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En la ciudad de Curuguaty, a cuatro horas vía terrestre de Asunción (Paraguay), creció Roberto Ovelar, el goleador del Júnior de Barranquilla, quien tiene soñando a los hinchas del cuadro tiburón con una nueva estrella. Su familia tenía una finca en la que sembraban yuca, tomate, algodón, entre otros frutos. Claro que su infancia no fue fácil porque económicamente había dificultades. Le tocó salir a las calles a vender banano y lotería para poder ayudar a sus padres. Leonardo Ovelar, su padre, fue perseguido por la dictadura de su país y duró cinco años escondido, lo que obligó a Roberto y a sus hermanos a aprender a guerrear la vida.
Luego de unos años, se fueron a vivir a otra ciudad, en la que el fútbol se convirtió en un respiro a tantos problemas. Claro que por las mismas falencias económicas, no había posibilidad de dedicarse únicamente al balón, así que Roberto y su hermano Luis, hoy en día futbolista de la primera división de Paraguay, se hicieron empíricamente, hasta que en un torneo aficionado los vieron y les dieron la mano para llegar a ser profesionales.
La potencia que lo caracteriza hoy es algo innato. El trabajo en el campo lo fortaleció físicamente y aunque ha tenido que ir puliendo algunas características de su juego, el delantero de 30 años siempre fue goleador. Comenzó como juvenil en el equipo Karende de la Liga Mallorquín, en el cual se mantuvo bastante tiempo. Luego de eso fue descubierto por un cazatalentos de uno de los equipos más importantes de Paraguay, el Cerro Porteño, a donde llegó cuando el técnico era el argentino Gustavo Costas. Debutó en 2006 ganando el título de Primera División de ese año, anotando entre ese torneo y el posterior 10 goles.
En 2008 se unió a Universidad San Martín de Porres, equipo de la Primera División Peruana que fue el último campeón de liga en aquel momento. En San Martín ganó el título del Campeonato Descentralizado y fue figura anotando nueve goles en 30 partidos, lo que le abrió las puertas del Cruz Azul de México. Sin embargo, no tuvo una óptima temporada y retorno a Perú, pero en el Alianza Lima, nuevamente dirigido por Gustavo Costas.
De la Católica de Chile regresó a Perú y en 2014 se unió al Júnior de Barranquilla, club en el que se ha ganado el corazón de la hinchada con tan sólo 10 meses vestido de tiburón. Con el 9 en la espalda, Ovelar ha marcado 14 goles, uno de ellos el que le anotó en el juego de ida de las semifinales de la Liga Águila al Tolima en Ibagué, lo que le da al Júnior la opción de consolidar, en casa mañana (7:30 p.m., por Win Sports) su paso a la gran final de la Liga. El equipo dirigido por Alexis Mendoza ya ganó en esta temporada el título de la Copa Águila, ante Independiente Santa Fe.
Roberto es un hombre tranquilo y familiar, muy apegado a su esposa Gladys y sus hijas Valentina y Angie. Uno de los golpes más duros que ha sufrido fue la muerte de su hijo Jhonatan, quien con tan sólo tres meses de nacido, por problemas de corazón dejó de vivir. Pero ese tipo de vivencias lo han hecho fuerte como un búfalo, justamente el apodo que ha llevado desde que inició su camino en el fútbol. En Barranquilla se siente feliz, su familia se ha acomodado al calor de la gente costeña y él es uno de los más queridos. Las experiencias con atacantes paraguayos no había sido positiva para los seguidores del club de la capital del Atlántico, pero él ha sido la excepción a la regla.