16 Jun 2021 - 8:39 p. m.

El fútbol y sus milagros en el mar

Presentamos una crónica sobre la academia de fútbol, Maremágnum en la zona norte de Cartagena.

Pedro Mendoza

Jhon Edison Crespo atraviesa el mar caribe desde la isla de Tierra Bomba donde vive para llegar a Cartagena. Cuarenta minutos en lancha , luego un bus y por último un taxi colectivo lo lleva al sitio donde es feliz. La academia de fútbol, Maremágnum en la zona norte de la ciudad. Su puesto volante, está a la espera de saber con quién jugará. Real Cartagena o el Expreso rojo. Todos los niños le dicen Ronaldinho. Tiene 17 años.

Hay cuatro balones y se escucha al profesor Víctor Jiménez. “Pueden empezar a correr” , salen a buscar los balones más de 15 niños entre cinco y siete años. Tienen un uniforme de color blanco.

Al lado de ellos con otro balón, Jeorge Gómez Puello, capitán de un equipo, tiene once años, el número 35 en la camiseta, vive en Arroyo de Piedra, una moto lo trae a los entrenamientos. “El profe Jiménez me ayuda en todo lo físico y Jhon, Ronaldinho, me enseña a cabecear”.

Estas historias tienen como común denominador el mar, una zona de Cartagena desprotegida por la administración distrital, humilde y los sueños de los niños y jóvenes por el fútbol. Con ellos Francisco Leguizamón, pionero de las canchas de fútbol sintético en Cartagena, todos los días cree en sus 107 miembros de su academia. “Este deporte “ecualiza la sociedad” le dice a El Espectador.

Que ruede el balón.

Cartagena ciudad de contraste tenía en la zona turística una cancha sintética, era el encuentro de amigos que en medio de partidos estrechaban la amistad. Jugadores que lo tenían todo. Una tarde de esas del caribe, Francisco Leguizamón, dejo ese sitio, su negocio por varios años.

Entonces se vino a construir sueños en otros jugadores de otro estrato, cerca al mar, donde los niños viven desprotegidos y el fútbol es el bálsamo de las alegrías. Parece que eso de caminar y correr en la playa ayuda así como comer pescado en una alimentación no balanceada.

“Comenzamos este programa en la zona norte, que la esta cerca de Manzanillo del mar, con corregimientos como La Boquilla, Tierra Baja, Punta Canoa, Arroyo de las Canoas, Arroyo de piedra y Puerto Rey , todos cerca al mar” dice Francisco quien recuerda sus primeros 18 alumnos, unos balones y camisetas.

Hoy son 107, perfectamente uniformados, con sus guayos y guantes para el portero. Dice “El Campito” en todas las camisetas.

Son delanteros, defensas, mediocampista, al inicio son de todo, a fin de cuentas el futbol es así de sueños.

Toma un cuaderno y apunta unos datos que le entrega su mamá, parte de su equipo junto con su esposa. Le pregunto por el libro “Futbol a sol y sombra” de Eduardo Galeano. Recordamos un párrafo. " “Los niños no tienen la finalidad de la victoria, quieren apenas divertirse. Por eso, cuando surgen excepciones, como Messi y Neymar, son, entonces ellos, para mí unos verdaderos milagros”.

Caminamos hacia la cancha, es tarde y la humedad de esta época se siente. Me dice que casi todos los niños son huérfanos de papá, “encuentras una madre con cuatro hijos y hemos tenido inconvenientes, muchas veces no hemos encontrado al padre biológico para que firme los documentos y los niños puedan ir a un intercambio”. Le pregunto por el apoyo del Distrito de Cartagena, “huérfanos también”.

Y es que eso de cambiar los problemas de esta zona con su mar y arena por el fútbol ya ha dado sus resultados. De esta cantera ya se habla de jugadores como Jean Carlo Zúñiga en la Selección Bolívar, Leisner Gómez, Franci Meza, Carlos Jiménez en el Expreso rojo entre otros y por supuesto Jhon Edison crespo, " que si te fijas bien, sí se parece a Ronaldinho”.

Navegando para jugar.

Yo nací en una isla que se llama Tierra Bomba y desde los dos años ya andaba pegándole a un balón, dice Jhon Edison Crespo. “Mi posición es volante diez, pero puedo jugar donde me digan,” tiene de referencia a Ronaldinho Gaucho, desde los siete años ve sus partidos, jugadas y se las aprende. Los niños cuando llegan al campito lo buscan. “Ellos me tienen mucho aprecio les enseño cosas”. Recuerda del astro brasileño sus 207 partidos con el Barcelona y 77 con el PSG.

