Luis Fernando Suárez volvió a poner arriba a Equidad

Con 25 puntos, tras las 16 fechas disputadas, el equipo asegurador es cuarto en la tabla y se acerca a los cuartos de final. De la mano del estratega paisa, dos veces mundialista, recuperó el protagonismo que había perdido.

Después de dirigir en los mundiales de 2006 y 2014 volvió al fútbol profesional y triunfa con Equidad. / Óscar Pérez

Fue volante de primera línea y casi toda su carrera como futbolista profesional la desarrolló en Atlético Nacional. Allí era uno de los discípulos de Francisco Maturana. Luis Fernando Suárez era un jugador que hablaba mucho y tenía liderazgo en el equipo. En sus últimos años vestido de cortos, cuando ya era suplente, Pacho le daba indicaciones a él para que dirigiera al equipo de suplentes durante las prácticas. Así descubrió su vocación.

Eso sí, antes de colgar los guayos consiguió su mayor logro dentro de las canchas: integró el plantel verdolaga que ganó la Copa Libertadores de 1989. De hecho, fue con sus compañeros de entonces con quienes se estrenó en el banquillo.

Maturana dirigía a Nacional y a la selección simultáneamente. Para las Eliminatorias rumbo a Italia 1990 se ausentó del club durante más de un mes y dejó encargado a Suárez. “La gente me hacía caso, yo sólo seguía las indicaciones de Francisco”, recuerda el hoy entrenador de Equidad, cuarto en la Liga Águila, detrás de Nacional, Santa Fe y Júnior, equipos con mucha más tradición, historia y plantel.

Poco a poco, Suárez fue aprendiendo todos los secretos de la profesión, pero por diferentes circunstancias se demoró para hacerse cargo de un equipo. Cuando Maturana se convirtió en el seleccionador de Ecuador, en 1995, lo escogió para que fuera su asistente técnico.

“Maturana es mi papá del fútbol. Él es alguien que creyó en mí desde el comienzo. Con Pacho tenemos una gran amistad, somos muy cercanos”, reconoce Suárez, quien el pasado 3 de septiembre enfrentó por primera vez a su maestro, en el empate 0-0 entre Once Caldas y Equidad.

Tras 10 años, la oportunidad

En 1999, Luis Fernando fue el asistente de Javier Álvarez en la selección de Colombia que ganó el torneo Esperanzas de Toulón, en Francia. Justo después de eso fue nombrado técnico en propiedad del Atlético Nacional. Y no desaprovechó la oportunidad: fue campeón de liga de ese año.

Y tras la salida de Javier Álvarez de la selección de mayores, como consecuencia de la goleada 9-0 ante Brasil en el Preolímpico de 2000, fue elegido para reemplazarlo. Pero Suárez dijo no. “Claro que me sonó la idea, pero tenía que ser racional. No estaba preparado y tampoco era ético con Javier, con quien había trabajado meses atrás”, asegura el estratega paisa, de 57 años, quien considera que en ese momento fue una locura haber rechazado el trabajo de sus sueños.

Y aunque la vida da muchas vueltas y han pasado 17 años, no cree que algún día vuelva a llegarle esa propuesta. “El otro día, hablando con alguien acerca de mi experiencia en los mundiales con Ecuador y Honduras, admití algo que siempre supe pero no había sido capaz de expresar: cambiaría los dos mundiales que dirigí, por haber disputado uno con la selección de Colombia”.

Profeta en otra tierra

Después de un exitoso paso por el Aucas de Ecuador, a Suárez le encomendaron manejar los hilos de la selección de ese país. Y cumplió con lujo de detalles. Clasificó al “Tri” al segundo mundial de su historia, el de Alemania 2006, y llegó a octavos de final, en los que cayó 1-0 frente a Inglaterra.

Ya con reconocimiento internacional, estudió varias propuestas y se hizo cargo de la selección de Honduras para el ciclo 2010-2014. Logró llevar al equipo centroamericano a la cita de Brasil, en la que quedó eliminado en primera fase.

Después decidió ponerse a estudiar psicología deportiva. “No es motivar al equipo, eso es efímero. Es buscar algo más de fondo. El cerebelo es el disco duro del cerebro. Yo trato de entrenar el inconsciente de los jugadores, de tocarlos”, dice.

El que imita, imita mal. Esa es la premisa de Luis Fernando Suárez, a quien no trasnocha la idea de ser un revolucionario o profeta del fútbol, pero sí se preocupa por ser alguien auténtico, con un sello propio.

Y esa firma es la que lo tiene como la mente maestra del equipo revelación de la Liga Águila, Equidad, que empató el sábado 2-2 ante el Medellín y está muy cerca de la clasificación.

¿Se ve campeón? “Por ahora, me veo entre los ocho”, dice con prudencia, esa que tanto lo caracteriza y le ha permitido conquistar logros cuando debe ser.