Fútbol femenino: aficionadas de profesión

Una liga en constante peligro de extinción, un casi nulo modelo de negocio y poca transparencia en el uso de los recursos de fomento que da la FIFA son algunos factores que atrapan a esta actividad en la categoría de deporte en desarrollo.

La mayoría de jugadoras colombianas de fútbol son aficionadas, así es como son identificadas tanto en el papel como en la práctica. Aunque en los últimos años se han logrado importantes avances con la creación de la Liga Femenina, esta actividad sigue siendo considerada por la Dimayor y la FIFA, como un deporte en desarrollo y no profesional.

El problema es que recientemente el fútbol femenino ha aparecido en los medios más por las polémicas que por su evolución. En marzo pasado se conocieron denuncias sobre falta de recursos, acoso a jugadoras y falta de garantías laborales, entre otras. Eso desvía la atención de los problemas estructurales, de los grandes obstáculos que impiden que realmente despegue. Los puntos por solucionar van desde la inestabilidad financiera y legal de los clubes y la liga, hasta el casi nulo modelo de negocio. Además, contrario a lo que todos piensan, sí hay plata. Es momento de pensar a fondo este deporte.

Los secretos a voces del balompié

En primer lugar, hay que distinguir entre deporte profesional y en desarrollo, ya que son diferentes en el papel y en la práctica. Esto es esencial para entender cómo se considera el torneo del fútbol colombiano femenino. Países que nos llevan años de historia en el balompié femenino, como Japón y España, aún no llaman a sus ligas profesionales. Las jugadoras son mujeres que no tienen un contrato directo con los clubes y no son remuneradas por una suma mayor a la que necesitan para cubrir sus gastos relacionados con el fútbol. Los clubes no reciben derechos de formación por las futbolistas. Para la FIFA, esas dos condiciones son necesarias para que el fútbol femenino se profesionalice.

Sin embargo, algunos clubes profesionales colombianos tomaron ventaja de este tipo de mecanismos y llevaron a sus equipos jugadoras aficionadas que se habían formado en otros inscritos en la Difútbol a jugar en sus plantillas. Muchas futbolistas optaron por ir a jugar en Santa Fe, América, Júnior o Tolima, así que los clubes aficionados perdieron a sus figuras.

Una vez se terminaba el campeonato profesional, de apenas dos meses, en su primera y segunda versión, las jugadoras debían recategorizarse (pasar de profesionales a aficionadas) para jugar torneos el resto del año. Ese proceso tenía un costo de casi $1’200.000, dinero que muchas no tenían y por lo que se quedaban sin entrenar. Testigo de ello fue Paula Villarriega —jugadora que se ha desempeñado como arquera de clubes como Fortaleza F.C. o Atlético Nacional—, quien comentó que en el primer año de la Liga (2017) sucedió esto, pues jugadoras que no querían tener una inactividad prolongada por la terminación de la primera Liga, quisieron participar en el torneo federativo mayores de la Difútbol y se quedaron sin poder hacerlo. “Para jugar nos tocaba ser reclasificadas y eso tenía un costo. Las que nos quedamos acá en Colombia tuvimos que buscar distintos proyectos, porque nos quedamos sin competiciones por casi un año”, explicó.

Para Carlos González Puche, director de Acolfutpro y especialista en derecho deportivo, el cobro tiene que ver con un decreto en 1976, pero es abiertamente ilegal. “La Corte estableció que no debe haber ningún tipo de restricciones para que un jugador pueda desarrollar libremente su personalidad para jugar en la condición de aficionado”.

Según Liliana Zapata, una mujer con más con 30 años de trayectoria en el fútbol y fundadora de Formas Íntimas, el club aficionado más veces campeón en torneos de Difútbol, la Liga carece de cualquier lineamiento profesional, pues ha tenido una duración de dos meses y el 60 % de las jugadoras tuvieron contrato por cuatro meses y los ocho restantes han quedado en el limbo.

Así, la Liga, que era un sueño, se convirtió en una pesadilla para aquellos que habían dedicado su vida a este deporte y habían luchado durante muchos años por una liga profesional. La desilusión fue mayúscula al ver que las condiciones profesionales fueron mínimas.

