Iván Mejía Álvarez y sus 50 años en el periodismo deportivo

Perfil-entrevista con uno de los mejores comentaristas de fútbol del país. Asegura que dejará la radio a final de año y que desde su retiro quiere dedicarse a escribir. Advirtió sobre las malas prácticas de Luis Bedoya en Colfútbol y asegura que tiene sus reparos frente al manejo de la Dimayor.

Iván Mejía Álvarez, en la Eurocopa de Naciones 2008.El Espectador

Uno de los pesos pesados del periodismo deportivo en Colombia, por kilos y por canas, cumple 50 años de oficio este 2018. Iván Mejía Álvarez ha sido odiado, insultado y amenazado de muerte por ser sanguíneo en su trabajo, pero también es respetado por su audiencia y por sus colegas, pues dice lo que piensa sin arrodillársele a nadie.

Así fue siempre desde que llegó a este mundo en Cali, justo a la mitad del siglo pasado. Nació el 16 de septiembre de 1950. A sus 18 años empezó en el cuento del periodismo escrito. Luego hizo radio con grabadora y micrófono al hombro por los camerinos de Medellín, también hizo televisión y habló de boxeo y de ciclismo, pero se cansó de cubrir la Vuelta a Colombia porque bebía a cántaros durante los 20 días de carrera y ese ambiente pernicioso fue excluyente con el matrimonio que ha sacado a flote junto a María Isabel Casas. Van para 41 años de experiencias matrimoniales y tienen una familia con dos hijos y dos nietas. Esas cuatro décadas y monedas son argumento suficiente para que María Isabel describa a Iván como “generoso, buen ser humano y crítico porque no traga entero”.

María Isabel e Iván, además, son prueba viviente de que lo que unió el amor, no lo puede separar la pasión por el fútbol. Ella es hincha de Millonarios y él del América. De esa unión con el sello de uno de los clásicos más atractivos del fútbol colombiano nacieron dos hijos, Tatiana e Iván Andrés. Tatiana ya le dio la felicidad más grande a sus padres al volverlos abuelos y lo hizo por partida doble. Hace tres años y medio nació Emma, la primera nieta. Y hace dos años y medio llegó la segunda, Ana. Las dos transforman en un arequipe al abuelo ácido que pone a temblar de miedo a los directivos corruptos, a los hinchas, a los jugadores y a los técnicos del fútbol colombiano.

Iván Mejía Álvarez es un ejemplo de trabajo, compromiso y constancia. En 50 años la sudó como pocos y por eso hoy logró una vejez envidiable, pues sus días transcurren en el paradisiaco Club Karibaná de Cartagena, el cual, entre otras cosas, tiene el mejor campo de golf de Colombia, según las palabras del propio Iván. Ahí lo visito para charlar. Llego por una ruta que inequívocamente debe terminar en Iván Mejía, pues el Karibaná queda en las afueras de Cartagena y después de atravesar un condominio con el nombre más colonial que existe en Colombia en pleno siglo XXI: Barcelona de Indias.

            Las indicaciones para llegar a Karibaná son claras y catalanas, como el corazón culé de Iván, pues justo en Barcelona de Indias hay que tomar la desviación que marca el Centro Comercial Las Ramblas, cuyo nombre obedece al paseo entre el puerto y la plaza central de Cataluña, en donde el año pasado el Estado Islámico perpetró un atentado y el terrorismo se disfrazó de furgoneta y atropelló a inocentes que sufrieron, pero que respondieron con una frase tan contundente como Iván Mejía: “No tendrán nuestro odio”.         

            Con el recorrido catalán terminado empezó el toque-toque verbal. Iván llegó a la cita con un bronceado completo, el blanco leche de su piel solo se conserva de sus tobillos para abajo. Su pinta es la de un abuelo veraniego de 67 años. Viste una bermuda, mocasines y camiseta. Sus ojos son de un verde transparente que no se advierte por televisión y su bigote blanco tiene el tamaño exacto entre el de Charles Chaplin y el de Vicente Fernández. Vamos al restaurante del Club de Golf, donde todos los días hace algo para matar el tiempo. “Aquí vengo a diario a jugar o a caminar y conversar, así sea alcanzando pelotas”. Iván pide dos jugos de corozo para mojar la palabra y da el pitazo inicial para la entrevista: “Bueno, a lo que vinimos”.

