Júnior vs. América, 7:00 p.m.

¿La décima del tiburón, o la 14 del diablo?

En el estadio Metropolitano de Barranquilla se jugará el partido de ida de la final de la Liga Águila. El cuadro costeño buscará su tercera estrella consecutiva y el conjunto caleño ratificar con un trofeo su renacer.

Julio Comesaña y Alexandre Guimarães, entrenadores de Júnior y América, respectivamente.

El metodo Comesaña

Pocas personas conocen tan bien la idiosincrasia del hincha del Júnior como Julio Avelino Comesaña. El técnico uruguayo le tiene la medida a Barranquilla y al club que mejor la representa.

(Dos grandes se citan en la final)

Reconoce que su amor por la capital del Atlántico fue a primera vista, por allá a comienzos de 1972, cuando la visitó por primera vez vistiendo los colores de Millonarios. El viejo estadio Romelio Martínez lo impactó, no por su estructura y menos por su gramado, sino por la calidez de su hinchada. Tanto que al año siguiente fichó por el Júnior y selló una relación que ya lleva 47 años y que ha dado como fruto cinco títulos.

De jugador, Pelo ‘e Burra, como le dicen cariñosamente los fanáticos tiburones, ganó la Liga de 1977, y como entrenador suma tres Ligas, además de una Copa Colombia.

“Le tiene el tiro al club”, asegura Héctor Fabio Báez, el gerente de la institución y uno de los hombres de confianza del estratega uruguayo.

Y tiene razón, pareciera que Julio sabe perfectamente en qué momento irse, dar un paso al costado, pero dejando las puertas abiertas. No en vano ha regresado nueve veces a dirigir al equipo rojiblanco.

Comesaña es una persona tranquila, pero temperamental. Generalmente está de buen humor, pero se da licencias para salirse de los chiros. Y su estilo para manejar el grupo es igual. Les da libertad a sus jugadores, pero sabe perfectamente cuándo halarles las riendas.

Es planificador, aunque entiende la realidad del lugar donde está. Quisiera trabajar a la europea, pero en Curramba eso es imposible. Por eso cede cuando considera que se puede.

Comesaña habla mucho. Y si es de fútbol, todavía más. Disfruta los partidos y los entrenamientos, pero sufre con los viajes y las concentraciones. De hecho, se queja constantemente del trajín del fútbol moderno, en el que “se corre mucho y se piensa poco”. Insiste en que “hay cantidad, no calidad”, al referirse a futbolistas, técnicos y hasta directivos.

Pero él a los suyos, los de la familia Char, los ha sabido lidiar. Tanto que hasta fuertes peleas han superado. Es más grande el cariño de tantos años.

Julio trabaja duro, pero lo hace de una manera simple. A los jugadores no intenta llenarles la cabeza de conceptos, sino prepararlos para cumplir con un libreto más bien básico. Es ortodoxo a la hora de armar y parar sus equipos. Prefiere la seguridad defensiva y la improvisación adelante. Un conservador que a veces se arriesga. Lo hizo esta semana en Ibagué, con un par de modificaciones para cambiar el módulo atrás. Le salió.

¿Sus claves? Hacerles sentir a los barranquilleros, hinchas y periodistas, que es uno más de ellos. Promocionar jugadores de la casa y tener tacto para manejar a las figuras.

“Disfruto lo que hago, pero me gustaría tener más tiempo para leer, pensar, razonar”, dice, como pronosticando su retiro, o su cambio de posición en el club, pues podría convertirse en una especie de mánager deportivo, para dedicarse a planificar y proyectar el club.

Por el tri

Este Júnior modelo 2019 ha sumado 89 puntos en la temporada, 44 este semestre, y es el equipo que menos goles permitió, 41 en 54 juegos, lo que habla bien de su línea defensiva. No tiene un gran goleador, pero varios de sus jugadores anotan. Contra América, con Sebastián Viera, Víctor Cantillo y Teófilo Gutiérrez como estandartes, buscará su décimo título, tras los conseguidos en 1977, 1980, 1993, 1995, 2004, 2010, 2011, 2018 y 2019-I. Además ha sido subcampeón en 1948, 1970, 1983, 2000, 2003, 2009, 2014, 2015 y 2016. Su gran deuda es un título internacional. En 2017 perdió la final de la Copa Sudamericana en la definición por penaltis con Atlético Paranaense de Brasil.