Para la cubana Mayrilian Cruz Blanco, exgerente de la FIFA para el Desarrollo del Fútbol Femenino, quien vino a Colombia para evaluar el desarrollo de la primera liga colombiana, “el concepto de aficionadas las limita a ellas y sus posibilidades como jugadoras. Todas ellas están invirtiendo tiempo y esfuerzo y debe haber algo que los cubra”.

Su opinión sobre la Liga en Colombia es contundente: no se trabajó lo suficiente, pues en el país aún no se cree en el fútbol como un producto rentable. “Cuando fui a Colombia en 2017, el objetivo fundamental era ser el país pionero en Sudamérica. Esa era la estrategia que se tenía. Me acuerdo muy bien de que fue fundamental promover el deporte y mirar desde el punto de vista comercial para identificar las avenidas para seguir fomentándolo”.

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En esto coincide la fundadora de Formas Íntimas: “Los equipos en nuestro país no tenían proyectos de fútbol base, por lo que tuvieron que recurrir a clubes de la Difútbol que hemos llevado procesos por más de veinte años. Muchas de las jugadoras aceptaron irse con la ilusión de jugar profesional, pero a nosotros no nos informaron, no se nos pidió transferencia y ni siquiera un permiso”, aseguró Zapata, quien no se cansa de repetir la frase: “Yo sí quería una liga, pero no así”.

Eso generó que un día las jugadoras se acostaran inscritas por un club aficionado en la plantilla del Experto de Gestión de Competiciones (Comet) —un software en el que se lleva el registro y se administran todos los datos de los actores en el fútbol— y se despertaran registradas en el mismo sistema a nombre de los clubes profesionales que les habían endulzado el oído.

Eso, que los clubes aficionados califican como injusto, la Dimayor lo define como legal, pues su sustento jurídico se encuentra en dos decisiones de la Cámara de Resolución de Disputas de la FIFA en 2011 y 2015, que se refieren a que el derecho de transferencia en el fútbol femenino no aplica, ya que es un deporte en desarrollo.

En realidad, el fútbol femenino no pretende tener las mismas condiciones del masculino, que tiene más tradición y apoyo económico, sino que exige mayores oportunidades para crecer.

Inversión internacional

La reglamentación no es, sin embargo, el único obstáculo en la ruta de consolidación del fútbol femenino. Su sostenibilidad, retorno de la inversión y eficacia comercial son otros factores que se interponen.

Según Mayrilian Cruz, entre 2015 y 2018 las federaciones recibían entre US$20.000 y US$40.000 anuales (entre $70 y $150 millones) para impulsar el balompié femenino. Esa cifra ha aumentado gracias al FIFA Forward, un documento con las directrices de la entidad para los próximos años. Para recibir la totalidad de esos recursos, las federaciones deben implementar una liga o campeonato juvenil. De esta manera tendrían derecho a US$1’000.000 para su promoción y organización.

En medio de estos documentos se encuentra un asunto que llama la atención. Una de las peticiones de las jugadoras para desarrollar la Liga en Colombia fue una mejor y mayor comunicación y comercialización del campeonato. De acuerdo con documentos de la FIFA, entre 2015 y 2018, la institución ofreció una campaña de mercadeo llamada Life Your Goals que proveía a las federaciones hasta US$30.000 para el fomento del fútbol femenino; además, brindaba asesoría y las herramientas en temas de mercadeo.

De acuerdo con el actual plan de la rectora del fútbol, de 2018 a 2022, por concepto del fútbol femenino se invertirán hasta US$1’000.000 anuales para gastos de funcionamiento de los cuales US$500.000 serán desembolsados en enero de cada año para la actividad diaria, la administración y los gastos de funcionamiento por cada federación miembro. Y hasta US$500.000 desembolsados en julio, siempre y cuando la federación miembro realice hasta diez actividades específicas, como competiciones masculinas, femeninas y juveniles. Adicionalmente, con la idea de que el fútbol crezca y lo disfruten aun más personas, la FIFA implementará una estrategia para duplicar el número de jugadoras hasta alcanzar los sesenta millones en el mundo.

