ventas de jugadores al exterior, los clubes lograron estabilizar sus finanzas.

Y en las recientes temporadas han vuelto a contratar extranjeros de calidad. El fútbol colombiano volvió a mirar hacia el sur. De Argentina y Uruguay provienen los principales refuerzos para la temporada 2018.

De los 20 técnicos del torneo, nueve son extranjeros: cinco argentinos, tres charrúas y un español. Ellos, obviamente, han apostado por jugadores que conocen y son de su confianza.

Jorge Almirón, por ejemplo, llegó a Nacional y trajo dos hombres con los que triunfó en Lanús: el arquero Fernando Monetti y el defensa Diego Braghieri.

Júnior contrató al uruguayo Jonatan Álvez, quien viene de ser goleador de la liga ecuatoriana. “Es un depredador del área, una gran contratación”, señala el periodista Jorge Meireles, quien agrega que “la inversión valdrá la pena. En Barcelona hizo muchos goles y resultó rentable como negocio”.

Deportivo Cali, después de un par de torneos para el olvido, apostó por un técnico charrúa, Gerardo Pelusso, quien valoró el nivel del torneo y las bondades del país. “Colombia es un mercado atractivo. Acá te tratan muy bien, se trabaja con comodidad y el campeonato es competitivo. No es difícil acomodarse. Para nosotros es un destino muy seductor”.

Con él, al cuadro azucarero llega nada menos que el goleador de la Copa Libertadores 2017, José Sand, quien a sus 37 años asume este nuevo reto con profesionalismo. “Vengo a una gran institución con el propósito de triunfar, hacer goles y salir campeón. Vine porque sentí que el club realmente se interesó en mí. Y las referencias que me dieron de la ciudad y del país fueron las mejores”.

América, Millonarios y Santa Fe desde el semestre pasado tienen técnicos foráneos. Los dos rojos cuentan con estrategas uruguayos y el azul con un argentino. El cuadro embajador salió campeón hace un mes con dos jugadores charrúas en sus filas, el arquero Nicolás Vikonis y el defensa Matías de los Santos. Santa Fe acaba de contratar al artillero Rubén Bentancourt, con quien espera solucionar su falta de gol. Con ese mismo reto a los escarlatas llegó el delantero uruguayo Kevin Ramírez.

“El fútbol colombiano se encareció. Los jugadores y los técnicos están cobrando mucho, al punto que es más factible contratar un buen futbolista de otra liga suramericana que una figura de acá. Argentinos y uruguayos que no sean superestrellas en sus países, son más baratos y tienen mentalidad ganadora y liderazgo. Económicamente, salir les representa marcar diferencia”, explica Germán González, especialista en mercadeo deportivo y asesor de imagen de deportistas, quien agrega que “a Nacional o Millonarios, por ejemplo, les queda mejor ir a buscar extranjeros que pagar por una promesa de algún club chico, que les pide una fortuna”.

Tampoco es un buen momento para los entrenadores colombianos, a quienes sin duda los dirigentes les dan menos margen de error. “Acá hay muy buenos técnicos, de todos los estilos. Lo que falta es impulsar los procesos, planificar más”, admite Pedro Sarmiento.

A los foráneos, que generalmente también vienen con su grupo de colaboradores y también traen jugadores, les brindan mayores garantías y les dan tiempo de adaptación porque no conocen el medio.

“También son modas –argumenta Germán González–. Hace unos años, recuerdo que Cúcuta y Tolima jugaron la final, con Jorge Luis Pinto y Jorge Luis Bernal. Entonces Pinto llegó a la selección y tanto técnicos como jugadores colombianos eran lo último. Ahora, con Pékerman, Miguel Ángel Russo y los que han llegado, se volvió a creer en que los de afuera son mejores y no dividen tanto como los de acá”.

Lo cierto es que hace tiempo que los clubes colombianos no se reforzaban tanto y tan bien. Desde el Pasto, con 15 caras nuevas, hasta Bucaramanga, con el multicampeón en Boca Juniors Diego Cagna en el banquillo, se las han arreglado para ser competitivos o al menos atractivos para las hinchadas. Habrá que ver en la cancha si logran su objetivo y la gente vuelve a los estadios a apreciar a las figuras provenientes del sur del continente.

Primera semana del Abierto de Australia

Adiós a Wawrinka

Tras cuatro meses sin jugar, por una operación en su rodilla izquierda, Stanislas Wawrinka, campeón en 2014, perdió en segunda ronda con el estadounidense Tennys Sandgren, por 6-2, 6-1 y 6-4.

Ante su seguidor

El francés Jo-Wilfried Tsonga, finalista en 2008, no pudo con el talento del local Nick Kyrgios, quien de niño le pedía autógrafos, y no pudo superar la tercera fase tras caer por 7-6 (5), 6-4, 7- 6 (6) y 7-6 (6).

Derrota inesperada

Finalista en dos ocasiones (2003 y 2017) Venus, la mayor de las hermanas Williams, dijo adiós en su debut ante la suiza Belinda Bencic, de 20 años, con parciales de 6-3 y 7-5 en una hora y 53 minutos de juego.

No es su Grand Slam

El primer grande de la temporada sigue siendo una deuda pendiente para Garbiñe Muguruza. Esta vez no pudo pasar la segunda ronda, al perder con la tailandesa Su-Wei Hsieh por 7-6 (1) y 6-4.