Clásico vallecaucano 284

El luchado regreso de Héctor Quiñones

El lateral izquierdo del América se entrenó en la Liga de Levantamiento de Pesas del Valle para exterminar el fantasma de las lesiones. Lo peor ha terminado. Y lo mejor espera vivirlo desde hoy ante Deportivo Cali.

América de Cali

Algo andaba mal, una lesión tras otra. De uno de los laterales izquierdos con mayor proyección del fútbol colombiano, el mismo que compartió en ese recordado FC Porto, campeón de la Europa League, de Radamel Falcao, James Rodríguez y Freddy Guarín. El tiempo ha pasado, los fantasmas de las lesiones siguen latentes, pero su hambre de salir adelante permanece intacta. Por eso, Héctor Quiñones, quien mañana cumplirá 27 años, decidió que había llegado la hora de apretar el freno de mano, pensar y buscar una nueva alternativa. Rendirse no era una opción.

Así llegó a la Liga de Levantamiento de Pesas del Valle del Cauca. ¿Qué hacía un futbolista en ese lugar? El nariñense le pidió permiso a su técnico, Fernando Pecoso Castro, para empezar el año allí y evitar futuras lesiones en sus piernas.

Y luego de mucho trabajo en silencio, su regreso a las canchas se dio el pasado fin de semana en el triunfo 3-1 del América ante el Once Caldas, duelo en el que fue una de las figuras. Una aparición que ilusiona a toda la hinchada escarlata, que hoy espera salir victoriosa en el clásico vallecaucano 284 (5:00 p.m., por RCN). Deportivo Cali lidera el historial con un saldo de 105 triunfos, mientras los Diablos Rojos registran 89.

Con un encuentro, Héctor Quiñones volvió a los diarios del lunes. El teléfono volvió a sonar. El buzón de Instagram se llenó de mensajes. Los periodistas lo volvieron a buscar. Pero cree que debe ser prudente. Que es momento de hablar en la cancha, nada más. Dar una entrevista no es obligación. Pero la educación y el saber decir que no hablan mucho de un deportista. “Hasta ahora llevo un partido, acabo de llegar. Espero estar a la altura en el clásico y ganar, así te doy una mejor nota”.

Con 27 años, aún tiene tiempo para que este sea un nuevo comienzo en su carrera profesional. Y siga cumpliendo esos sueños que se trazó desde niño y que, a pesar de todos los recovecos de las lesiones, sigue cumpliendo.

“Toda mi familia jugó fútbol. Pero el de verdad, no el de mentiras. Lo llevábamos en la sangre. Estaba dentro nuestro, nos matábamos por darlo todo. No teníamos la necesidad de llamar la atención en las redes sociales. No lo hacíamos por dinero. Ese, a veces, es el fútbol mentiroso de hoy. El que ha perdido su esencia”, dice Gustavo, padre de Héctor, quien a pesar de tener todas las condiciones para ser profesional no contó con la suerte para llegar a serlo. “Así es la vida, por eso cuando él (Héctor) nació, me propuse a sacarlo adelante”, agregó.

Entre semana era asistente en la notaría de Barbacoas, Nariño. Los domingos y festivos, Héctor era el centro. Gustavo lo llevaba desde sus cuatro años a entrenar al estadio municipal. Eran ellos dos, solos, revueltos entre las piedras del complejo deportivo. Fue en esa cancha en donde el padre le entregó al hijo todo lo que no pudo sacar. Esa, su catarsis.

No fallaban nunca, era una religión. El oficio, la disciplina y el trabajo silencioso de ambos empezó a hacer mucha bulla en el municipio. Paulatinamente fueron llegando niños. Uno tras otro. Y así nació la escuela Costa Junior, que llegó a tener a más de 60 jóvenes. Gustavo no les cobraba un peso, lo hacía por pura vocación. Hasta les regalaba los uniformes, pues empezaron a competir contra otras escuelas. Por ahí también andaba Mateo Casierra, quien actualmente juega con Racing de Argentina.

Cuando Héctor cumplió 12 años fue llevado a hacer pruebas en el Deportivo Cali. El director de las divisiones menores del club, Sergio Checho Angulo, lo arropó y lo ayudó a seguirse puliendo como futbolista. Fue llamado a la selección del Valle y también hizo parte de los equipos juveniles de Colombia desde sus 14 años. En 2011, fue una de las figuras de esa selección sub 20 que deleitó en el Mundial de nuestro país, con nombres como los de James Rodríguez, Luis Fernando Muriel, Duván Zapata, Jeison Murillo y Santiago Arias.

Empezó de delantero, pero en 2008 cuando fue a disputar un partido en Gradisca, Italia, su técnico Jorge Cruz, quien fue el que más lo ayudó a llegar al fútbol profesional, lo hizo reemplazar al lateral izquierdo que se había lesionado. Y nunca más soltó esa posición. Su buen palmarés a tan corta edad hizo que el FC Porto de Portugal se fijara en él.

En marzo de 2013, con 20 años, recibió el llamado de José Pékerman para las eliminatorias a Brasil 2014. Pero un tirón hizo que el club portugués lo bajara de la convocatoria. Un saldo pendiente de Héctor, quien considera que es un lateral izquierdo que puede aportarle muchos condimentos a la selección.

Gustavo, quien actualmente se dedica a ser un cazatalentos muy cercano a las divisiones menores del Deportivo Cali, cree que hay muchos aspectos que deben mejorar los entrenadores para potenciar a sus jugadores, porque a veces terminan haciendo el efecto contrario.

“En Colombia hay estrategas, pero otros se quedarán con el empirismo de John Locke. Guardiola en su paso por Colombia dijo algo muy cierto: aseguró que cuando un jugador no rendía, iba y hablaba con él. Buscaba el problema, llegaba al fallo e intentaba corregirlo”.

Tras tres años intermitentes en el fútbol europeo y colombiano, en los cuales disputó apenas 48 partidos, el nariñense espera recuperar su mejor versión.Sabe que aún hay tiempo. Y este América de Cali, que amanece en la zona alta de la tabla de posiciones con 17 unidades, tres menos que el líder, Cúcuta, confía plenamente en él y le ha dado su respaldo.

“Héctor es un hombre de experiencia y un jugador que desde lo futbolístico me llena”, apuntó Pecoso Castro en la última rueda de prensa del cuadro vallecaucano. Ándrés Álvarez y Cristian Florez, no estuvieron a la altura. Llegó la hora de un renovado Héctor Quiñones que espera dejar atrás los fantasmas de las lesiones y consolidar su carrera. Tal y como lo imaginó en esas sesiones de entrenamiento que tuvo desde niño con su padre.

“Lo que había soñado, lo logré con Héctor. Ese será mi máximo galardón, puedo morir tranquilo”, cierra su progenitor. 

Thomas Blanco- @thomblalin- [email protected]

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Thomas Blanco Lineros - @thomblalin

Fútbol colombiano

El luchado regreso de Héctor Quiñones

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