¿Sin músculo financiero?

El expresidente de la Dimayor, Jorge Perdomo, aseguró que la inversión de la primera Liga Femenina en Colombia fue de cerca de $4.000 millones, cifra que se cubrió en parte con aportes que hicieron FIFA y Coldeportes, además de clubes y patrocinadores.

En pocas palabras, sí hay plata, pero se argumenta que no es suficiente para todo el gasto que conlleva una competición profesional. La Federación Colombiana de Fútbol, por su parte, financia la preparación y participación en eventos internacionales de las diferentes selecciones femeninas, aunque ha sido blanco de críticas por parte de algunas jugadoras, ya que en ocasiones no han contado con las condiciones ideales para entrenar y competir.

Según Jorge Enrique Vélez, presidente de la Dimayor, la operación y ejecución de la próxima Liga profesional las tendrá que asumir la institución en su totalidad: “Queremos cumplir y hacerla, pero el Gobierno se comprometió a invertir y hasta ahora nada ha llegado. El costo lo vamos asumir nosotros y el presupuesto que tenemos nos asegura esta y la Liga entrante”.

Asimismo la gran mayoría de los presidentes de los clubes que han participado en las Ligas argumenta que sus equipos no representaron ganancias, sino pérdidas. Eso, sumado también a los bajos ingresos que generan sus equipos masculinos, hizo que dudaran de participar en una nueva versión del campeonato de mujeres.

De acuerdo con Juan Andrés Carreño, presidente de Santa Fe, al final del ejercicio financiero a lo largo de estos dos años hay que decir que los resultados fueron deficitarios para el club, pues inicialmente se invirtieron $1.500 millones y luego se gastaron $800 millones más, que no se pudieron recuperar.

A su voz se le suma la de Diego Perdomo, presidente del Atlético Huila, quien indicó que a pesar del esfuerzo de la Dimayor por hacer la Liga, todavía no es sostenible porque no hay los patrocinios suficientes. Su club gastó $2.000 millones durante las dos temporadas profesionales, pero no obtuvo el retorno de la inversión. “Si el Estado no cumple con lo que prometió (ayudar a conseguir financiación) y nosotros no vemos una liga interesante, definitivamente no podríamos continuar con el proceso del fútbol profesional y pasaríamos a jugar aficionado”, concluyó Perdomo.

No obstante, hay quienes afirman que el fútbol femenino es sostenible siempre y cuando se invierta de una manera adecuada y se respeten los procesos. Édgar Merino, fundador de la empresa Solo Cracks de Chile, una agencia de representación de jugadoras, asegura que el talento de las jugadoras latinoamericanas está invisibilizado.

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Hoy en día, su empresa representa a cerca de 103 futbolistas de varias nacionalidades, sobre todo argentinas, chilenas, colombianas y españolas, y tiene convenios con firmas como Samsung, Movistar, Santander, Gatorade, Adidas, Nike y Kotex, entre otras. “Hay que apostar por un producto, posicionarlo y potenciarlo. A veces se cree que por el simple hecho de ser deportistas se tiene que tener apoyo, pero las empresas quieren un retorno de la inversión y para ello el producto debe ser atractivo”, resaltó Merino. Así mismo, la futbolista Bárbara Santibáñez, representada por Solo Cracks y quien hace parte de la selección de Chile y del Zaragoza F.C. de España, afirmó que jugar fútbol en Europa y Latinoamérica es muy distinto: “En España, por ejemplo, hay empresas privadas que apoyan la Liga y se nota que cada año crece, tanto en forma deportiva como de marketing. Esta temporada hubo récord de asistencia en partidos femeninos y eso quiere decir que la gente le cree y lo ve. A nivel deportivo, las futbolistas están mejor preparadas; viven del fútbol, por ende, se preocupan mucho de mantenerse físicamente”.