El renacer de América

Después de la época dorada, de finales de Copa Libertadores y títulos en Primera División, apareció el declive americano, antes de llegar el nuevo milenio. La inclusión en la lista Clinton como sanción del gobierno estadounidense a los dineros ilícitos del narcotráfico hicieron difícil el manejo financiero en América y alejaron a los patrocinadores. Producto de ello llegó el golpe más duro de la historia, el 17 de diciembre de 2011. Luego de una tanda de penales, en la que el arquero de Patriotas e hincha de América Carlos Chávez anotó el penal de la sentencia, el gigante escarlata descendió a la Segunda División. Aquella noche desembocó en una avalancha de violencia, lágrimas y sentimientos destrozados. América pagó sus culpas. El club debía buscar una sanación económica que derivara en la deportiva, esa que se tardaría en arribar.

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El primer partido de América en la B fue contra Real Santander. La sensación era extraña y de rabia en los fanáticos escarlatas, quienes se ilusionaron al ver que el equipo arrasó en el primer semestre de 2012 y que en el segundo tenía tres opciones de lograr el rápido regreso. Las desaprovechó todas y condenó su existencia a un año más en lo que para una institución tan emblemática es el infierno. En 2013 tampoco se dio el retorno, pero sí un respiro financiero con la salida de la lista Clinton, tras una gestión del entonces presidente Oreste Sangiovanni, hijo de José Pepino Sangiovanni, quien durante la época dorada del América fue el máximo dirigente y, por ejemplo, fue el hombre que convenció a Gabriel Ochoa Uribe de volver al fútbol y formar un proyecto exitoso en América.

Ni en 2014 ni en 2015, año del improvisado hexagonal que se realizó en Bogotá para ascender a dos equipos, América consiguió su objetivo deportivo. La desesperación aumentaba en la hinchada escarlata, que nunca dejó de tener un gran promedio de asistencia en la segunda categoría. Hasta que en 2016, ya con la inversión del nuevo máximo accionista, el comerciante Tulio Gómez, llegó Hernán Torres a la dirección técnica y con su fútbol ofensivo le devolvió el alma al diablo rojo. El 27 de noviembre de ese año Ernesto el Tecla Farías anotó uno de los goles más gritados en la historia americana, que con el sufrimiento siempre en sí, padeció el empate parcial del Deportes Quindío. Luego Cristian Martínez anotó de penal y el pitazo final de Wílmar Roldán decretó la vuelta de La Mechita.

En 2017, América llegó a las dos semifinales de la Liga, de la mano de Jorge Polilla Da Silva, ídolo escarlata por su paso como jugador. La primera la perdió ante Deportivo Cali y la segunda contra Millonarios. En 2018 volvieron los pobres resultados del América, que no clasificó entre los ocho en ninguno de los dos campeonatos. En la presente temporada Fernando Pecoso Castro dirigió la mitad del primer semestre. Tras un interinato de Jersson González, llegó Alexandre Guimarães, un estratega brasileño que logró clasificar a Costa Rica a dos Mundiales (Corea y Japón 2002 y Alemania 2006). “Quiero darle al América la identidad que hace rato no tiene”, dijo en entrevista con este diario cuando comenzaba la campaña. Lo consiguió y con su tranquilidad ha puesto al América en las puertas de unas nuevas lágrimas felices. El infierno ha desaparecido de un club cuya gestión presidencial está en manos de Ricardo el Gato Pérez, quien ha dicho que en un par de años puede que las deudas hayan desaparecido del equipo que renació.

Por la hazaña

América ya aseguró su cupo en la fase de grupos de la próxima Copa Libertadores. El torneo continental es la gran deuda en su historia, pues perdió cuatro finales: en 1985, ante Argentinos Juniors; en 1986 y 1996, contra River Plate, y en 1987, frente a Peñarol. El club escarlata tiene 13 estrellas, las que ganó en 1979, 1982, 1983, 1984, 1985, 1986, 1990, 1992, 1997, 2000, 2001, 2002 y 2008. En su lucha por la 14 ha sumado 88 puntos en el año, con una diferencia de gol de +15. Este semestre lleva 47 unidades, tres más que el Júnior, al que venció 1-0 el 4 de agosto en Barranquilla, con gol del argentino Matías Pisano por la cuarta jornada de la fase Todos contra Todos.

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Redacción Deportes - @DeportesEE

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