¿Usted nació sin pelos en la lengua o se los fue quitando con los años de oficio?

Desde chiquito no tengo pelos en la lengua, por eso tuve tantos problemas con mi papá, porque siempre dije todo.

¿Cómo recuerda la Cali de sus primeros años?

Una Cali sensacional, con mucho chontaduro, mango verde, maní en cucurucho, donde se caminaba y se andaba en grupos. Yo tengo un magnífico recuerdo de Cali, donde viví desde el año 1962 a 1968, por eso fue sensacional porque es la etapa en la que uno como joven va descubriendo el mundo. Nosotros vivíamos muy cerca de la Plaza Caicedo en el Barrio Centenario, al frente de lo que era el Colegio Berchmans y eso me permitía ir al golf y al centro sin problema.  

 

¿Qué heredó de su madre, Luz Álvarez, y de su padre, Óscar Mejía?

De mi padre a ratos el mal genio y de mi madre me hubiese gustado heredar muchas más cosas. De los dos heredé el comentario duro, ambos eran colombianos fuertes, mi papá era de Pereira y mi mamá era de un pueblo que se llama Pácora, en Caldas.

¿Recuerda alguna pela memorable que se ganó por rebelde?     

¡Uy! Mi papá me pegó tantas pelas que no puedo decir una sola. Mi papá era adicto al regaño y al castigo físico.  

¿Muchas veces uno se hace hincha por herencia ¿fue su caso con el América?

No, yo me hice hincha del América en El Campín. Yo soy hincha del América porque al primer partido de fútbol que fui, viviendo en Bogotá, fue un Millonarios-América en 1958. Ese día le ganó Millonarios al América cuatro goles a uno y me gustó el perdedor, yo siempre estoy con las causas humildes.

¿Cómo fue esa etapa de enamoramiento de pelao con el América?

De niño mi afición por el fútbol fue impresionante. Yo seguí atentamente, y teniendo 10 años, la campaña del América del 70 con Adolfo Pedernera, Museñe, Charol González, El Muelón Rojas, Juan Manuel López y todos esos. Yo recortaba las fotos de los equipos que salían en esa época en El Tiempo y en El Espectador y las pegaba en mis cuadernos con engrudo hecho con almidón de maíz y con agua. Así hacía los álbumes de fútbol de la época. Así me aprendí todas las alineaciones.  

¿Cuándo decide irse a Medellín?

En 1967 me fui solo para Medellín. Dejé la familia que ya vivía en Cali y arranqué solo a buscar la vida en Medellín.  

¿Usted estudió en el Instituto Jorge Robledo (Medellín) y al revisar los principios filosóficos del colegio este me llamó la atención: “[…] la Libertad es una conquista que se debe conservar con la disciplina del trabajo”. ¿Considera que la aceptación general de su libertad de opinión se la ganó a punta de disciplina?

A punta de disciplina y seriedad, de corroborar, cuando digo una cosa estoy seguro de lo que estoy diciendo. A mí me han tratado de callar de muchas maneras con demandas y amenazas, pero no han podido. Le voy a poner un ejemplo, cuando todo el mundo idolatraba a Luis Bedoya yo me cuestioné: “¿nosotros quintos en el mundo y con esos partidos tan raros, cobrando una miseria?” Si hubo alguien que pregonó dos o tres años antes lo que estaba haciendo Bedoya fui yo.

Denunciar y recibir demandas implica un desgaste impresionante por el sistema judicial colombiano ¿eso le importa cuando informa?

Siempre pierdo plata en abogados y viajes porque defenderse es costoso, pero yo en eso no pienso, más bien pienso en que tengo una verdad, en que conozco la verdad y entonces voy para adelante. Soy obstinado y terco en eso y si me parece que las cosas no se están haciendo bien y tengo razones para decirlo, lo digo. Eso me ha servido para que la gente tenga la imagen de una persona independiente y con criterio para decir las cosas. Yo no trago entero, como ahora por ejemplo que no trago entero con el manejo de la Dimayor y con tantas cosas del manejo del fútbol colombiano.  

