Liana Salazar, la capitana de Las Leonas

Santa Fe jugó este sábado, ante Huila en El Campín, la final de vuelta de la Liga Profesional Femenina. Las dirigidas por Agustín Julio ganaron, al igual que en la ida, y se consagraron como campeonas.

Liana Salazar ha jugado en Finlandia y en Estados Unidos. Ahora es una de las figuras del primer equipo femenino de Santa Fe. / Mauricio Alvarado - El Espectador.

En la calle de enfrente de su casa en Bogotá, Liana Milena Salazar Vergara hizo sus pinitos en el fútbol, motivada por el amor y la pasión que tenían su padre Ignacio y su hermano Jeison por este deporte. Su primer equipo, al igual que muchas de las niñas que hacen parte de la primera Liga Profesional Femenina, era sólo de niños. Sin embargo, eso no fue impedimento para que Liana, con sus gambetas, se ganara un puesto.

“Mi padre y mi hermano fueron jugadores aficionados y por eso en la casa solo se respiraba fútbol. Poco a poco me fueron inculcando ese amor y comencé a ser deportista. En esa época no había fútbol femenino, así que desde los ocho años integré el club La Cometa en mi barrio”, contó la actual capitana de Santa Fe.

A pesar de que mostraba destreza con el balón y que se destacaba en su posición, el mediocampo, Liana no veía el fútbol como un estilo de vida, así que decidió tomarlo como hobby. Posteriormente, en el Instituto Pedagógico Nacional, colegio donde estudiaba, hicieron un equipo femenino que la llevó a participar en varios intercolegiados.

Un día uno de sus compañeros de curso en octavo grado, que era hijo del estratega de la selección Bogotá, la invitó a entrenar. “Le dije que sí, pero no sabía que las otras niñas tenían muy buen estado físico, ellas entrenaban todos los días, a mí el estudio no me dejaba. Pero, el amor y la pasión por este deporte fueron más grandes y pasé a conformar la selección Bogotá femenina, donde jugué mucho tiempo”, relató.

A finales de 2007 cosechó los frutos de su esfuerzo: el primer llamado de la selección de Colombia sub-17. Para ella fue una sorpresa enorme, no se imaginaba que iba a alcanzar algo tan grande en poco tiempo, ya que siempre que jugaba lo hacía por gusto y no pensando que ahí iba a estar su futuro. “Veía a los hombres jugar y decía cuándo me va a llegar el momento... y lo tuve. Ha sido una de las emociones más lindas, sobre todo cuando le comenté a mi familia que iba a representar al país en un torneo internacional”, reveló la futbolista , hoy de 24 años.

Su paso por el seleccionado sub-17 le dejó grandes triunfos, como ganar el Suramericano de Chile en 2008 y poder disputar el Mundial Sub-17 de Nueva Zelanda ese mismo año. Ahí fue el inicio para que ella viera el deporte como estilo de vida. “Se me estaban dando las cosas, algo que no le pasó a mi hermano Jeison. Él me inculcó amor por esta carrera, así nunca hubiera podido llegar a la profesional. En cierto modo, al convertirme en futbolista siento que le estoy cumpliendo el sueño a él”, contó la volante de la selección.

Al regresar de Nueva Zelanda le contó a su familia. Su abuela fue la única reacia con la noticia, pero con el paso de los partidos se convirtió en su fan número 1. Su mamá, Mireya, y todos en su casa le tendieron la mano y le dijeron que, sin importar los resultados, ellos siempre iban a estar para ella.

Siguió jugando en Colombia y pasó a conformar la selección sub-20, con la que pudo competir en el Mundial de Alemania 2010. Allí tuvo uno de los momentos más gratificantes dentro del deporte. Estaban disputando la fase de octavos y debían enfrentar a Suecia, favorita al título. A pesar de que en la ronda de grupos les había ido bien, la mayoría de personas dudaron de su talento. No obstante, ese día salieron motivadas y ganaron, contra todos los pronósticos. Posteriormente llegó al combinado de mayores, donde jugó el Mundial de Alemania de 2011, los Olímpicos de Londres 2012 y los de Río 2016.

Hace dos años, en diciembre de 2015, logró graduarse de marketing en la Universidad de Kansas, Estados Unidos, donde estudió gracias a una beca que obtuvo por ser futbolista. Se fue sin saber una sola palabra de inglés, pero con la ilusión de poder seguir jugando. “Al principio fue difícil por el idioma, sólo sabía decir sí y no, no podía hablar con nadie, ni siquiera con mis compañeros y entrenadores; menos llamar a mi familia”, afirmó la jugadora. Allí aprendió a ser disciplinada y a tener mucha confianza, algo que le brindó desde el primer momento su entrenador.

Con su título en la mano y con las experiencias adquiridas, Liana regresó a Colombia. Se vinculó al club Future Soccer de Bogotá y pudo disputar el torneo Federativo. Pese al buen momento que estaba viviendo, le salió una oportunidad en Finlandia y aceptó. Aunque llegó cuando estaba culminando la temporada y sólo pudo jugar tres meses, descubrió que en el país europeo el fútbol femenino es más desarrollado y rudo, algo que le permitió mejorar su condición física.

Regresó nuevamente a Colombia cuando Germán Morales, técnico que tuvo en Future Soccer y luego en Santa Fe, le confirmó la creación de una Liga Profesional Femenina. “Cuando me enteré, sentí que estaba cumpliendo otro sueño, porque es algo que hemos venido haciendo con muchas compañeras con las que compartí equipo. Germán me dijo que querían contar conmigo para hacer parte de la plantilla de Santa Fe y sin dudar dije que sí. Quiero seguir haciendo historia en el balompié femenino nacional”, narró la bogotana.

Liana se preparó para brindarle un buen espectáculo, junto a sus compañeras, a la hinchada de Santa Fe. Lo logró durante todo el campeonato. Este sábado, en el estadio El Campín, le entregó la fanaticada el primer título de la Liga Femenina. “Queremos que toda la afición cardenal nos acompañe, que volvamos a sentir ese apoyo al fútbol femenino. Es muy gratificante ver cómo las personas empiezan a reconocer todo el esfuerzo que hemos hecho durante estos años”, concluyó la volante.