Marcelo Roffé: "El fútbol empieza en la cabeza y termina en los pies"

En diálogo con El Espectador, el argentino contó detalles de su vida, de su amor por este deporte, cómo conoció a José Pékerman y su trabajo en la selección nacional. En la Feria del Libro de Bogotá presentará su obra “Liderazgo para equipos”.

Marcelo Roffé, en una de las concentraciones con la selección colombiana de fútbol, antes de Brasil 2014.Archivo Particular

Luego de trabajar cuatro años como psicólogo en el Club Ferro Carril Oeste, en Buenos Aires, Marcelo Roffé publicó su primer libro, titulado Psicología del jugador de fútbol, con la cabeza hecha pelota, en el que contó detalles de su metodología de trabajo. Esa fue la primera publicación en América Latina sobre este tema, la cual fue muy exitosa en Argentina y México. En una librería de la capital argentina, Matilde, la esposa de José Pékerman, docente, en ese momento también estudiante de psicología, vio el título, le sonó interesante y lo compró para regalárselo a su marido. A los pocos meses, Marcelo recibió una llamada inesperada. Al otro lado de la línea hablaba José Pékerman, director técnico de las selecciones juveniles de Argentina. Lo felicitó por su libro, por su trabajo en Ferro y lo invitó a unirse a su grupo de colaboradores. (Le puede interesar: Un juego de mente, la psicología de Pékerman en la selección de Colombia).

Al preguntarle a Roffé por Pékerman, dice que es “el líder que más me ha sorprendido”. Todas sus experiencias con él y su trabajo con grandes futbolistas suramericanos los cuenta en su nuevo libro, Liderazgo para equipos, en el que el prólogo está escrito por el capitán de la selección colombiana en Brasil 2014, Mario Alberto Yepes. Marcelo logró cambiarles la mentalidad a los futbolistas del equipo tricolor, es amigo personal de muchos de ellos y de hecho se declara admirador de Radamel Falcao García.

En dialogo con El Espectador, Roffé contó detalles de su vida, cómo se enamoró del fútbol, de la psicología y de sus experiencias de trabajo. (Le puede interesar: En Colombia los líderes sí existen).

¿Cómo fue su relación con el fútbol cuando era niño?

Cuando nació mi hermana y yo tenía dos años, mis padres me regalaron una pelota de fútbol y me aferré a ella. Dos años después, mi papá me llevó al estadio por primera vez y creo que ya el fútbol pasó a ser una parte muy importante de mi vida. Para el Mundial de 1974, con seis años, me sabía los jugadores de todos los países en el álbum de figuritas tapando el nombre y viendo sólo la foto. Siempre fue un puente comunicacional muy fuerte con mi padre, y aún hoy, y eso que está por cumplir 80 años.

¿Era hincha de algún equipo en especial?

Lo que se hereda no se compra. Mi padre me transmitió el amor por River Plate y luego yo a mis hijos. Ahora los tres celebraron y mucho la final ganada a Boca. Yo de adolescente fui muy fanático, pero ya no lo soy, luego de 23 años en el alto rendimiento deportivo y de haber trabajado con tantos jugadores de diferentes clubes, los colores ya son secundarios.

¿Pero iba a la cancha?

Bastante. Lo disfrutaba mucho. Iba con amigos. Mas allá de que en Argentina siempre fue muy peligroso ir al estadio y más en los últimos años. Ahora voy como profesional con el equipo con el que trabaje o a ver a la selección para disfrutar a Lionel Messi.

¿Quién era su ídolo de infancia?

Enzo Francescoli fue el jugador que más disfruté en una cancha de fútbol. Recuerdo unas vacaciones, cuando yo tenía 18 años, a las que les adelanté el final para llegar a ver un 5-4 de River a Argentinos Juniors, en el Monumental. El uruguayo era un verdadero príncipe, fino, elegante y goleador.

¿Por qué quiso ser psicólogo?

Para ayudar a la gente a que se sienta mejor. Entenderla, contenerla, guiarla. Poder ayudar al que se deja ayudar, a ser mejor persona y deportista.

¿Quién lo motivó a combinar la psicología con el deporte?

La pasión por ambas. Luego de un revés laboral en el campo clínico donde primero me especialicé, me pregunté qué otra cosa me gustaba y decidí especializarme en deporte para ayudar, ya no a personas comunes, sino a deportistas de élite, a controlar sus presiones.

¿Cómo se logra combinar algo tan científico como la psicología con el fútbol?

La ciencia ha avanzado mucho, aunque algunos se resistan o lo nieguen. Se trata de brindarle al deportista herramientas para que se sienta mejor, sea más fuerte en la adversidad, disfrute más y por ende rinda más.

¿Cómo y cuándo fue su primera experiencia como psicólogo del deporte?

En el año 94, en una escuelita de fútbol. Ya en 1995, en el Club Ferro Carril Oeste, en divisiones juveniles. Enseguida me di cuenta de que eso era lo que me gustaba.

A partir de la lectura del libro “Liderazgo para equipos”, ¿un líder nace o se hace?