¿Qué le quedó para la vida de sus tres años de Derecho en la Universidad de Medellín y cómo fue de estudiante?

Muchos latinajos y la sensación de que el Derecho es muy torcido porque siempre ganan los que tienen plata. Como estudiante fui de regular para abajo. No era bueno, yo tengo buena memoria para memorizar una alineación, pero no para memorizar un código.  

1968 fue un año particular en el mundo por los movimientos sociales y las masacres estatales. El ambiente era un hervidero en Francia y se vivieron las repercusiones en América Latina. Los Juegos Olímpicos desataron infinidad de críticas en México, pasó la masacre de Tlatelolco y justo ese año usted llegó al periodismo como corresponsal del diario La Patria: ¿cómo evoca hoy ese debut?

Yo arranqué siendo estudiante de bachillerato del Jorge Robledo y arranqué por unas coincidencias de la vida. Javier Giraldo Neira, que ya trabajaba en medios, era novio de una prima. Ella me lo presentó en Medellín y yo le pedí una credencial para ir a fútbol gratis. Él me la dio pero me dijo que lo llamara y le contara como había sido el partido. Entonces así lo hicimos, yo lo llamé y él me preguntó por las formaciones, yo las di pero las di en desorden. Ahí él me enseñó para toda la vida que la formación se da en el orden que corresponde, primero el arquero, luego el lateral izquierdo, los centrales, el lateral derecho, los volantes de marca, los creadores y los delanteros. Así lo hicimos como tres veces, yo le contaba y él publicaba. Luego Javier se ocupó mucho y me dijo que lo escribiera yo, me corrigió algunos detalles y así empecé en La Patria.    

¿Cómo extiende su trabajo de corresponsal desde Medellín para El País, La República y Nuevo Estadio?

El trabajo mío les gustó y me llamaron de esos medios para que les hiciera lo mismo. Cuando menos pensé tenía un centro informativo desde Medellín para tres periódicos y apenas estaba en sexto bachillerato (grado once para los lectores de hoy). Un día llegué al Atanasio y El Mono, que era un portero, me dijo que me necesitaba don Wbeimar en la cabina. Yo fui y él me dijo que le gustaba la gente nueva y que me había leído cosas interesantes. Así arranqué en la radio, en Radio Visión. Me vinculé en mis inicios con ese par de grandes, Javier Giraldo Neira y Wbeimar Muñoz son mis dos maestros y las dos personas a las que les agradezco estar metido en esto.  

¿Recuerda cuáles eran los pequeños lujos que se daba con los pesos que se ganaba en esa época?

Ganaba muy poquito, apenas para subsistir. Con eso comencé a pagarme la habitación y a salir un poquitico para conocer la vida.

¿Por qué cambia la eterna primavera paisa por la nevera bogotana en 1972?

Como ya había vivido en Bogotá el frío no me dio duro. Carlos Arturo Rueda me invitó a trabajar. Yo ya había hecho partidos internacionales y cubierto la Vuelta a Colombia, por lo que decidí no ser abogado sino periodista y el periodismo deportivo estaba en Bogotá. Carlos Arturo me hizo una oferta muy buena para El Periódico, de Consuelo Montejo, donde había un notable grupo de periodistas. Carlos Arturo era el director, estaba Carlos Alberto Rueda que había sido Director de Deporte Gráfico y Jorge Uribe, tal vez uno de los mejores periodistas colombianos. Era el corresponsal de La France-Presse y un tipo que escribía supremamente bien. La verdad es que hicimos unas maravillosas páginas deportivas.

Usted fue uno de los miles de colombianos que zarpó a Europa a lucharla en los 70, ¿por qué dejar la comodidad que ya había alcanzado en Bogotá?

