Este sábado el club embajador visita al Pasto (3:15 p.m., por Win Sports)

Felipe Jaramillo, el jugador de Millonarios que escapó de las balas

Cuando tenía seis años, el volante del club albiazul vivió el terror de la operación Orión, la acción militar que se realizó en la Comuna 13 de Medellín en 2002.

Felipe Jaramillo, de 22 años, ha jugado 639 minutos en el presente semestre. / Mauricio Alvarado

Los helicópteros sobrevolaban la zona, las balas iban de un lado a otro, los colchones en puertas y ventanas intentaban evitar la tragedia. Integrantes del Ejército, de la Policía, del CTI de la Fiscalía, del desaparecido DAS y de las Fuerzas Especiales Antiterroristas ingresaron a la Comuna 13 de Medellín el 16 de octubre de 2002. Ni los pañuelos y sábanas blancas que se agitaban como símbolo de paz pudieron frenar las ráfagas de disparos que escupían miles de armas en la denominada operación Orión, una acción armada en la que participaron más de 1.500 efectivos y la más grande a escala urbana que ha tenido Colombia, según un informe del Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación.

En medio de esa intervención estaba un niño de seis años con su familia. Huyeron de allí, de la violencia. Pero aquel pequeño no dejó atrás su gusto por patear la pelota. “Siempre he estado con un balón. Desde los cuatro años estoy jugando fútbol. Empecé a entrenar en escuelitas de barrio y a medida que fui creciendo me vinculé a otras más importantes en Medellín”, dice Felipe Jaramillo, quien nació en la capital antioqueña e hizo parte de las divisiones menores de Atlético Nacional hasta los 18 años, cuando viajó a Argentina con el propósito de debutar en primera división, aunque no lo logró.

“Mi papá fue el que más impulsó mi carrera como futbolista. Él era el que estaba más pendiente de los entrenamientos, el que me acompañaba día y noche, el que me ayudaba con los guayos y con todo”, asegura Jaramillo. En la ciudad de La Plata, donde entrenó ocho meces con el club Gimnasia y Esgrima, no contó con ese apoyo. Estuvo solo. “Allá no tenía casi respaldo, aunque una señora me colaboró mucho. Fue quien me dio el sustento para vivir”. Los problemas con un empresario lo hicieron regresar a Colombia. Mientras recordaba sus partidos jugando como defensor central visualizó el primero como profesional.

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Leones apareció en el sendero de su vida. Y llegó el anhelado día, ese en el que los nervios le recorrieron cada fibra. “Me acuerdo de que mi debut fue en Magangué, en 2017, contra el Unión Magdalena. Entré como 20 minuticos. Fue un lindo día, muy especial y lleno de emociones. Fue el comienzo de una carrera que Dios quiera sea bonita y grande”, apunta el hombre que en la actualidad juega de volante de recuperación, que admira a Carles Puyol, Casemiro y Arturo Vidal, cuyo máximo ídolo es Ronaldinho y que también se ha desempeñado como extremo.

Pese a la mala campaña que hizo regresar a Leones a la B, Jaramillo y Sebastián Gómez conformaron una dupla destacada en la mitad de la cancha el año pasado. Ambos partieron a dos de los clubes más importantes del fútbol colombiano: Gómez a Nacional y Felipe a Millonarios. “Estar aquí, en el equipo embajador, es un paso muy importante para mí, porque me da más vitrina para lograr todos mis objetivos. Estoy en un club grande, en el que puedo ganar títulos y jugar torneos internacionales”, afirma el centrocampista paisa de 22 años.

Lo único que no le gusta a Jaramillo de Bogotá son los trancones, aunque “es una ciudad que me acogió muy bien. Me encanta”. En la capital del país comparte con sus mejores amigos del plantel albiazul, Santiago Montoya y Felipe Banguero, sus paisanos. Sabe cocinar. Hacerlo lo relaja y él mismo se encarga de mantener una buena dieta que le permita rendir en la cancha. “En las concentraciones, la comida sí es diferente aquí con respecto a Medellín, pero no tengo problema con eso”.

Mientras está en las habitaciones de los hoteles se pregunta por qué no soñar con un título en el primer semestre. Esos pensamientos lo llenan de motivación. También lo logran sus conversaciones a la distancia con su mejor amigo del fútbol, Leonardo Acevedo Ruiz, jugador del Zarya Lugansk, de Ucrania. “Estuvo conmigo en las divisiones menores de Atlético Nacional. Es el amigo que tengo más lejos, pero con el que más comparto todo. Nuestras familias se la llevan muy bien”.

Jaramillo ha disputado 639 minutos en el presente semestre con Millonarios y espera hoy, contra Deportivo Pasto (3:15 p.m., por Win Sports), aumentar esa estadística. Ama estar dentro del rectángulo que forman líneas blancas, en el que pocos se destacan. Él sabe cuál es la razón para intentar ser uno de ellos en cada encuentro. “Mi mamá, mi papá y mi hermana son todo. Son por lo que yo sigo en este deporte. Además de que me gusta, es porque siempre me han apoyado y han creído en mí”, asevera el futbolista que ha sido clave en las victorias del equipo bogotano y que no ha defraudado al entrenador Jorge Luis Pinto, de quien admite que ha recibido regaños que le da con buena intención y le han servido para corregir errores y sumar aprendizajes.

“El profesor Pinto me pide mucho equilibrio, muy buen trato al balón y los cambios de orientación, pero, sobre todo, que sea un jugador líder en la cancha y que le aporte lo máximo al equipo”, concluye Felipe, un hombre que reconoce en Sherman Cárdenas y Ángelo Rodríguez a los rivales a quienes más le ha costado marcar, que escapó de las balas y que ahora solo quiere saber de fútbol y de su familia, que juega para algún día llegar a una selección, a Europa y a un Mundial.

@SebasArenas10

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Sebastián Arenas

Fútbol colombiano

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