Hombres que cambiaron el torneo nacional

Los técnicos extranjeros se toman el fútbol colombiano

En 2018, el fútbol colombiano tendrá ocho entrenadores foráneos, entre ellos cuatro argentinos. En los últimos 60 años, la Liga local se potenció gracias al aporte de los nacidos en el sur del continente.

Miguel Ángel Russo, campeón reciente con Millonarios.Mauricio Alvarado - El Espectador

Adolfo Pedernera es el ejemplo de que para ser maestro, o para que a alguien lo llamen maestro, hay que haber sido un buen alumno, o por lo menos uno rebelde con justa causa. Este argentino, amante de la vida, del tango, de la pelota, del fútbol entendido como un sencillo baile, es el punto de partida de este texto que tiene como parada final la realidad que vive hoy el torneo colombiano, un certamen que en 2018 tendrá ocho técnicos extranjeros: Miguel Ángel Russo (Millonarios), Diego Cagna (Bucaramanga), Néstor Craviotto (Huila), Gregorio Pérez (Santa Fe), Gerardo Pelusso (Deportivo Cali), Jorge da Silva (América), Jorge Almirón (Atlético Nacional) e Ismael Rescalvo (Independiente Medellín).

Pero volvamos a Pedernera, el hombre que no jugaba al fútbol por jugarlo, al que le decían el Napoleón de este deporte por conquistar cualquier sector de la cancha en el que lo ponían, con elegancia y pundonor. Este argentino, entrenador del América en 1960 luego de haber sido jugador embajador durante cinco años, llegó a Colombia después de comandar la huelga de futbolistas en su país en 1948.

Sí, no fueron los textileros, ni los profesores y mucho menos los metalúrgicos los que se rebelaron por las condiciones injustas de trabajo impuestas por Juan Domingo Perón. Fueron los futbolistas. Por eso migró al norte, con su talento y sus amigos, entre ellos Alfredo Di Stéfano. Fue subcampeón dirigiendo al cuadro escarlata y, seguido, hizo posible lo que parecía imposible: llevar a la selección de Colombia a un Mundial (Chile-62).

En el estricto sentido de las cosas, sin dejar a un lado a otros extranjeros que triunfaron en esos tiempos (ver destacado de abajo), aparece el nombre de Francisco Pancho Villegas, un DT con apodo de revolucionario mexicano, de la escuela de River Plate, pulsionario, estricto y de buen humor, que quedó campeón con el Deportivo Cali tres veces: 1965, 1967 y 1969. Decir el nombre de este argentino y el del cuadro azucarero en una misma frase sería recurrir a un pleonasmo, pues los ídolos terminan por convertirse en sinónimos de los clubes en los que triunfaron.

Siete años después llegó otro gran cambio. Un nombre, una forma de entender el fútbol, de ir más allá de la cancha, de trabajo y disciplina, una escuela, la de Estudiantes de La Plata. El señor Osvaldo Zubeldía, el entrenador que comandando al Pincha que venció al Manchester United para quedarse con el título de la Copa Intercontinental en 1968. Pionero en la implementación de una buena preparación física, de estudiar al rival mucho antes de los partidos, de romper el esquema de las posiciones fijas y de implementar un abanico de opciones llamado táctica, Osvaldo le dio a Atlético Nacional su tercer título local (1976).

Pero su aporte fue mucho más allá, pues gran parte de sus dirigidos siguieron su legado, tomaron el camino de la dirección técnica, hicieron propia su manera de pensar, su forma de jugar. Desde ese instante el fútbol se profesionalizó. Lealtad, repetición, memoria, alimentación, todos elementos para poder ser campeón, aunque cueste y aunque duela.

Con Zubeldía la suerte ya no importó, pues él le restó espacio, dejando sólo una manera de dignificar la labor de un jugador: con trabajo y más trabajo. Y eso aumentó el nivel del rentado colombiano, generó un cambio trascendental en un deporte que era visto como eso antes, como algo aficionado y ya. A él se le debe ese favor, ese don, ese regalo de transmitir conocimiento. Después vendría un amigo suyo, Carlos Salvador Bilardo, muy pausado como Zubeldía, más canchero, quien tomó lo que quedó del Deportivo Cali de Villegas para llevarlo hasta la final de la Copa Libertadores, perdiendo el título con Boca Juniors y dándole visualización internacional a un equipo que apenas brillaba en el torneo local.

La famosa escuela de Estudiantes. Jugando bien y ganando mucho más, voluntad y más voluntad, ganas de encontrar la perfección, un emotivo privilegio. Desde ese momento han sido pocos los que han logrado ser campeones en nuestro país. Por nombrar algunos: Miguel Ángel El Zurdo López con Júnior, en 2004; Óscar Héctor Quintabani con Deportivo Pasto, en 2006, y dos veces con Atlético Nacional en 2007, sin dejar de lado a Gustavo Costas y su Santa Fe de 2014 y 2016 y a Miguel Ángel Russo y Millonarios este año, momento en el que por ahora va el ciclo.

Las historias deben ser miles, pero el espacio es reducido. Lo cierto es que para la próxima temporada, las directivas de ocho clubes les apostaron de nuevo a los estrategas de afuera (el 40 % de los entrenadores son extranjeros) como la fórmula de rememorar tiempos mejores, para que lo local crezca nutriéndose del conocimiento universal. Y no porque los entrenadores colombianos no tengan la capacidad, sólo porque la mentalidad de los que crecieron en otras ligas, con otros equipos y pensando diferente, puede que vaya un paso adelante. No en vano, el DT de la selección de Colombia es un argentino.

Otros campeones:

Fernando Paternoster (Nacional, 1948), Carlos Aldabe (Millonarios, 1949), Alfredo Cuezzo (Deportes Caldas, 1950), José Manuel El Charro Moreno (Independiente Medellín, 1955), José Francisco Lombardo (Atlético Quindío, 1956), René Seghini (Medellín, 1957), Roberto Resquín (Deportivo Cali, 1970), Juan Ramón La Bruja Verón (Júnior, 1977), José Varacka (Júnior, 1980), Pedro Dellacha (Millonarios, 1978), otros estrategas argentinos que lograron una estrella en el fútbol colombiano y que, a su modo, cambiaron la historia de sus respectivos equipos.