Era muy aventurero y me fui a vivir una experiencia. Recuerdo que los tiquetes fueron una odisea. Primero Bogotá-Miami por Aerocóndor. Luego, Miami-Bahamas por AirBahamas. Después, Bahamas-Luxemburgo por AirLuxemburgo y ahí agarro un tren a París. No se me daba el francés, entonces ahí no era. A los tres días llegué a Madrid y no me gustó, como no me gustan hoy los madrileños. Al final llegué a Barcelona. Ahí me sentí cómodo y me quedé dos años.

¿Qué trabajos le tocó hacer para mantenerse?

¡Qué no hice! Repartí cartas, recogí fruta, cargué ladrillos, subí ascensores, repartí encomiendas, trabajé vendiendo telas, hice de todo. Si no trabajaba, no comía.

¿Y en Barcelona el periodismo se le dio?

Nunca me dieron la oportunidad, ellos son complicados con los sudacas. Pero yo trabajaba y mandaba artículos internacionales para la Revista Vea y Nuevo Estadio. Cubrí la pelea de Bennie Brisco y Carlos Monzón. También cubrí a Rocky Valdez en Montecarlo y me tocó conocer a Carolina de Mónaco cara a cara. Cubrí la pelea de Mantequilla Nápoles contra Carlos Monzón, fui a dos premios de Fórmula 1. Me debía mover mucho para buscar billete.    

El destino quiso que usted estuviera en Barcelona cuando Johan Cruyff y el Fútbol Total llegaron a dar espectáculo, ¿fue eso lo que lo hizo culé?

Yo no conocía el Barcelona, ahí me hice hincha. No como todos los nuevos hinchas del Barca que por Yerry Mina ya se saben la historia. En esa época pude ver ese equipazo 3 o 4 veces. Curiosamente hace unos meses recordaron tal vez uno de los goles más famosos de la historia del Barcelona. Jugaba el Barcelona contra el Atlético de Madrid y yo estaba en el Camp Nou, en gallinero, en la parte de arriba porque no tenía acceso a más. Y recuerdo perfectamente el vuelo de Cruyff en el aire y la forma en la que le pega un taconazo a la pelota sobre la raya final para hacer un gol de espectáculo. Vi el video y se me puso la piel de gallina porque yo estuve en ese partido.    

¿A su regreso en 1975 quién le vuelve a dar la mano para que siguiera en Bogotá haciendo lo que más le gustaba?

Tomo la corresponsalía de Nuevo Estadio y luego trabajo en RCN-Radio con Alberto Piedrahita Pacheco y Hernando Vidales.

¿Qué tienen en común la milanesa, Osvaldo Juan Zubeldía e Iván Mejía?

Cuando Wbeimar me vuelve a convocar para trabajar en Medellín, yo me hago buen amigo de Osvaldo Zubeldía. Él vivía solo en el Hotel Nutibara y yo vivía cerca, por eso él nos visitaba seguido para hablar de todo un poco. Él me enseñaba de fútbol y mi señora, María Isabel, nos daba una milanesa exquisita con huevo frito encima que le encantaba a Zubeldía.

¿Cómo es la historia de unas boletas de fútbol, intercambiadas por un número telefónico de una mujer churra en el Club Choquenzá del Banco de la República y que terminó por unir su vida con María Isabel Casas?

Estaba en el año 1975 y yo trabajaba con el periódico El Pueblo de Cali, era corresponsal en Bogotá. Se jugaba la Copa América del equipo del “Caimán” Sánchez contra Uruguay. Yo estaba jugando fútbol en el Club Choquenzá y tomé unas fotos de un grupo de amigas. Hablé con la que hoy es mi señora e hicimos un trato, yo le conseguía boletas para el partido y ella me conseguía una salida con una de sus amigas. La verdad es que yo le conseguí las boletas y ella no me consiguió la salida, me la cambió por un matrimonio de casi 41 años ya.   

¿Tuvo que sudar la camiseta para conquistar a María Isabel?

Sí, yo soy constante, pero al principio fue amistad y lo que sucede en el amor, comenzamos a salir, nos enamoramos y tuvimos un noviazgo corto, como de año y medio, después nos casamos.

