Hincha, capitán, campeón e ídolo, Rafael Robayo nunca ahorró una gota de sudor con la camiseta de Millonarios. Le entregó su vida en 428 partidos, dejando en cada uno su entrega inquebrantable, lo que lo convirtió en el tercer jugador con más presencias en la historia del club.
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Con 39 goles, innumerables batallas en el mediocampo y el corazón siempre puesto en la cancha, fue el emblema de un equipo que atravesó su etapa más dura en la década del 2000, pero que también resurgió con su trabajo y liderazgo. Robayo no solo jugó para Millonarios: lo vivió, lo sufrió y lo hizo suyo.
Hijo de Beatriz Marroquín y Rafael Robayo, quienes siempre respaldaron su camino en el fútbol, fue discípulo de Luis Fernando Montoya, el técnico que lo llevó a Atlético Nacional y a Once Caldas antes de aterrizar en Millonarios en 2005. Con huevos, compromiso y respeto por el club, se convirtió en un referente.
Atacaba cuando Millonarios iba abajo en el marcador y, como cualquier hincha, era feliz si al equipo le iba bien, pero lo padecía cuando le iba mal. Volante mixto, con buena pegada de media distancia, incansable en la recuperación y preciso en la distribución, fue el motor de un equipo que necesitaba más que talento: carácter. Un guerrero de más de noventa minutos, que nunca se dio por vencido.
En 2011, con un gol a Boyacá Chicó en la final de ida y el liderazgo en la vuelta, alzó la Copa Colombia como capitán, marcando el renacer de Millonarios tras 10 años de sequía —Copa Merconorte 2001—. En 2012 tuvo un breve paso por la MLS, pero en el segundo semestre regresó a casa para ser parte de la anhelada estrella 14, la que rompió 24 años de espera y con la que inmortalizó su legendario número ocho en la historia albiazul.
Hoy, a sus 40 años y con la misma pasión de siempre, Rafael Robayo habló con El Espectador sobre Millonarios, el club que lo marcó para siempre y al que le entregó su vida en la cancha.
¿Qué significa Millonarios para su vida?
Es el equipo del que soy hincha y donde tuve la oportunidad de demostrarme futbolísticamente en el profesionalismo. Es mi casa azul, el lugar donde inicié mi carrera y donde me gustaría terminarla profesionalmente. Siempre voy a tener a Millonarios en mi corazón.
En el tiempo en el que estuve aprendí de la grandeza de la institución, de la exigencia que implica representarla y de la responsabilidad de darlo todo por el club y su hinchada, que sin importar la situación del equipo, siempre alienta sea cual sea la circunstancia y está presente.
Estuvo en etapas difíciles del equipo, ¿cómo las vivió?
Con mucha tensión. No es fácil, porque este es un equipo que por historia y por grandeza no debió estar peleando por no descender y mucho menos que se permita que se descienda a segunda división. Las cosas no salían como se querían ni como se trabajaban en la semana. Se trabajaba en la semana, y el fin de semana todo quedaba al revés, no se sabía por qué. Era frustrante, pero al final se logró no descender, que era lo importante.
Después de salvar la categoría, llegó la Copa Colombia y la Liga…
La Copa Colombia en 2011 fue un preámbulo de lo que la gente estaba esperando, que era la estrella. Vivir esa etapa de quedar campeón frente al Chico, de terminar la serie de la final en casa, con el estadio que esperaba que se levantara esa copa y ver ese ambiente, nos hizo ver en el grupo lo importante que era ganar la Liga. La gente estaba con esa necesidad.
Al año siguiente se nos dio esa posibilidad contra Medellín, en una definición por penales que, como raro, en ese momento con Millonarios todo era sufrido. Pero en el grupo se tenía la claridad que ese título se iba a ganar. Nunca dejamos de creer. Quedamos en la historia. Después llegaron los otros títulos, pero la 14 era algo que la gente le marca y a nosotros nos dejó marcados también.
También fue un semestre complicado entre Copa Sudamericana y situaciones fuertes en el grupo…
Estábamos con ese corre-corre porque tuvimos un semestre complejo, con situaciones difíciles, pero también con cosas positivas. Ese año viajamos a Madrid, se dio el 8-0 contra Real Madrid, pero después vino la situación de salud de la esposa de Luis Delgado, la lesión de Nelson Ramos antes del viaje y otras bajas en el equipo.
Eran temas delicados, pero lo manejamos de la mejor manera. Vivimos una Copa Sudamericana que, en mi opinión, se nos escapó por falta de contundencia en Argentina. Tuvimos oportunidades para marcar, regresar con un resultado favorable e incluso amplio en goles, lo que nos habría permitido jugar la vuelta con más tranquilidad. Sin embargo, pero nos faltó ser contundentes y nos vinimos a jugar esa vuelta acá también con un inicio de cuadrangulares difícil.
La gente tenía esa zozobra de que podíamos quedarnos sin lo uno y sin lo otro, pero en el grupo sabíamos que todo el trabajo hecho durante el semestre nos iba a traer un buen resultado, fuera en la liga o en la Copa Sudamericana, estábamos seguros de que tendríamos un excelente resultado.
Finalmente, no fue la Copa Sudamericana, pero logramos la liga y levantamos el título que, para mí, era el más importante en ese momento para la afición. Fue volver a conquistar una estrella en casa, en nuestro torneo, y que le daba un alivio a una hinchada que llevaba años esperando ese momento.
Más allá del resultado en Madrid, ¿cómo fue el encuentro con Kaká en el Santiago Bernabéu?
