Alianzas con universidades
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La fórmula para que crezca el fútbol femenino en Colombia

Dirigentes y jugadoras coinciden en que copiar el modelo estadounidense podría ayudar a la consolidación de una liga profesional.

El equipo profesional de Millonarios tiene una alianza con la Universidad Sergio Arboleda. Cristian Garavito

Con el Mundial Femenino en Francia, que dejó al mundo sorprendido por el impacto que tuvo, con 950.000 entradas vendidas, una asistencia a la final de 57.900 personas y cerca de un millón de espectadores, los focos se dirigieron a la selección de Estados Unidos, la bicampeona, que mostró un gran desempeño deportivo y se llevó el título.

Sin embargo, detrás de este triunfo hay circunstancias que llaman la atención: 21 de las jugadoras que hicieron parte del combinado norteamericano se formaron en los equipos universitarios y compitieron en la National Collegiate Athletic Association (NCAA).

Es un ejemplo que Colombia debería seguir. Con una Liga Femenina Profesional cuyo futuro sigue siendo incierto, porque económicamente no es autosostenible y está en constante peligro de extinción, una eventual Liga Universitaria, propuesta ya mencionada por el director de Coldeportes, Ernesto Lucena, puede ser una buena alternativa para visibilizar y consolidar la práctica del fútbol femenino.

En Estados Unidos, el exitoso modelo cuenta con 1.117 colegios y universidades; cien competiciones y cuarenta asociaciones afiliadas. Las instituciones educativas tienen patrocinios de todo tipo, desde pequeñas empresas locales interesadas en promover sus marcas en una ciudad, hasta multinacionales como McDonald’s, Nike, Levi’s y Coca-Cola, entre otras.

En Colombia, lo más parecido a ese modelo son los campeonatos universitarios de Cerros y Asociación Colombiana de Universidades (Ascun), que organizan competencias en las que participan 42 universidades de la capital y 86 de todo el país, respectivamente. Aquí, son las universidades las propias patrocinadoras. Según el torneo, la categoría y la cantidad de participantes pagan cerca de $11 millones de inscripción, además de la dotación de uniformes, preparación e implementos deportivos. Ascun y Cerros se encargan de cuestiones logísticas.

De acuerdo con Lauren Ashman, directora de fútbol femenino de la NCAA, parte del éxito de la selección estadounidense se debe a la formación de las jugadoras desde temprana edad y la oportunidad que les ha dado el balompié universitario para que, además de realizar sus estudios secundarios, tengan fogueo al más alto nivel. “El modelo colegiado es la vitrina de los estudiantes que son atletas de rendimiento para que hagan lo que aman mientras representan un colegio. Nuestras alumnas deportistas tienen enormes oportunidades de ser modelos positivos a través del deporte, y el fútbol universitario ofrece ese camino”, explica.

Mark Krikorian, director técnico del equipo femenino de fútbol de la Universidad Estatal de Florida (vigente campeona de la liga), agrega que “en Estados Unidos se trabaja para preparar a las niñas desde muy pequeñas a través de clubes regionales. Luego eligen dónde quieren jugar para la universidad (a los 17 o 18 años) y una vez terminan los estudios dan el salto al profesionalismo, incluso algunas en el exterior”.

Para Daniel Carrillo, director del grupo Cerros, campeonato universitario de Bogotá, “el modelo actual es sostenible y se trata de una economía solidaria. Aunque las universidades no obtienen retribución económica, la imagen y reputación se ve favorecida”.

A su vez, Fred Asprilla, director de la Ascun, resalta que “nuestro objetivo no es la competencia sino la formación de personas integrales. Pero se está trabajando de la mano con Coldeportes para que haya una sinergia entre la propuesta que tienen y las organizaciones que hemos manejado el deporte universitario durante muchos años”.

Hay voluntad política

Ernesto Lucena, director de Coldeportes, ahora Ministerio, presentó como una de sus banderas de gestión “abrirle paso a todos los deportes en el país” y la liga universitaria es una de sus principales herramientas para lograrlo. Crear una liga competitiva, comercializarla y vender los derechos de televisión significaría hacer viable el modelo. Y las empresas privadas que aporten pueden recibir beneficios tributarios.

