Geovanni Banguera, el nuevo cerrojo cardenal

El arquero nariñense es el nuevo refuerzo de Santa Fe, que no podrá contar en el primer semestre con los lesionados Leandro Castellanos y Róbinson Zapata.

Geovanni Banguera, nuevo cuidapalos albirrojo.
Geovanni Banguera, nuevo cuidapalos albirrojo.@SantaFe

Aunque apenas tiene 23 años, Geovanni Banguera es un hombre de grandes retos. Sabe muy bien lo que quiere y trabaja arduamente para lograrlo. Es serio y disciplinado dentro y fuera de la cancha. Jamás pierde un minuto de su tiempo, ni deja en manos de la Divina Providencia su anhelo de convertirse en el mejor. Hasta hace poco era un chiquitín descalzo que pateaba pelotas en canchas de tierra y en calles sin nombre en su pueblo natal, El Charco (Nariño). Hoy es el flamante refuerzo en el arco de Independiente Santa Fe para la temporada 2019. Nació para triunfar y ahora quiere hacerlo en Bogotá.

De niño siempre soñó con ser futbolista profesional. Y su mamá, Emiliana Delgado, apoyó ese anhelo. Ella siempre tuvo claro que en el pueblo iba a ser difícil que lo lograra. En El Charco, en ese entonces agobiado por la violencia, la pobreza y la corrupción, había dos opciones para salir adelante: emigrar y buscar oportunidades en ciudades cercanas o enfilarse como recolector de coca. Entre 2001 y 2007 el municipio conoció el espejismo de la bonanza cocalera y por las calles corrió mucho dinero. Algunos lo aprovecharon para mejorar sus casas o poner uno que otro negocio, pero esto incrementó el número de bares y burdeles, y aumentó la cifra de desplazados y muertos.

Banguera, con tan solo nueve años, emprendió su camino a Cali. Llegó a la casa de su tía Geo con más ilusiones que certezas. Jugaba de lo que lo pusieran. No tenía una posición definida. Era un joven espigado, rápido y con buen remate. Se probó en la escuela Sol de América. En un partido lo probaron en la portería y los entrenadores quedaron sorprendidos con su actuación. Deslumbró con sus estiradas, sus reflejos y sus atajadas.

Sus sueños eran tan grandes que siempre supo sortear las dificultades. Después de salir de Sol de América en busca de nuevas oportunidades, vivió una experiencia que lo marcó. “Llegué a probar en un equipo y el profe que nos entrenaba —de quien prefiere no dar el nombre— era amanerado. Le gustaban los hombres y le caían mal los morochitos. Era un poco racista”, cuenta entre dientes. No duró más de tres meses, pero logró sortear ese mal momento, aprender de él y seguir adelante con la cabeza en alto.

Después llegó a Senderos Deportivos y fue allí donde su camino en el fútbol se ensanchó. Brilló en los torneos de la Liga del Valle y el Deportivo Pasto se fijó en él. Fue Diego Guerrero quien lo ayudó a dar el gran salto e incorporarse a las divisiones menores del club nariñense.

Y el debut como profesional llegó antes de lo esperado. Con tan solo 16 años lo alinearon en un partido en Armenia contra el Quindío, por Copa. Nunca se imaginó que iba a debutar tan temprano. En ese momento el Pasto estaba pasando por una difícil situación económica y los titulares no quisieron jugar, así que llamaron a los sub-20 para afrontar el encuentro. “Arranqué muy nervioso, pero poco a poco me fui acomodando. Siempre hay que tomar las cosas con calma. Para eso uno se entrena: para saber afrontar esos momentos. Y esto, más allá de los resultados y el negocio, sigue siendo un juego y hay que divertirse. Si uno no lo hace, siempre va a tener esa carga”, dice con la misma seguridad con la que se destaca en la cancha y que le ha servido para ser una de las figuras del Huila en las más recientes temporadas.

“Para uno ser grande en la vida primero tiene que ser buena persona. La fama es algo que siempre te nubla la cabeza”, le dijo su tía Geo apenas firmó su primer contrato.

Y eso piensa él ahora que llega a Santa Fe y afronta un reto. Mucho mayor, pero pequeño para lo que quiere en el futuro: emular a sus ídolos, Iker Casillas y Gianluigi Buffon.

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Jesús de La Hoz

Fútbol colombiano

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