¿Qué lo convenció de María Isabel para que a sus 27 años se aplomara y luchara por un Sí en el altar?

Cuando el corazón habla no hay nada qué hacer. Cuando te enamorás, te enamorás.

¿Quién es María Isabel Casas en la vida de Iván Mejía?

Es la persona más importante. Realmente es mi compañera de vida, mi compañera de viaje, la socia. Ella manda en la casa, lleva las cuentas, lleva el hogar, maneja los hijos, las nietas, yo lo único que manejo en mi casa es el control del televisor y cuando no tengo el control significa que algo anda mal.

En esta época de divorcios exprés, ¿cuál es la fórmula para tener 40  años de matrimonio?

Paciencia, mucha paciencia, como el juego del Barcelona, una para adelante, dos para atrás, de lado a lado. Esto no es fácil, se necesita mucha paciencia de lado y lado.

Volviendo a 1977, época en la que el periodista deportivo debía cubrir todos los deportes ¿cómo logró la madurez necesaria para encarar a los jefes y plantearles que solo quería hablar de fútbol y abandonar el boxeo y el ciclismo que en ese momento eran los deportes más significativos en Colombia?

En 1977 termina la Vuelta Colombia que eran 20 días de pura bebida. O se bebía o se dormía y yo hacía lo primero. A los dos días de terminar el trabajo me caso y pienso que eso no podía seguir así. Entonces dije “no más, no más otros deportes” y me dediqué a hablar de fútbol. Fue una buena decisión porque a mí los periodistas que hablan de todo no me ofrecen credibilidad.

¿Desde aquella decisión cuántos mundiales ha cubierto?

Los cubrí todos menos el de Corea y Japón porque quedaba muy lejos. A ese Mundial no fue casi gente de Colombia.

De 1977 a 1987 marca sus primeros pasos contundentes dentro del periodismo colombiano. Ahí llegan las amenazas de muerte y usted decide protegerse y no volver a Medellín desde 1987. En esa década señaló los nexos del fútbol con el narcotráfico y criticó la rosca paisa, ¿hoy se arrepiente de su crítica férrea o si volviese en el tiempo lo haría de nuevo?

Se hizo en el momento por una causa y fue cierto. La selección tuvo demasiada influencia paisa, no niego que tenían cosas buenas, pero solo valían los jugadores antioqueños. Y del narcotráfico fue evidente la relación con el fútbol paisa, pero eso no terminó ahí, porque todo estaba ligado, llegó a Bogotá con Gacha y a Cali con los Rodríguez Orejuela. Equipo que no tuviera su narco de cabecera era un equipito. Esa ha sido la única forma de traer figuras ayer y hoy, excepto con Fuad en el Júnior y Ardila en Nacional.   

¿El narcotráfico y luego el vandalismo fueron los causantes de que el fútbol perdiera esa esencia familiar para ir a disfrutar de un espectáculo con abuelos, padres, hijos y nietos?

Yo a mi familia la saqué muy rápido del Estadio. Mi hijo es hincha de Millonarios y estando muy niño tuvo la mala fortuna de meterse a un partido con Los Comandos. Le tocó salir corriendo, lo tuvieron que proteger porque lo iban a linchar por ser hijo mío. Este tipo de delincuentes comunes se aprovechan de un niño de doce años simplemente porque es hijo de determinado señor.

Nadie se consolida sin embarrarla, el periodista de mil batallas se forja de los muchos errores que comete a lo largo de sus años de trabajo, con eso en mente ¿puede recordar tres errores que no olvida?

Sí, muchos. 50 años hablando y escribiendo tenés que meter la pata mucho, pero esos errores son cosas que me reservo para mí, muchas veces recuerdo las embarradas y me rio solo, pero no las saco en público.

Usted ha pasado por todos los formatos y trabajos periodísticos, pero se aburrió de la presentación en televisión, ¿por qué?

¡Nooooo! Irse uno toda una tarde a un noticiero para salir dos minutos y cuando ya estás preparado sale la directora a decir “bajen los deportes” y no vas, te quedas hecho una pelota y yo dije no más. No volvería a presentar ni noticiero, ni nada. A duras penas voy a televisión a ver los partidos y a La polémica.

