Falleció Mike Forero Nougués, padre del periodismo deportivo en Colombia

El santandereano fue editor de deportes de El Espectador por más de 50 años y Guillermo Cano fue uno de sus grandes amigos en una relación que empezó como periodista y entrevistado. Homenaje.

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Un día de los años 50, Guillermo Cano fue a entrevistar al jefe de educación física del Ministerio de Educación, Mike Forero Nougués. De ese encuentro entre el periodista y una fuente, nació una amistad que se afianzó en El Espectador, donde el licenciado en Educación Física y Bacteriología se convirtió en uno de los pioneros del periodismo deportivo en Colombia y director de las páginas deportivas durante más de cinco décadas. Este miércoles, Forero falleció a sus 99 años y seis meses. Fue uno de los maestros del periodismo deportivo del país.

En su primer momento, entró a acompañarlo a la tarea de fortalecer el Dominical Deportivo que se inventaron en el diario para hacer presencia en el entusiasmo que vivía Colombia por los triunfos del fútbol o el ciclismo, el reconocido locutor y periodista costarricense, Carlos Arturo Rueda C. Con la primera sintonía en la radio y voz reconocida del evento más importante de la época, la Vuelta a Colombia en bicicleta, Mike Forero, Carlos Arturo Rueda C y otros hicieron de El Espectador un periódico aliado del deporte. 

Mike Forero Nougués es nada más ni nada menos que el creador del concurso del Deportista del Año de El Espectador, el reconocimiento más importante que puede recibir un deportista en el país. 

El maestro del periodismo deportivo en Colombia trabajó por más de 50 años en este diario y aunque se graduó como licenciado en educación física y de bacteriólogo, la pasión por el periodismo se la heredó a su papá, Guillermo Forero Franco.

Nacido en Piedecuesta, Santander, pero con pinta y hablado de cachaco, Forero Nougués fue padre de tres hijos  —Clemente, Norma y Patricia— y un abuelo y bisabuelo feliz. Alicia Pineda Garrido, su esposa, a quien recuerda a cada instante de su transcurrir, murió hace algunos años y por ello, desde entonces vivió solo en un apartamento al norte de Bogotá, donde sus 500 libros y revistas deportivas delatan que su pasión por el periodismo siguió vigente hasta el final. 

“Nos sentíamos en el curubito teniendo a Canito dándole a los deportes, todos en un mismo escritorio. Un mueble largo que le daba cabida a toda la redacción”, dijo en el momento de su retiro Mike Forero, evocando conversaciones de fútbol, bolos, ajedrez o béisbol. Vivieron los días de El Dorado de Di Stefano, Pedernera o Rossi, entre otros. Las épocas de las victorias de Ramón Hoyos Vallejo en la Vuelta a Colombia. Les quedaba tiempo para jugar bien al fútbol en clásicos entre la gente del periódico con pocos hinchas distintos a Santa Fe y Millonarios.

*Recordamos una emotiva entrevista que le hizo este diario hace tres años. 

Fue por más de 50 años editor de deportes de El Espectador, ¿cómo llegó y qué recuerdos tiene de este periódico?

Yo empecé en el periodismo deportivo cuando apenas tenía 16 años, en la revista El Gráfico, con un sueldo de cinco pesos. De ahí pasé a Cromos y a un programa radial en la emisora Continental. Un día, comentando algún partido del rentado colombiano, me encontré con Eduardo Zalamea Borda, intelectual y columnista de El Espectador, y de una me llevó a la que fue mi casa por más cinco décadas.

¿Cómo fueron los primeros años?

Cuando llegué, el director del periódico era don Gabriel Cano y mi compañero de deportes era el inolvidable Carlos Arturo Rueda C. Luego él salió y conformé una redacción de diez periodistas especializados. Recuerdo especialmente, en diferentes épocas, a Óscar Restrepo (Trapito), Rufino Acosta, Antonio Andraus y Rafael Mendoza. Bueno, y muchos más, pero la lista sería interminable.

¿Qué recuerdo tiene de Guillermo Cano?

El mejor ser humano del mundo. Él no era un jefe sino un amigo, el periodista con el mayor olfato del mundo y el mejor informado.

¿Cuáles fueron para usted los maestros del periodismo colombiano?

Luis Cano, Gabriel Cano, Guillermo Cano, Eduardo Zalamea Borda, Jorge Zalamea, y Juan Gossaín y Gabriel García Márquez, que comenzaron en El Espectador.

¿Recuerda el cubrimiento de su primera Vuelta a Colombia?

Mi primera vuelta fue en 1952, cuando aún no trabajaba en El Espectador. Fue en mi carro, con una grabadora tan pesada que tuve que contratar a alguien para que me la ayudara a cargar.

¿Su primer cubrimiento internacional?

Fue a los Olímpicos de 1956 en Melbourne. Yo viajé con el atleta Jaime Aparicio, a quien El Espectador ayudó a ir gracias a algunos conciertos que organizamos y al apoyo de Colgate. Viajamos en un DC-4, acondicionado con tanques de gasolina especiales. Fue toda una travesía. Tuvimos que hacer escala en Barranquilla, Panamá, México, San Francisco y Hawai.

Usted que vivió toda la época de El Dorado del fútbol colombiano, ¿qué jugador le impactó?

Yo soy muy colombianista y me quedo con Francisco ‘Cobo’ Zuluaga y Efraín ‘El Caimán’ Sánchez. Claro, es inevitable hablar de Alfredo D’Stéfano y reconocer que era un jugador de gran velocidad, recorría toda la cancha y se acercaba al área y gol.

¿Cuál es el mejor futbolista colombiano de todos los tiempos?

Yo diría que Carlos Arango, un jugador absolutamente cerebral; Alfonso Cañón, que a pesar de su estatura tenía un gran dominio personal, y el mejor de todos, Delio ‘Maravilla’ Gamboa, por su estatura, delgadez y dominio de pelota.

Cuáles han sido los grandes deportistas de la historia de Colombia?

Primero cito a Jorge Perry Villate, no fue un gran triunfador pero fue el hombre de vanguardia al ser el primer atleta colombiano que fue a unos Olímpicos (Los Ángeles 1932). También menciono a José Domingo Sánchez y a Jaime Aparicio. En boxeo, me quedo con Bernardo Caraballo y ‘Pambelé’. No se puede olvidar a ‘Cochise’ Rodríguez, un ciclista completo y naturalmente autor de frases célebres. La pesista María Isabel Urrutia es una mujer absolutamente extraordinaria.

¿Qué significa para su vida El Espectador?

Exactamente eso, mi vida, una vida supremamente agradable, espectacular. Aunque cuando paso por la antigua sede de la carrera 68 y veo que ahora hay un concesionario de carros me da una tristeza profunda, recuerdo que ahí sembré un árbol que traje de Canadá, que simboliza el deporte. Cuando vi que ya no estaba, me dolió como si hubiera perdido un hijo.

¿Una frase que describa su vida?

La soledad es importante, la suprema felicidad de la vida está en la soledad si la sabes llevar. Pero, ah falta que le hace a uno la familia. Hay momentos que no se pueden superar.

 

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