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El fútbol colombiano está de luto. Este fin de semana se confirmó el fallecimiento de Alonso “Pocillo” López Palacio, exjugador que dejó una huella profunda en equipos históricos y en la selección de Colombia, tras haber atravesado en las últimas semanas un delicado estado de salud.
La noticia fue confirmada y lamentada por la DIMAYOR, que a través de su presidente, Carlos Mario Zuluaga Pérez, y los clubes afiliados, expresó sus condolencias a la familia, amigos y allegados del exfutbolista. Su partida marca el adiós de uno de los referentes en la posición de lateral izquierdo en el país.
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Una carrera marcada por la entrega
“Pocillo” López será recordado por su compromiso, carácter y talento dentro del terreno de juego. A lo largo de su trayectoria vistió las camisetas de Millonarios, Independiente Medellín y Once Caldas, además de integrar procesos con la selección de Colombia.
Su etapa más destacada llegó con Millonarios, club con el que fue campeón en 1978 bajo la dirección técnica de Gabriel Ochoa Uribe. Su debut en el equipo capitalino se dio cuando el plantel era dirigido por el argentino Juan Eulogio Urroiolabeitía, iniciando así una carrera que lo consolidaría como uno de los mejores en su posición.
Formado en las canchas de Manizales, López construyó su camino desde el fútbol aficionado hasta llegar a la élite, destacándose inicialmente como volante antes de consolidarse como marcador izquierdo.
Un final rodeado de su familia
En sus últimos días, el exjugador enfrentó una compleja situación médica. Había permanecido varios días internado en el SES Hospital de Caldas, donde los médicos detectaron una masa maligna en el cerebro que no podía ser intervenida quirúrgicamente.
Tras ser dado de alta, regresó a su hogar bajo cuidados paliativos, acompañado por su esposa Alba, sus hijos y su círculo cercano. Su familia había manifestado que el objetivo era controlar el dolor y brindarle calidad de vida, en medio de un panorama difícil.
Legado imborrable
Alonso López, quien cerró su carrera profesional en 1986 con el entonces Cristal Caldas bajo la dirección de Francisco Maturana, deja un legado construido con disciplina y amor por el juego.
Su nombre quedará ligado a una generación de futbolistas que marcaron época en el país, y su historia seguirá viva en la memoria de los aficionados.
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