 

¿Qué tiene El pulso del fútbol que se transformó en un ícono del periodismo colombiano de las últimas décadas?

Es un programa auténtico, no es un programa acartonado, es raro, diferente, con opiniones, con matices. En la época de Peláez éramos dos viejos, dos veteranos con muchos recuerdos. Cambió, se fue Hernán, se retiró, decisión que lamento porque podría estar ahí triunfando. Llegó César Augusto que es un target diferente, trajo otro tipo de cosas, trajo una audiencia nueva. Debo decirlo con mucho orgullo, cuando se fue Peláez muchos pensaron que El Pulso se había acabado y debo decir que hoy tenemos más audiencia que nunca.     

¿Se acaba El Pulso si se va Iván?

No, yo no puedo decir eso, sería muy ególatra. Yo me voy el 23 de diciembre de este año, ese día hago el último Pulso y se acabó. Ya se verá que a los dos meses me han olvidado, la audiencia es así. Seguramente el día que yo me tome un tiempo de descanso llegará un nuevo formato con César. Yo tomaré la misma actitud de Peláez, “hasta aquí llegué, hasta aquí escucho”. Peláez no oye La Luciérnaga ni El Pulso, porque pensaría “yo lo hubiese hecho diferente” y así lo haré yo.    

¿Quién es Hernán Peláez para Iván Mejía?    

Es un gran maestro, es un hombre muy interesante periodísticamente. Es el Rey Midas del periodismo. Un tipo con un criterio y una inteligencia para captar las audiencias de forma extraordinaria, pero yo no soy amigo personal de Peláez. Somos conocidos, nos estimamos, nos vemos y charlamos, de vez en cuando nos llamamos. Tuvimos una muy buena amistad al aire, la gente pensaba que nosotros éramos panas y andábamos para arriba y para abajo, pero yo en 15 años de programa con Hernán si almorcé dos veces con él, no almorcé tres.

¿Por qué si en radio y en tele le va tan bien, la prensa escrita es el tipo de periodismo que más lo llena?

Bueno porque yo comencé en prensa escrita y me gusta mucho escribir. Una de las cosas que tengo en la cabeza es que quiero escribir cuando me pase la fiebre del retiro. Si Dios me permite y tengo vida y tengo salud quiero escribir, hay un par de cositas que tengo en cabeza que quiero trabajar para tener algo que hacer.

¿De todos los grandes que entrevistó en su carrera a quién recuerda con especial agrado?

Yo entrevisté mucho a Cochise, tuve una muy buena relación con él que fue un verdadero grande. También cuando inicié con el Noticiero Criptón le hice una nota muy buena a Maradona, pero de todos los futbolistas quizá el trabajo que más recuerdo es con Willington Ortiz, además de que fue un jugador fantástico, tengo que decir que hoy valdría 200 millones de euros como mínimo. Ese fue uno de los mejores reportajes que hice cuando él debutó, me contó cómo trabajaba en el aserradero y desde entonces soy amigo de Willington, siempre que lo veo le doy un gran abrazo, lo quiero mucho y para mí es el mejor jugador colombiano de la historia.   

¿Qué pasó con João Havelange en México?

Eso fue para el Mundial de 1986, yo me metí al hotel en el que estaba hospedada la Fifa. Me pilló Havelange y me dijo: “¿Usted qué hace aquí?” Yo le dije que era periodista y él me increpó: “¡Usted no tiene nada qué hacer aquí, su lugar es allá (afuera del hotel), nosotros los directivos aquí!” Me sacó del hotel. Pensar que terminó como un viejo bandido, ladrón, corrupto.

¿Qué le ocurrió al fútbol colombiano para volver a un Mundial después de los 28 años que pasaron entre Chile 1962 e Italia 1990?