Tuve la posibilidad, en el intermedio antes de saltar al terreno de juego para el segundo tiempo, de cruzarme en el pasillo con Kaká, de tener una charla con él, hablar sobre su carrera y también sobre lo que significaba el partido para ellos, especialmente para quienes, como él, no venían jugando mucho. Me comentó que veía que jugábamos bien, pero que quizá estábamos nerviosos y aún no habíamos encontrado la línea.
Yo le hice saber que el ritmo de juego y la velocidad con la que ellos jugaban eran muy diferentes a las de nosotros, además de que la cancha también influía, pero que era un partido que no todo el mundo podía tener la posibilidad de disfrutar y que nosotros lo estábamos disfrutando de la mejor manera.
Tuve la oportunidad de conversar sobre muchas cosas, no solo de fútbol, y además llevarme un recuerdo: su camiseta. Ese intercambio es muy valioso para uno como futbolista.
Le expresé la admiración que siempre he tenido por él, no solo por su carrera deportiva, sino también por su historia de vida. Sabía que había pasado por una circunstancia de salud muy delicada, que pudo haberle impedido ser jugador profesional, pero que siempre puso a Dios en primer lugar y se aferró a esa promesa de vida deportiva, lo que lo llevó hasta donde llegó. Para mí, siempre ha sido un ejemplo de admiración, no solo en lo deportivo, sino también espiritualmente y como persona.
¿Qué opina del proceso de Alberto Gamero con Millonarios?
Lastimosamente, fue un proceso negativo, un fracaso si hablamos del tiempo que estuvo y de los títulos que se consiguieron. Creo que no fue un proceso positivo por ningún lado. Si uno mira el tema financiero y la venta de jugadores, para ellos pudo haber sido beneficioso por los futbolistas que lograron vender o sacar, pero si lo analizamos desde el ámbito deportivo, los títulos no lo acompañaron como debería ser.
Además, los jugadores que salieron o que el club logró vender no han llegado a un nivel mundial que los convierta en una referencia o en un ejemplo de una buena cantera, y eso también hay que verlo. Para el club fue beneficioso económicamente, pero deportivamente y como cantera no. Eso demuestra que el proceso no se encaminó como debería ser. Al final, la afición quedó esperando más de lo que se le pudo dar.
¿Y David González?
Es un buen entrenador. Tiene una línea, obviamente, mucho más moderna en cuanto a su preparación deportiva y educativa. Parece que eso le va a venir bien a Millonarios, pero, como siempre, voy a lo mismo: faltan jugadores, falta experiencia en la nómina que acompañe a los de más recorrido y una mejor base.
Este fin de semana será un partido complejo frente a Medellín, un equipo que tampoco pasa por su mejor momento, ya que viene de empatar en casa con Unión. Aun así, no deja de ser un partido complicado para Millonarios, sabiendo que en casa no se pueden regalar puntos, y menos ante rivales que, seguramente, estarán peleando la clasificación a las finales.
¿Qué le parece David Mackalister Silva como capitán?
Es quien hoy en día es referencia en el club, siendo la imagen de la institución. Tiene una forma de liderar e imponer su porte de capitán a través del juego en el terreno. De pronto, no es de los capitanes como uno o como otros, que somos más insistentes en la forma de expresarnos en la cancha, en el camerino o en la manera de exigir. De pronto no es ese rol de capitán que mucha gente está acostumbrada de ver, pero a su manera lo ha hecho de la mejor forma que ha podido. Es la referencia que tenemos ahí, junto a Falcao, en la experiencia del equipo para el tema de capitanía, liderazgo y sobre todo de poderle aportar a la institución.
Compartió con Falcao en inferiores, ¿cómo lo ha visto en Millonarios?
Bien, hemos podido hablar. Con su experiencia y, sobre todo, con la imagen que tiene, impone respeto tanto a sus rivales como a sus compañeros. Esperamos que el equipo trabaje para él y que no tenga que vivir otro semestre como el anterior, en el que sufrió más de lo que disfrutó.
Eso ocurrió porque el equipo nunca se estructuró para Falcao, sino que él terminó trabajando a favor del equipo. Y creo que con jugadores así hay que ser inteligentes y coherentes: no exigirles demasiados sacrificios, sino exigirle más al resto, para que él solo tenga que hacer lo que mejor sabe hacer: marcar goles.
Nos ha acostumbrado a eso y lo seguirá haciendo como delantero. Esperemos que David le pueda generar esa posibilidad de juego que figure hacia él y no que él trabaje para figurar a otros, para así aprovechar al mejor nueve que hemos tenido en la historia.
¿Cómo ve su futuro con Millonarios?
Estoy preparándome con el deseo, como lo mencioné al inicio, de retirarme jugando en Millonarios. Así como Junior le abrió las puertas a Teófilo Gutiérrez para su regreso y retiro, valorando y respetando a sus referentes, me gustaría tener esa oportunidad en Millonarios, pero no depende de mí.
Sigo con mis proyectos en escuelas deportivas y mi club, trabajando con la juventud en Bogotá. Colaboro con la Alcaldía local y el Instituto Distrital de Recreación y Deporte para sacar mucho talento bogotano en el fútbol y otras disciplinas. Mientras Dios me dé salud y bienestar deportivo, el sueño de jugar profesionalmente sigue.
Un mensaje para la hinchada…
El de siempre: agradecimiento, primero que todo, y el apoyo que nunca puede faltar. Sabemos que Millonarios es un club con una hinchada exigente, a veces complicada, pero que siempre está presente. Y lo mínimo que espera es que el club responda a ese apoyo en las tribunas con buenos equipos y con títulos.
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