George Saunders, el inglés que se enamoró del fútbol colombiano

El volante británico, que lleva cinco años jugando en el país, se ha convertido en el hombre del equilibrio en el Envigado, equipo del que es capitán y figura.

El inglés George Saunders es volante de marca y capitán del Envigado F.C. / Luis Benavides

Un niño practica el fútbol por la belleza y el placer que significan jugar porque sí. No importa el lugar recóndito del mundo en el que se encuentre, la idea siempre es la misma. El balón se encarga de unir razas, de convertir diferentes idiomas en uno, de borrar los límites.

Eso le pasó a George Saunders, quien a los ocho años dejó Londres para vivir en Jávea (España) por el trabajo de sus padres. No sabía español, pero dejó que la pelota hablara por él. Gracias a sus cualidades no tardó mucho en hacer amigos, quienes le enseñaron a dominar el idioma. “La necesidad de comunicarte con los demás te obliga a aprender rápido”, es la frase que repite el inglés cuando se le pregunta cómo lo aprendió.

Ese amor que siempre mostró por el fútbol hizo que su familia gestionara su ingreso a uno de los mejores equipos del mundo, el Arsenal. A los nueve años llegó a la cantera de la escuadra londinense. “Duré dos años allá. Vivía con mis tíos. En ocasiones mis papás iban a visitarme y en los veranos yo viajaba a España para estar con ellos. A los 11 años me devolví a España”, recuerda Saunders, quien ingresó entonces a las divisiones menores del Villarreal. Siempre jugó como volante de marca, rompiendo juego, recuperando balones. Llegó a destacarse porque tenía la capacidad de dar el primer pase limpio, que era clave para los ejercicios de contragolpe.

Desde los 15 años, empezó a deambular por España debido a los diferentes compromisos de sus padres.

Hasta que, con apenas 17 años, el Espanyol de Barcelona lo fichó. “En el 2009 regresé a Valencia. El Levante me contrató y estuve en el segundo equipo. Fueron dos años buenos, cerca de llegar a primera división. Sin embargo, tuve una lesión muy fuerte. Me rompí el ligamento del tobillo derecho”, cuenta.

Fue a parar al Eldense, de tercera división, en 2012. Aunque su travesía por ese equipo no duraría mucho. Entre sus conocidos de infancia estaba Luis Valero, quien era el abogado del América en 2013. “Él me conocía desde los 14 años, soy muy amigo de su familia. Venía a verme cuando estaba en el Villarreal, siempre siguió mi carrera. Me dijo que estaban buscando un volante de marca y había propuesto mi nombre”.

No lo pensó dos veces cuando le ofrecieron venir a Colombia. Era un nuevo aire y no tenía mucho que perder. Así que se arriesgó. Hizo una prueba de dos semanas en el club escarlata y logró quedarse en el equipo. “Cuando vi que el América era uno de los equipos con más seguidores en el país, me encantó”, recuerda.

En Cali logró su sueño de jugar en un estadio lleno, aunque no eran los mejores tiempos de los diablos rojos, que cumplían su segunda temporada en la B y luchaban con uñas y dientes por salir del infierno al que cayeron al perder la promoción frente a Patriotas.

Pero Saunders no tuvo problemas para adaptarse. “Me ayudó mucho que hablaba bien el español, si no, hubiera sido difícil”, señala. Está claro que Cali es muy diferente a España, pero terminó enamorándose del país. “Sólo tengo cosas lindas que hablar de Colombia y de como me han tratado acá”, reconoce.

En la capital del Valle conoció a quien ahora es su esposa, Diana Carolina. Aunque en sus primeros años no logró consolidarse en un equipo, pues además de América pasó por Fortaleza, Unión Magdalena y Patriotas, ella lo acompañó en cada aventura, fue su confidente, su apoyo, quien le dio fuerzas en los momentos más difíciles.

Ahora tienen un hijo de seis meses, que se llama Sebastián, y George está cada vez más amañado en el país, aunque, como les pasa a todos en la vida, ha tenido que luchar para llegar a donde está. Su momento más difícil lo vivió en Santa Marta. “Me costó un poquito adaptarme. Llegué con una lesión en el abductor y me demoré en recuperarme, así que jugué con dolor y molestias durante cinco meses. El calor era muy fuerte. Las canchas no estaban en las mejores condiciones. Cuando jugábamos a las tres de la tarde no rendía igual, era muy duro”.

En 2015 debutó en primera división con Patriotas y en el segundo semestre de ese año llegó a Envigado, gracias, nuevamente, a una gestión de Valero.

Se estableció en Medellín y parece haber encontrado su lugar en el mundo. Ha trabajado fuerte para lograr sus objetivos. Es el eje del mediocampo naranja, en el que su claridad con el balón y su despliegue físico son fundamentales, tanto que se convirtió en el capitán del equipo, con el que aspira a meterse entre los ocho mejores del torneo. ¿Después? No sabe, tal vez una oportunidad en un equipo grande, porque no se cansa de repetir que quiere “salir campeón”.