Desde las 7:30 p.m. (Win Sports)

Luis Fernando Suárez y la disciplina de un buen ganador

Luis Fernando Suárez ha hecho de La Equidad un equipo respetado. Contra Júnior buscará las semifinales de la Liga Águila. La serie va 1-0 a favor del club barranquillero.

Suárez estuvo con Ecuador en el Mundial de Alemania 2006. / Óscar Pérez

En una rueda de prensa un periodista le preguntó a Luis Fernando Suárez sobre lo que significaba para él el gran arranque de La Equidad en la Liga Águila 2018-II (21 puntos en siete partidos), el mejor de cualquier club en la historia de los torneos cortos. El entrenador, de una manera solemne, le respondió sin pensarlo mucho: “Eso no sirve de nada si no quedamos campeones”. El estratega antioqueño sabe por qué rechazó ofertas para irse al exterior y a qué vino a Bogotá a dirigir al conjunto asegurador, al que de a poco ha vuelto a imagen y semejanza de lo que para él es un buen equipo de fútbol: ordenado en la defensa, rápido en el ataque. “Es que no sacamos nada con hacer todo bien de un lado si no se hace algo similar del otro”, dijo luego del empate sin goles con Millonarios por la fecha 13 del campeonato.

Suárez, el mismo que reconoce una y otra vez que su mentor fue y sigue siendo Francisco Maturana, el mismo que le compró a su madre un equipo de sonido con el primer sueldo que recibió como futbolista, y el que se sabe de memoria la canción Parao, de Rubén Blades, alusiva a la batalla y la dignidad que un hombre debe tener a lo largo de su vida, ha hecho del tercer club de la capital un cuadro de ímpetu hiperactivo en el terreno de juego, organizado, consciente de que el arquero siempre debe ser el primer atacante y el delantero el primer defensor. En otras palabras, un grupo que confía más en el trabajo que en el talento, así tenga jugadores con cualidades increíbles.

Así lo entendió desde que hizo parte del Atlético Nacional que ganó la Copa Libertadores de 1989, como jugador, también cuando comandó a la selección de Ecuador en el Mundial de Alemania 2006. Sus maneras no han cambiado, su conocimiento sí ha ido evolucionando, manteniendo siempre la capacidad de hacerse entender, de que el otro vea qué es lo mejor para su desarrollo. De hecho, cuando a un futbolista de Equidad se le pregunta por él, la palabra “inteligencia” aparece en alguna parte del diálogo, sea en el manejo interno del grupo, en el planteamiento de un partido o, simplemente, en la forma de hablar con otros, siempre respetuosa, siempre cordial.

El fútbol no es solo su profesión, es su principal hobby, su manera de distraerse, de seguir formándose, el camino para lograr algo diferente (la semana pasada viajó a Buenos Aires, Argentina, para recibir el grado como entrenador de la Asociación de Técnicos del Fútbol Argentino). “Soy sencillo y muy tranquilo, pero eso no quiere decir que sea pasivo”, afirma con la voz gruesa y templada, con un tono que genera serenidad y credibilidad. Once partidos ganados en la fase del todos contra todos, cinco derrotas y tres empates (sin contar la caída con Júnior en el juego de ida de los cuartos de final) son una muestra de que aunque la regularidad ha sido complicada de encontrar, las variaciones son pocas.

Hoy, cuando La Equidad reciba al cuadro barranquillero con el objetivo de avanzar a semifinales (7:30 p.m., por Win Sports), el esquema volverá a ser el mismo que complicó al favorito de muchos en el estadio Metropolitano, el que puso contra las cuerdas a más de un grande en Colombia y el que ya parece un tejido de hábitos para los mismos jugadores. “Siento que estamos haciendo bien las cosas y la preparación nos deja tranquilos para lo que viene más adelante. Mis jugadores están motivados, yo estoy motivado y la gente que está alrededor de nosotros también”, apuntó luego de la caída en Barranquilla, tras un duelo en el que el club tiburón apenas pudo llegar al gol en el epílogo (minuto 82).

Luis Fernando Suárez sabe que el merecimiento en el deporte no siempre se hace presente y que a veces hay que aprender a tolerar e interpretar la casualidad. Pero eso no quiere decir que no haya manera de blindarse para soportar cualquier golpe, para no desmoronarse y levantarse como si nada. “Mis entrenamientos, más allá de la parte táctica y física, son para eso, para que el futbolista se motive y crea en sus condiciones, porque yo creo en él en primera medida, pero tienen que confiar en ellos mismos”. El Gordo, como le decían de niño por su contextura robusta, tiene al club asegurador atravesando uno de sus mejores momentos, algo que para él puede quedar en el olvido si no se logra la primera estrella en el fútbol colombiano, la misma que ha sido esquiva en tres ocasiones (2007-II, 2010-I y 2011-I).

Una llave colombiana

Puede que el pasaporte de Julio Avelino Comesaña sea de Uruguay, el DT de 70 años ha dicho varias veces que es un colombiano más. Y no por generar empatía (ya tiene la nacionalidad), sino porque acá ha desarrollado gran parte de su carrera, también de su vida, hasta ha cumplido sus sueños. En las imágenes también están Hubert Bodhert, entrenador de Once Caldas, y Jorge Luis Bernal, estratega de Rionegro Águilas. El primero cartagenero, el segundo de Ibagué. Uno con un presente con el que espera construir futuro, el otro con una trayectoria bastante larga desde que fue entrenador del Tolima, en 1986.

Ellos tres, cada uno a su manera, han logrado llevar a sus respectivos clubes a la pelea por el título. Comesaña y su Júnior talentoso, Bernal y su Rionegro organizado y Bodhert y su Once Caldas equilibrado. Pero solo uno, incluyendo a Luis Fernando Suárez, llegará a la final. Cada uno, como una llave maestra, ha logrado abrir la puerta y sacar lo mejor de sus hombres, ha generado angustia y esperanza en sus respectivas aficiones. Y ahora solo importa lo que viene, pues el ayer ya ratifica un gran trabajo, uno que será aún más válido con la estrella de fin de año.

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Redacción deportes

Fútbol colombiano

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