Por: Hernán Peláez Restrepo

La despensa

Cuando comienza un nuevo campeonato colombiano, es preciso traer observaciones válidas para nuestro fútbol. Es evidente después de la Copa América y recordando que en los campeonatos mundiales hace años desaparecieron las selecciones suramericanas como grandes protagonistas; por eso, Alemania, Francia, España e Italia, últimamente, se quedan con los títulos.

¿Por qué? Viendo la Copa América en conjunto y mirando, no hace mucho, las competencias europeas, fueran Liga de Campeones o Eurocopa de Naciones, las diferencias son amplias. Partiendo de la logística con la que organizan y del alto grado de competitividad de los seleccionados o equipos. Por supuesto que el dinero tiene un enorme factor de desequilibrio en el fútbol profesional. Las millonadas de euros invertidos en cada temporada nos van dejando, como en el ciclismo, “regados” y alejados del lote puntero.

No es el fútbol colombiano el único que vive la situación; es toda Sudamérica. Hace un tiempo, Paraguay —y es el ejemplo más fehaciente— solo tenía una meta fija: exportar jugadores, fueran de Olimpia, Cerro Porteño o Guaraní. Era la única manera de subsistir. Eso dejó de ser exclusividad de los paraguayos. Ahora todos queremos ver la salida de jugadores. Es ir y venir y probar fortuna. Por eso, Germán Mera, zaguero ahora en Júnior, o Cristian Arango en Millos, fueron a Europa, ahorraron algunos euros y volvieron. Otros como Luis Díaz, ya en Portugal, comienzan su andadura por esas tierras.

Los cazatalentos europeos se mantienen vigilantes sobre la aparición de alguna figura, donde se encuentre, desde Panamá hasta Patagonia. Todos estamos en la misma bolsa y pendientes de una transferencia para salvar la temporada.

De paso, el fútbol colombiano importa, supuestamente para que marquen diferencia, jugadores que ni siquiera han sido destacados en sus ligas de origen. Traen lo que pueden sus flacos bolsillos. Es más, para muchos es un trampolín. Podría recordar a Jonathan Gómez, que apareció en Deportivo Pasto, pasó a Santa Fe, fue a São Paulo y después a Asia y regresó a Brasil. O a Velásquez, un jugador de Águilas, que de repente se marchó a un país extraño.

Ese ir y venir atenta contra la estabilidad de un plan de juego. Jugadores que no alcanzan a identificarse con una camiseta. Todos imbuidos en la esperanza de una salida al exterior. Por supuesto que tienen el derecho y ojalá tengan la suerte de consolidarse en su trabajo.

Suramérica es la despensa del fútbol europeo, en detrimento del fútbol de la casa misma, pero así y todo los hinchas regresan con la ilusión de ver a sus equipos ganadores de algo, no motivados porque jueguen bien, sino porque ganen.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Hernán Peláez Restrepo

Final y VAR

Ya pasó

Buen rumbo

Ensayos

Angustioso