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Jugar siempre fue una delicia: Willington Ortiz

El histórico exjugador colombiano, hoy de 62 años, recuerda sus inicios en el fútbol y su paso por los dos equipos del Valle.

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Ricardo Arce
20 de marzo de 2015 - 03:39 a. m.
Willington Ortiz debutó en 1972 y se retiró en 1988, con seis títulos: dos con Millos y cuatro con el América. Aquí, en compañía de “El Tren” Valencia. / Óscar Pérez
Willington Ortiz debutó en 1972 y se retiró en 1988, con seis títulos: dos con Millos y cuatro con el América. Aquí, en compañía de “El Tren” Valencia. / Óscar Pérez
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Sin duda Willington Ortiz, conocido en sus últimos años de jugador activo como El Viejo Willy, es uno de los futbolistas más queridos por los colombianos. De hecho, se disputa codo a codo con Carlos El Pibe Valderrama el título del mejor de la historia. Hoy, a sus 62 años, vive en Bogotá y lleva una vida tranquila como profesor de fútbol en la ESAP (Escuela Superior de Administración Pública) y el Colegio Principado de Mónaco.

Cada vez que se habla de la grandeza del fútbol colombiano, se sigue hablando de la grandeza de Willington Ortiz…

Pero tampoco creo que sea una obligación, sino es la historia la que me nombra porque jugué en equipos grandes de Colombia, como Millonarios, Cali y América. Y es importante conocer un poco de lo que en aquella época fueron por ejemplo los clásicos tanto en Bogotá como en Cali.

Usted jugó el clásico vallecaucano vistiendo las dos camisetas. Anteriormente eran partidos supremamente importantes.

Es verdad, ahora es insólito que un clásico se juegue con suplentes, por ejemplo. En el fútbol moderno y la forma como se está jugando es distinta, porque son dos torneos diferentes, además que un equipo está en la A y el otro en la B.

Viendo la gran demanda de los jugadores colombianos en el exterior, ¿no le hubiera gustado haber tenido ofertas de afuera?

Cierto, pero ya mi época como jugador pasó y en el presente los que tienen la oportunidad de jugar a nivel internacional pues que le saquen provecho para que dejen el nombre de Colombia muy bien y hagan lo mejor posible, porque estos jugadores nos representan a nivel de selección.

¿Cuál es ese momento que tiene marcado en su memoria, ese instante que definitivamente no olvida cuando jugó al fútbol?

Jugar al fútbol para mí siempre fue una delicia. Lograr mi primer título con Millonarios fue un hecho espectacular, y además de jugar en los dos equipos de Cali fue un momento importante e interesante. Siempre estarán en mi recuerdo los partidos importantes que disputé. En América diría que fueron los títulos que gané. Con el Cali no gané campeonatos, pero hubo momentos importantes, como vencer a River en el Monumental.

¿Recuerda algún clásico vistiendo la camiseta del Cali en especial?

Hay uno muy especial en que el Cali perdía 3-1, empatamos el partido y cuando el último gol que hizo el Cali, la gente ya estaba saliendo del estadio y se devolvió a entrar de nuevo para ver el tanto del empate. Recuerdo que en ese clásico hubo un accidente, que incluso hubo muertos.

Esa noche de la despedida con la camiseta del América en el Pascual Guerrero en 1988, hubo un niño también de apellido Ortiz a quien le usted le entregó su camiseta. ¿Qué pasó con ese niño?

Ese niño, que ya es un señor, ahora es profesional de la Escuela Nacional del Deporte, porque estudió esa carrera. Pero me arrepiento de haber comprometido a mi hijo, le traspasé esa responsabilidad a él y eso hizo que el niño de adulto no jugara fútbol, porque le sucedí ese compromiso y lo que hice fue cometer un error. Imagínese, le monté un peso en la espalda de ser otro Willington Ortiz, cuando era una persona completamente diferente.

Usted fue el único jugador que en una década pasó por los tres grandes clubes del fútbol colombiano, ¿cómo logró que ninguno de los hinchas se enojara con usted por eso?

Muy sencillo, por ejemplo, en esos momentos el Cali pasaba por una dificultad económica, entonces la manera para solucionar ese problema era la venta de Willington Ortiz. La gente estaba contenta porque entraba un dinero al club y la otra hinchada (la del América) estaba contenta igual porque llegaba un jugador que a ellos les parecía interesante.

De tantos goles que marcó, ¿cuál es el que más recuerda?

Sin duda el que hice con el Cali frente a River, en Argentina, al arquero Ubaldo Fillol. Es el gol que todo delantero se acuerda del barrio: driblar a uno, driblar al otro, driblar al arquero, convertirle el gol y sentarse a reír.

¿Alguna vez se encontró y habló con Fillol sobre el gol?

Sí, claro, después fuimos a un partido del Resto de América. Fuimos a Lima, donde también nos encontramos con Tarantini, hablamos del gol y siempre la gente le hacía bromas a Fillol.

Esa noche todo el país le hacia fuerza al Cali para que le ganara a River Plate…

Sí, claro, porque era muy difícil ir al exterior, sobre todo a Argentina, y ganar, entonces todo el país, cuando había un encuentro afuera, le hacía barra al equipo que iba a representar a Colombia, y me tocó anotar el gol de la victoria.

¿Cómo era la convivencia en ese América lleno de estrellas de los 80?

Siempre fue una convivencia tranquila, pero el mérito siempre fue del médico Ochoa, poder tener todas esas figuras, tener dos equipos prácticamente y que nadie se sintiera incómodo.

¿A usted nunca le incomodó que en su momento lo pusieran a liderar el equipo B, llamado “Los Pitufos”?

No, al contrario, para mí era un honor que el médico me dijera que yo fuera la insignia para acompañar a esos muchachos y hacer posible que ellos fueran creciendo.

Por Ricardo Arce

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