Kaká habló del 10 de la selección

Kaká: “A James no se le olvidó jugar fútbol”

El futbolista brasileño admite que en Real Madrid todo se lleva al extremo. Su historia en el club español tiene coincidencias con la del volante colombiano.

Kaká estuvo en Moscú, Rusia, invitado por Adidas para presentar el balón oficial de la Copa del Mundo de 2018.

El nombre de Ricardo Izecson dos Santos Leite podría pasar inadvertido en la mayor parte del planeta. Le pertenece a un futbolista de 35 años que apenas hace días se quedó sin equipo al no acordar la renovación con el Orlando City, de la MLS. El fútbol lo conoce como Kaká —así se les dice en Brasil a quienes se llaman Ricardo—, dos sílabas que se pronuncian rápido, pero que cargan con el peso de un Balón de Oro, un Mundial, dos Copas Confederaciones, una Liga de Campeones y títulos en Italia, España y Brasil, entre otras distinciones y trofeos.

Aún no sabe si seguirá jugando fútbol o tomará otro camino, pero lo cierto es que el balón lo persigue. Llegó a Moscú para presentar la pelota con la que se disputará el Mundial de Rusia 2018 y, de paso, atender esta charla.

De no ser por la sombra de la barba que ahora se deja y el cabello corto, se podría asegurar sin mayor oposición que su aspecto no ha cambiado desde que debutó con São Paulo en 2000. Son 17 años de carrera en los que aprendió que el éxito o el fracaso están más cerca el uno del otro de lo que se cree. Dependen de un gol marcado, un penalti errado, una asistencia buena o una decisión mal tomada.

Con el número 22 en la camiseta se convirtió en figura del Milan, ganando la Champions y el Balón de Oro en 2007, un premio mayor teniendo en cuenta que venció en el galardón a los mismísimos Cristiano Ronaldo y Lionel Messi. Es el único que se ha dado tal lujo.

“Es increíble ganar individualmente en un deporte que es colectivo y en el que a todos les gustaría decir: ‘Soy el mejor de todos’. Intenté mantener un buen nivel y entender que ese premio fue por lo que se hizo en equipo. Siempre agradezco a todos mis compañeros del Milan por lo que ganamos”, responde Kaká mientras evoca el recuerdo del que fue el clímax de su carrera deportiva.

Justamente, confía en un compatriota suyo para acabar con la hegemonía de Cristiano y Messi: “El fútbol no es una ciencia exacta, entonces es difícil decir qué va a pasar en el futuro, pero diría que el próximo Balón de Oro después de la era de Cristiano y Messi será Neymar”.

Eso de que no se sabe qué pasará mañana en el fútbol lo tiene bien aprendido Kaká. Varias veces la vida lo ha puesto a prueba. Como cuando despuntaba con São Paulo y se golpeó la cabeza con el fondo de una piscina tras lanzarse de un trampolín. Los médicos catalogaron como un milagro que lograra caminar con una ruptura en la sexta vértebra del cuello a cuestas. No sólo caminó, sino que se exhibió por las mejores canchas del mundo ganando títulos.

Otra caída también lo marcó. Esta vez conoció un dolor diferente. Dejó el Milan como estrella para llegar al Real Madrid (2009) como uno de los fichajes más costosos y ambiciosos de la historia, pero terminó con el sabor de la frustración en la boca. Los 65 millones que Florentino Pérez pagó parecieron mucho para los 28 goles que el brasileño consiguió en 113 partidos oficiales durante cuatro temporadas.

“El Real Madrid es un club en el que todo va al extremo, tanto para el lado bueno como para el lado malo, entonces uno tiene que adaptarse a la forma como se viven las diferentes situaciones con la prensa o la afición. Para un jugador vivir la experiencia de estar en el Madrid es muy buena, porque crece muchísimo, principalmente como persona”, explica hoy.

Su salida del Santiago Bernabéu tiene varias similitudes con la del colombiano James Rodríguez, quien a mitad de año se marchó de la “casa blanca” luego de tres temporadas y dos títulos de Champions debajo del brazo. A ambos les costó la figura del volante español Isco Alarcón, quien llegó al club como promesa en 2013, justo para acelerar la salida de Kaká y, además, se convirtió en fundamental para el actual técnico Zinedine Zidane, restándole opciones también al colombiano.

“Lo que nos pasó a James y a mí le puede pasar a cualquier jugador, y no sólo en el Real Madrid. Uno hace cambios que se imagina que van a salir de una manera y por muchas situaciones no salen como a uno le gustaría”, admite mientras deja salir, despacio, palabra por palabra, y reflexionando la respuesta a una pregunta que ya no lo inquieta acerca de su pasado vestido de blanco.

Sobre el adiós del cucuteño, hoy en Bayern Múnich, tiene aún más cosas por decir: “Esto es claro: a James no se le olvidó cómo se juega al fútbol. Él sigue siendo un grandísimo jugador y va a encontrar su mejor forma en su nuevo equipo y seguro que va a seguir jugando bien en la selección”.

Kaká no considera que la posición del volante de creación desaparezca, por mucho que el fútbol se haga más rápido. Y recurre, de nuevo, al número “10” colombiano como ejemplo para abogar porque en el futuro esa figura se mantenga. “Cada vez el fútbol es más rápido, pero este tipo de jugadores como James se adaptan muy bien. Él ya está adaptado a un fútbol de mayor velocidad. No hay que olvidar que fue el mejor jugador del último Mundial”.

Justamente, al equipo dirigido por José Pékerman lo tiene bien valorado de cara a Rusia 2018, aunque no esconde que su favorito al título es uno solo. “Colombia es una buena selección, que consiguió una generación de jugadores en un buen momento y listos para hacer un gran Mundial, pero mi favorito es Brasil. Llegamos muy bien y después de lo que nos pasó en 2014 tenemos jugadores más maduros, con más experiencia y en un gran momento en Europa. También me gusta mucho las selecciones de Francia, España y Argentina”.

Se ríe cuando habla de los argentinos y deja salir picardía en sus palabras. “No hizo una buena eliminatoria, y por eso mi miedo es que Argentina repita lo que nos pasó a nosotros en 2002 -suelta una carcajada-. Cuando una selección llega de esa forma gana mucha fuerza, que fue lo que nos pasó, tanto en 1994 como en 2002, cuando llegamos desacreditados para el Mundial y al final ganamos también por ser un equipo de tradición, que es algo que le puede pasar a Argentina”. Imaginarse al equipo de Messi como campeón le apaga lentamente la sonrisa.

Se acaba el tiempo. Una mujer rusa, muy seria, casi inexpresiva, le advierte a Kaká que el reloj ha llegado al límite pactado. Él, sin embargo, acepta tomar la camiseta de la selección de Colombia en sus manos y posar para la foto. Además, agradece la charla, pregunta en qué medio se va a publicar y envía saludos. Mientras espera la próxima entrevista juega con el balón y sonríe como si luego de media vida dándole patadas a la pelota no tuviera demasiado. Como si estuviera todavía decidiendo su futuro.