Tuvimos la fortuna de armar la selección alrededor de un equipo. En esa época Maturana hizo de Atlético Nacional un símbolo. Nacional jugaba realmente bien con unos preceptos tácticos novedosos en Colombia, la zona lineal, la presión y cosas muy interesantes. Esa Selección trabajaba toda la semana y dos o tres refuerzos. Ese equipo jugaba muy bien, por eso la rosca paisa, pero hoy en día es muy difícil jugar bien porque no entrenan juntos.   

Una virtud y un error de Pacho Maturana y del “Bolillo” Gómez

Con los años aprendí a conocer más a Maturana y a “Bolillo”, son muy diferentes. Tengo muy buena relación con Pacho y tengo un profundo respeto por él porque ve muy bien el fútbol. Me duele que le haya ido tan mal con el Once Caldas, claro que no tenía nada, con esa nómina mala echan hasta a Guardiola. Bolillo es un tipo menos concentrado tácticamente, en el sentido de que “Bolillo” sí le gusta la zona, pero varía un poco más, Pacho se quedó en la zona lineal y eso pasó de moda. Virtudes tienen muchas, ambos son dos técnicos que aportaron, pero justamente esa disputa con Maturana y con “Bolillo” llevó a que yo no volviera a Medellín y esté amenazado de muerte.       

¿Qué es “El Pibe” Valderrama para el fútbol colombiano?

Identidad. ¡Ojalá tuviéramos un Pibe cada generación, qué jugador brillante!

¿Por qué el Tino Asprilla no fue el mejor jugador del mundo?

Tenía todas las condiciones, pero se dedicó a comerse media Europa.

¿Por qué fracasamos en tres Eliminatorias consecutivas?

Teníamos nóminas, pero no tuvimos buenos equipos. No sabíamos a qué jugábamos, nos creímos el cuento de que éramos muy buenos, cosa que nos está pasando ahora, y perdimos el rumbo, el estilo, el juego, todo. Además, cambiamos mucho de técnico y eso lo sufrió el grupo.  

¿Qué hizo bien Pékerman para clasificarnos dos veces y qué hizo mal en estos seis años?

Pékerman es un tipo serio, trabajador en algunas cosas, descuidado en otras, pero tiene un lastre al lado que es Pascual Lezcano. Ese es su mayor problema, un empresario ávido de poder, que sabe cómo se maneja el poder y yo sinceramente creo que así nos vaya bien, mal o regular el ciclo de Pékerman debe terminar el día que se nos acabe el Mundial de Rusia.  

¿Qué debe hacer Colombia para volverse a encontrar con el buen fútbol que mostró en Brasil 2014?

En las Eliminatorias Colombia no jugó bien tres partidos completos. Lo primero que veo yo es que hay que encontrar el puesto de James. Hay que darle la posibilidad de que él sea el volante de armado, para que funcione la llave James-Falcao. El equipo debe darle el balón a James porque la Selección Colombia no da cinco pases seguidos. Si James es el conductor, funcionamos.  

Si tuviese que armar unasSelección Colombia de todos los que jugaron o jugarán alguna vez un Mundial, ¿cuáles serían los elegidos de su lista?

Córdoba, Ospina y René. Diego León Osorio, Zúñiga, El “Coroncoro” Perea, Andrés Escobar, Mario Yepes, Villa y Armero. Leonel, Hárold Lozano, Fredy Rincón, Valderrama, Redín, Cuadrado, Iguarán, James, Falcao, Asprilla, “El Tren” y Léider.  

Si tenemos tan buenos jugadores colombianos en el mundo, ¿por qué tenemos directivos tan corruptos y mediocres?

Por lo mismo que este país es tan bueno y tiene tan malos políticos, esa materia prima es pésima, eso como que es genético. Los políticos nuestros son una porquería.

¿Por qué dejar el frío bogotano por el calor cartagenero?

Estaba mamado de Bogotá. Mamado del frío, de los trancones, mamado de los problemas de Bogotá. Fue una decisión absolutamente acertada, correcta. Vivo en este sitio delicioso, todos los días tengo algo que ver con el golf que es lo que más me gusta, juego y no aprendo, sigo siendo muy malo, pero ya es por preparar un retiro que es inminente. Ya tengo 68 años, ya no tengo que joder más. Desde mi cuarto hago El Pulso desde que llegué aquí y vivo feliz.