Espera a finales de junio saber cual camiseta usará, la del Real Cartagena o la de Expreso Rojo. Me pregunta por mi jugador preferido, le digo, “Cuadrado” y entonces se vuelve como una especie de técnico, no para de hablar de posiciones , velocidad, esquemas e inclusive terminamos hablando del libro que público hace poco el jugador. Me dice que al igual que el jugador de la Juventus , su familia lo apoya.

“Vivo en una casa muy humilde, vivimos de la pesca, tengo cinco hermanos con mis papás y mis abuelos, a ellos le gusta que juegue fútbol y darles todo lo que se merecen, ellos me dicen que el futuro está en mí y los voy a sacar de la pobreza” Son cuarenta minutos que recorre en una canoa para llegar de su isla a Cartagena, para llegar a su entrenamiento.

En la academia de fútbol se siente a gusto. “El apoyo es grande, nos acogen y son como nuestra familia, yo estuve en Medellín y me quede con la mamá del profe Francisco, allí aprendí mucho”. Fue su primer viaje en avión estuvieron con los compañeros de Maremagnun en la escuela de Alexis Garcia.

“Jugué muy bien en la presentación y ese día fue cuando se presentó lo de la pandemia, nos devolvieron a todos a Cartagena, había quedado seleccionado en el equipo”

Este Ronaldinho de navegación en el mar quiere ser contador público y en los partidos que le han tocado en la vida le gusta ganar “ni siquiera quedar empatado”. En la isla entrena los días que no está en Cartagena y puntualmente envía los videos para que su profesor los vea y si se lesiona, “mi mamá me da una pomadita”.

El número 10 de cuatro patas.

Mojito es la mascota de la academia. Todos dicen que debe tener el número 10. Siempre está presente cuando llegan los niños y es que este suertudo los corretea y juega con ellos , los activa y los deja calientes para empezar los entrenamientos.

“Esta siempre atento, no hace goles pero los celebra como si fueran de él” sostiene a El Espectador el profesor Víctor Alfonso Jiménez con más de 20 años enseñando a jugar fútbol.

Es el profe de la Academia, la figura del respeto, de la obediencia y el cariño recíproco. “Estoy contento con este proceso con los niños, alejándose de los malos pasos, la droga la delincuencia y dándoles la oportunidad de que cumplan su sueño” sostiene afirmando que en la zona hay mucho talento.

“Con este proceso todos hemos puesto un granito de arena y hemos logrado formar niños incrementar sus valores, si no son grandes deportistas, estamos garantizando que sean mejores ciudadanos que le servirán a la sociedad”.

El profe Jiménez vive muy cerca de la Escuela, en Manzanillo del mar. Todos los días entrena a los niños y jóvenes, Los lunes, martes y viernes son para los grandes y el miércoles y jueves para los más pequeños. “Somos una misma familia”.

Tiene claro que el proceso de formación es fundamental. “Aquí llegan y no les digo que posición quieren ser, a medida que pasa el tiempo y se van formando”.

Y es que las escuelas de fútbol son muy importantes para los niños. “La escuela de Estudiantes de La Plata, con Osvaldo Zubeldía a la cabeza, triunfó y ha influenciado a varios entrenadores en nuestro país. En su momento fueron preponderantes los conceptos traídos por Fernando Paternoster y Adolfo Pedernera desde Argentina” sostiene una publicación del periódico El Espectador. “Las escuelas que han marcado la historia del fútbol colombiano”.

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Con sus once años Jeorge Gómez afirma que “Dios lo hizo para jugar futbol”. Me dice con claridad que su nombre es con J y que es capitán en su equipo " Si algo pasa yo tengo que solucionarlo”. Su camiseta tiene un número 35 tan grande como su pequeña espalda. Juega de volante diez, espera que la selección Colombia siga ganando en la Copa América. Vive en Arroyo de Piedra, un corregimiento de gente buena y humilde, desde algún sitio se puede ver el mar. Al llegar a su casa después de los partidos el mismo cuida lo más valioso. Su uniforme. " “Yo mismo lo lavo, lo seco y después lo guardo en mi escaparate, tengo varios uniformes y a todos les hago lo mismo”.

Así pasan estos días con sus noches, el mar y un balón en Maremagnum y su academia de fútbol. Francisco Leguizamón espera seguir el partido, no está en su táctica perderlo, su equipo son muchos niños con una oportunidad que antes no tenían. “Además de saber patear, hacer jugadas, pases y goles, el inglés es muy importante, quiero que lo aprendan, les abre muchas puertas, estoy buscando aliados para eso” me dice, mientras llega la tarde y algo de viento.

Parafrasea a Eduardo Galeano. “Y yo me quedo con esa melancolía irremediable que todos sentimos después del amor y al fin del partido”.

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