La Liga de Inglaterra es otro ejemplo. La Super Liga de Mujeres (WSL, por sus siglas en inglés) es la primera en tener los mismos beneficios y deberes que la Liga profesional masculina De acuerdo con Kelly Simmons —directora de Fútbol Femenino de la Asociación de Fútbol— argumentó que “la Liga Femenina ya tiene nueve grandes patrocinadores. Acá mantenemos un perfil alto y a medida que crece el juego, salen más patrocinadores y se logran más negocios. Estamos a unos cuantos años de que el fútbol femenino se considere sostenible. La clave está en que los grandes equipos inviertan”. Tatjana Haenni, exdirectora de Fútbol Femenino de la FIFA y actual directora de la Asociación Suiza de Fútbol Femenino, también asegura que se han dado pasos importantes para el desarrollo, en temas de cobertura mediática, acuerdos de patrocinio y marcas que incrementan la visibilidad; sin embargo, explica que “los países más fuertes se desarrollarán primero y el resto los seguirá. En el fútbol femenino todos aprendemos de todos, porque somos muy jóvenes, pero ahora es un buen momento para la profesionalización de este deporte.

Pasos para mejorar

En Colombia, lo más importante es consolidar el fútbol base y juvenil, pues no hay procesos. Para Diego Bedoya, director técnico de la plantilla femenina de Atlético Nacional, hablar de proyectos es la clave para que el fútbol femenino tome la ruta adecuada. “Nacional es el único equipo profesional colombiano que tiene constituida una plantilla de fútbol base desde hace más de diez años. Tenemos cerca de 250 mujeres practicando en escuela, en las divisiones menores y equipo profesional, porque creemos en los procesos formativos”, aseguró Bedoya.

Por ello, entidades como Coldeportes han fijado la mira en la obtención de mayores recursos para la Liga y ha propuesto la instauración de una Liga Universitaria, tal como en Estados Unidos, un país en el que las ligas estudiantiles son las que mantienen el flujo de jugadores para las profesionales, como la NBA o la NFL.

Ernesto Lucena, director de Coldeportes, aseguró que implementar una liga universitaria significaría tener un deporte para educar, “hemos venido adelantando diálogos con universidades. Este año la entidad patrocinará junto a la Asociación Colombiana de Universidades (Ascun) las finales nacionales universitarias”.

A favor de la iniciativa se encuentran no solo dirigentes y voces internacionales, sino también personas que llevan más de veinte años inmersos en el balompié de mujeres, quienes aseguran que muchos talentos se pierden porque las jugadoras no se pueden dedicar de lleno al deporte, puesto que no es una carrera rentable para ellas.

Álvaro Duarte, director técnico de la Universidad del Rosario y exdirector de Equidad Seguros, señaló que “deben elegir entre jugar o estudiar y ese es un error inmenso, porque yo conozco jugadoras de distintas universidades que tenían toda la capacidad para enfrentar un torneo femenino profesional, solo que desgraciadamente no tenían un respaldo económico para optar por el fútbol como una carrera”.

Mayrilian Cruz agrega que “hay que incentivar a las niñas a que jueguen fútbol desde temprana edad. Todos los países que están a la cabeza del fútbol femenino están trabajando fuerte en el fútbol base. Es el caso de Japón y de Estados Unidos”.

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Ejemplo de lo anterior es Valentina Duque, quien hizo parte de clubes aficionados de fútbol femenino en Colombia, jugó en la Selección sub-17 y tuvo la oportunidad de ser becada por la Universidad de Míchigan, en Estados Unidos. “La diferencia es abismal, en un partido de la universidad ingresaban cerca de mil personas, en Colombia eso no se da ni siquiera en la Liga profesional, señaló la jugadora.

Por ahora, la apuesta del Gobierno de vincular grandes marcas que apuesten por el fútbol femenino sigue en veremos y la posibilidad de obtener un ingreso permanente, por medio de las ganancias derivadas de los operadores del negocio de apuestas online por medio de Coljuegos, quedó sin piso. En un mes comienza una nueva Liga financiada con recursos de la Dimayor y los clubes, porque no hay claridad sobre los apoyos que prometió el Gobierno para fomentar una mejor liga que se salve, de una vez por todas, del peligro de extinción.

 

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Salua Murad Rodríguez / El Mal Economista

Fútbol colombiano

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