Ahí desarrollamos las teorías del liderazgo y creemos que, como el campeón, el líder primero nace y después se hace. Lo que sucede en el fútbol, pasa en las empresas, sobran los jefes y faltan los líderes. Hay que tener con qué ser líder. No cualquiera puede.

En todos los años que ha trabajado en esta área, ¿cuál es el líder que más lo ha sorprendido?

Hubo varios. Miguel Ángel Tojo, Pancho Ferraro, El Ruso Zielinski, Mario Yepes, Facundo Sava o Raúl Pérez (rugby) y Ariel Martínez (tiro), sin embargo, me quedo con José Pékerman, con quien trabajé por 15 años. Destaco su inteligencia, capacidad de construir equipos, simpleza, conocimiento, humildad y saber estar en los pequeños detalles.

¿Cómo conoció a José Pékerman?

Luego de trabajar cuatro años en Ferro, publiqué mi primer libro, Psicología del jugador de fútbol, con la cabeza hecha pelota, en el que volqué mi metodología de trabajo. Fue el primer libro de psicología y fútbol de América Latina. Lo presenté en Argentina y en México. Tuvo mucha repercusión. Ese libro lo compró Matilde, la esposa de José, una persona muy preparada, docente y en ese momento estudiante de psicología, y se lo obsequió al profesor. Al tiempo, sin conocerme, José me llamó para que me sumara a las selecciones argentinas de fútbol sub-20 que él conducía con vistas al Mundial a desarrollarse en Argentina en el año 2001, en el que Argentina era local y favorito.

¿Qué es lo que más destaca de su aporte a la selección colombiana antes y durante el Mundial de Brasil 2014?

Es difícil hablar de uno. En el libro que presentaremos el sábado 28 de abril en la Feria del Libro de Bogotá, hay un resumen de los aportes que se hicieron desde esta especialidad, lo que se puede contar sin violar el juramento del secreto profesional. Si te lo cuento acá, nadie comprará el libro (risas). José le aportó tres cosas a ese equipo: orden táctico (así dicen los especialistas), trabajo en equipo (en el Mundial éramos 23 ayudantes para 23 jugadores) y mentalidad ganadora. Ahí estuvo el aporte, pero un psicólogo deportivo no puede hacer nada que el DT no autorice, es un complemento. Ese trabajo interdisciplinario nos llevó a clasificar después de 16 años, ser cabezas de serie de un grupo por primera vez en la historia y a salir quintos en el Mundial, eliminando nada menos que a Uruguay en octavos.

¿Cree que la experiencia y la madurez de los jugadores van a ayudar a hacer un buen Mundial en Rusia?

Esperemos que sí. Hay una camada de muy buenos jugadores, buenas personas y comprometidos con los colores, más un liderazgo fuerte que los conduce a ser mejores.

¿Qué es lo que más destaca de Falcao, quien será el gran refuerzo para Rusia 2018?

Falcao es un ser extraordinario, lleno de luz. Nunca olvidaré la entereza con la que tomó el quedar fuera del Mundial de Brasil, por la lesión. Aprendí una lección de él. Creo que está muy motivado y sabe que este será su Mundial. Es un crack y tiene el gran mérito de haberse reinventado. Lo admiro mucho.

¿Cuál es logro del que más orgulloso se ha sentido en su carrera?

Son varios, gracias a Dios. Me siento un afortunado. Ser parte del equipo que obtuvo la Copa del Mundo Sub-20 en 2001 en Argentina; en 2005 en Holanda, con Messi, y todo lo vivido con la selección de Colombia, en las eliminatorias, cómo se pudieron revertir, y ese maravilloso Mundial, en el que creo que estábamos para más.

¿Cuál ha sido el momento más difícil y cómo lo superó?

Trabajar en un club que peleaba el descenso y que mi aporte no haya servido en la dimensión que me imaginaba previamente. Fue duro, pero uno también es producto de sus fracasos y aprende de ellos. Michael Jordan lo describe perfectamente: “Tuve éxito porque primero fracasé muchas veces”.

¿Qué desafío destaca como el más difícil que tuvo?

Ayudar a deportistas y entrenadores que son prejuiciosos y creen que están perdiendo el tiempo en el trabajo de entrenamiento mental. La satisfacción de que luego de un tiempo te digan que les sirvió, es inigualable, porque los ayudaste a crecer modificando el rígido sistema de creencias que traían.

¿Cuál es la herramienta más poderosa para motivar a los futbolistas?

Como describimos en el libro, no se puede liderar sin comunicar y motivar . Es un tríptico que va entrelazado. Como escribimos y ejecutamos, el planteamiento de metas es clave para alcanzar los objetivos. Las metas deben ser difíciles, pero alcanzables a mediano y largo plazo. Ese es el motor que invita a la acción y moviliza la voluntad. Con los futbolistas trabajamos más las metas de desempeño que de resultado. Y enfocamos en las metas de partido la misión táctica, porque el plan da seguridad y el líder (DT) te hace mejor, pero como el fútbol empieza en la cabeza y termina en los pies, es clave que sepa qué, por qué y para qué lo tiene que hacer y en qué beneficia al equipo. Ahí reside el secreto y en cada jugador es algo diferente.