¿Cuál es el principal error del periodismo deportivo de hoy?

Muchos jóvenes hablan de todo, no se especializan en un tema y creen que hacer buen periodismo es tener el whatsapp de Falcao o de James.  

¿Cómo debe prepararse un comentarista de futbol?

Hay que saber y para saber hay que estudiar, leer y estar actualizado. A mí me gusta mucho la táctica y yo trato de no enredar a la gente, en mi comentario busco ser profundo, pero sencillo, que se entienda y creo que lo consigo.

¿Cree que está en el podio de los analistas de fútbol colombiano con más madrazos recibidos?

Sí, uuuu, claro, junto a Vélez y Meluk.

¿Por qué después de generaciones siguen los mismos veteranos y se mantienen vigentes en el comentario futbolístico?

Algo tenemos. Tenemos conocimiento, la gente a mí me oye y me cree. También me insulta, pero me oye y me ve. Las encuestas, sin querer ser petulante ni agrandado, dicen que los referentes somos los mismos y tenemos la mayor aceptación. Nosotros inventamos, somos creativos y tratamos de ser originales. El periodismo que marca lleva un sello propio y personal, el resto es periodismo vulgar sin análisis.

¿No se puede leer eso como una crisis en el periodismo?

Sí hay una crisis, hoy hay mucho nuevo y muy pocos preparados. Hoy quieren aprender a ver fútbol con Google y Google no te enseña a ver fútbol. Nosotros, la generación mía, Peláez, Hernández, Mejía, Vélez, nos nutrimos de El Gráfico. Aprendimos de táctica leyendo a Juvenal, aprendimos a captar la parte humana, la sensibilidad y la terminología. Los de hoy leen a Olé y Olé no te enseña nada.     

Tres consejos para un joven que hoy quiere ser periodista especializado en fútbol

Prepárense, prepárense y prepárense.

¿Qué es ser abuelo?  

Es la sensación más bella. Yo no tenía ni idea, pero es una sensación única. Que las niñas, en mi caso que tengo dos nietas, te digan “Tatá” o “dame helado” es una sensación de cariño que dan los nietos y que solamente los abuelos sabemos qué es. A mí ser abuelo es de las cosas bellas que me ha pasado en la vida. Amo mis nietas, soy feliz con ellas, juego con ellas, para mí es una experiencia inolvidable.  

Con los 50 años de oficio, Iván Mejía fue construyendo un léxico propio que hoy se ha vuelto moneda de cambio en las charlas sobre fútbol a lo largo y ancho de Colombia. Aprovechando que lo tengo al frente, le pido estos significados:

Cometa: termino argentino para aquellos dirigentes, empresarios y técnicos ladrones que se quedan con un pedazo de los contratos de los jugadores.

Mequetrefe: pequeños seres que pueden insultar y matonear en una tribuna o en twitter porque te insultan escondidos detrás de un nickname.

Lenteja: lento, un Mascherano.

Petardo: Algo malo, un Petro, por ejemplo.

Bodrio: Un De la Calle.

“Yo no sé hacer empanadas, pero sé distinguir entre una buena empanada y una mala empanada”.

Esa frase la usé para zanjar una pelea en la que mucha gente cree que, si yo no fui jugador de fútbol; entonces, no puedo hacer crítica de fútbol, eso es ridículo.

Cuándo se cumplen 50 años de oficio siempre se quiere decir algo más, ¿qué quiere decir?

Que me iré este año si todo sale como está previsto, me voy feliz de haber hecho una profesión bonita. Que me voy feliz de haber logrado un respeto, una credibilidad y unos niveles grandes de audiencia por donde he pasado. Que me voy feliz de haber podido encontrar, sin ser un profesional de universidad, una forma de ganarme la vida, de vivir bien, de darle estudio y de darles todo lo que he podido a mis hijos. Estoy inmensamente agradecido con toda la gente que me soportó y con toda la gente que no me soportó, pero me ayudó a seguir.