Ese camino ya se está recorriendo, aprovechando la cercanía y experiencia de Lucena en el ámbito universitario. El primer paso fue la confirmación del patrocinio de Coldeportes a las finales nacionales de Ascun.

También hay ya iniciativas privadas en marcha. La Universidad Sergio Arboleda ha dado los primeros pasos para la convergencia entre academia y deporte. Actualmente, la institución cuenta con 45 deportistas de alto rendimiento que estudian becados.

Según Ariel Méndez, su jefe de deportes, el fútbol femenino es su programa bandera, con el que consiguieron reconocimiento y éxito en la visibilización de lo que llaman “la universidad del deporte”.

“A la institución llegaron algunas de las integrantes de las selecciones de Colombia y con ella le dimos forma a al equipo femenino, que ahora es nuestra insignia a nivel distrital y nacional”. De hecho, ese equipo es la base del plantel con el que Millonarios juega la actual Liga Femenina.

Méndez, como todos los dirigentes de las universidades públicas y privadas, admite que el deporte universitario no genera ganancia, pero que hace parte del sello de bienestar y formación integral que cada institución quiere implementar.

De acuerdo con Juan Gabriel García, director de deportes de la Universidad de Antioquia, en promedio las universidades invierten al año $700 millones para sostener sus equipos en todas las disciplinas, lo que significa inscribirlos a torneos, proveerles la indumentaria necesaria y los recursos para practicarlo, sin tener en cuenta los gastos que conlleva la contratación de personal técnico capacitado para su entrenamiento.

Lo que opinan las protagonistas

Muchas de las jugadoras colombianas que han pasado por la NCAA coinciden en que en nuestro país el concepto sobre fútbol femenino está errado y que es un proyecto que no se ha sabido organizar.

Valentina Duque, jugadora de la Universidad de Míchigan, asegura que allá el fútbol femenino desde las instituciones de educación superior se gestiona como si fuera profesional. “En Míchigan teníamos un equipo técnico de cerca de quince profesionales; además, desde antes de comenzar el semestre ya sabíamos el calendario de toda la temporada, hora, lugar y fecha de cada partido. Teníamos nuestro propio estadio y por partido entraban cerca de mil personas”.

Por su parte, Paula Villarriaga, jugadora de Millonarios y quien tuvo la oportunidad de estudiar becada durante seis años en la Sergio Arboleda, dice que una liga universitaria en Colombia impulsaría el desarrollo del fútbol femenino. “Esto sería determinante, porque en nuestro deporte se da mucho que hay que buscar otras alternativas de vida, porque no alcanza. Muchas de las niñas no tienen dónde jugar y tienen que dedicarse a otras actividades. Yo, por ejemplo, gracias a mi carrera, no dependo del fútbol, pero muchas niñas sí”.

Futuro aún muy incierto

A pesar de que se está jugando la tercera edición de la liga profesional, ya en semifinales, el panorama del fútbol femenino en Colombia no es claro. Se ha avanzado, evidentemente, se ha logrado visibilización y respeto, pero se necesita un proyecto de ley que haga realidad la idea de Ernesto Lucena, pues una liga universitaria garantizaría continuidad deportiva y soporte económico y logístico. Las jugadoras, además, tendrían mayores oportunidades académicas y laborales.

Mark Krikorian insiste en que el fútbol femenino se ha convertido en un fenómeno global que seguirá creciendo. “En este otoño, más del 50 % de mis jugadoras participarán en sus equipos nacionales, desde Venezuela hasta Canadá o Suecia. El objetivo es que repliquen los modelos que ven acá, que puedan regresar a sus países y aportar ideas y conceptos que han sido exitosos acá”.

Concretar esta idea dependerá de jugadoras, dirigentes, entrenadores y las propias instituciones de educación superior.

 

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Salua Murad Rodríguez / El Mal Economista

Fútbol colombiano

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