4 Dec 2013 - 10:43 p. m.

La extraña crisis de Millonarios

En el fútbol hay decisiones que solo se entienden desde las pugnas de sus dirigentes. Es el caso de la salida del técnico de Millonarios, Hernán Torres.

Redacción Deportiva

Como si fuera poco, en el mismo comunicado se anunció también la dimisión del presidente del club, Felipe Gaitán, el dirigente detrás de la época en que súbitamente Millonarios pasó del caos económico y el ridículo deportivo, a volver a disputar los primeros puestos de los torneos colombianos. Ahora se dice que la pronta eliminación del onceno albiazul en el actual campeonato fue la gota que rebosó la copa. Un argumento con tono de protocolaria disculpa.

Lo cierto es que casi desde que se constituyó la firma Azul & Blanco, que en 2011 se hizo a la propiedad del club, quedaron en evidencia dos sectores mayoritarios, con intereses en tomar las riendas de la institución. El liderado por el mayor accionista Juan Carlos Ortiz y el que representa Gustavo Serpa y el grupo inversionista Amber Capital. A pesar de que hoy el equipo pertenece a una sociedad anónima de 4.125 socios, los intereses de los bloques más influyentes pronto entraron en contradicción.

No hubo diferencias cuando se produjo a mediados del 2012 el relevo en la dirección técnica y el venezolano Richard Páez dejó la institución. Tampoco se presentaron desacuerdos cuando asumió Hernán Torres y su asistente técnico Darío Sierra. El primer tema de crisis sobrevino en septiembre de 2012, a raíz de la disparatada propuesta de devolver las estrellas que el equipo ganó en los años 80, cuando el capo Gonzalo Rodríguez Gacha se filtró a la dirigencia del club.

La idea fue del dirigente Gustavo Serpa Preciado, representante del Fondo de Inversión Amber, y aunque él mismo la compartió en reunión de junta directiva e incluso insistió después en hacerla pública durante un viaje del equipo a España para jugar un amistoso con Real Madrid, la reacción de rechazo entre los hinchas suscitó crisis. Luego vino el aplastante 8-0 que le propinó el equipo español a Millonarios, y aumentaron las diferencias. El que tuvo que ponerle la cara al temporal fue Felipe Gaitán.

Por fortuna, los resultados deportivos para Millonarios empezaron a darse antes de lo esperado. El equipo llegó a la semifinal de la Copa Suramericana y en diciembre alcanzó su estrella 14, después de 24 años de fracasos. En ese momento además del éxito deportivo, la crítica puso como ejemplo empresarial lo que estaba aconteciendo en la institución. En un año había pasado de ser un equipo intervenido por el Estado y en la quiebra a campeón de Colombia y modelo de sociedad.

No obstante, cuando pasaron los ecos de la victoria, empezó a salir a flote el primer tema que aguó la fiesta. Un mes antes de que Millonarios ganara el título, se desató el escándalo del desplome de la firma Interbolsa, y pronto en el radar de las autoridades administrativas y judiciales se puso un nombre asociado al Fondo Premium y la propia Interbolsa, Juan Carlos Ortiz. Como máximo accionista de Azul & Blanco, no tardaron en asociar su nombre con la institución embajadora.

Pero además de Juan Carlos Ortiz, fueron saliendo a relucir 14 de los primeros inversionistas de Azul & Blanco, igualmente asociados a la red de empresas del escándalo Interbolsa. En medio de los rumores, los antiguos de Millonarios, que ya estaban inconformes con el proceso económico del club en marcha, denunciaron incumplimientos en los acuerdos de pago, y hasta la Comisión Tercera del Congreso fueron a dar sus denuncias sobre los orígenes del dinero del nuevo Millonarios.

En ese momento, una vez más el presidente, Felipe Gaitán, tuvo que salir a capotear el temporal. Aclaró que Azul y Blanco no era objeto de investigación alguna; que a los antiguos dueños del club se les estaba pagando lo debido; que Juan Carlos Ortiz solo poseía el 3.4% de las acciones de la institución y que Alessandro Corridori, el comisionista que con sus repos de Fabricato desencadenó la quiebra de Interbolsa, ya había vendido sus acciones en el equipo albiazul.

Cuando el nombre de Ortiz empezó a replicar en los medios de comunicación, ya se había gestado otra pelea interna. En marzo de 2013, durante la Asamblea ordinaria del equipo, presentaron su renuncia cinco de los pesos pesados de la junta directiva. Entre ellos, la exministra Noemí Sanín y el presidente de Telefónica, Alfonso Gómez Palacios. En el reacomodo del poder siempre se dijo que el ganador fue Juan Carlos Ortiz y que Gustavo Serpa perdió terreno.

Sin embargo, quedaron en el tintero algunos reclamos frente al balance financiero del 2012 o el manejo de la boletería. En el fondo de la discusión volvió a quedar claro que así el proceso estuviera avanzando financieramente, no había unidad dirigencial en el club. De hecho trascendió que el grupo de Gustavo Serpa comenzó a buscar la forma de aumentar su participación en el club. De paso, tratar de disminuir la influencia de Juan Carlos Ortiz.

Mientras estas dificultades salían a flote, en lo deportivo el primer semestre de 2013 fue de altibajos. Una penosa participación en la Copa Libertadores con eliminación en la primera ronda y clasificación a las finales del primer torneo, en el que se perdió la casilla a la final por mejor posición de Santa Fe en el Todos contra Todos. Las críticas recayeron sobre el fracaso de la principal inversión del semestre, el delantero Fredy Montero, y se rumoraron las primeras desavenencias con la dirección técnica de Hernan Torres.

Aun así, el equipo se renovó para el segundo semestre de 2013. Llegó el delantero Dayro Moreno, quien con sus goles se convirtió en el nuevo ídolo del a afición. No obstante la venta del central Pedro Franco al fútbol turco no fue debidamente compensada, pues sus remplazos no cubrieron la plaza del emigrante. El segundo torneo tuvo más tropiezos que el anterior, pero el equipo clasificó a las finales, ganó el punto invisible y perdió la final de la Copa Postobon con Atlético Nacional.

En lo administrativo, el equipo siguió su política de invertir en los derechos de algunos de sus jugadores, mejorar sus negocios de mercadeo y fortalecer sus ingresos. Sin embargo en los pasillos siguió cobrando la forma el secreto a voces de que Millonarios quería estructurar sus divisiones inferiores a través de la vinculación de un dirigente de nacionalidad española. Desde los días del 8-0 con Real Madrid venía el runrún de darle un vuelco al equipo con el modelo ibérico.

Aunque se estuvieron estudiando sistemas administrativos y deportivos de otros clubes del mundo, definitivamente el modelo español fue el de mayor arraigo. Sin embargo, con el paso de los meses, la idea tenía que acompasarse por la visión empresarial de Felipe Gaitán y la dirección técnica de Hernan Torres y Darío Sierra. La muestra de que se avecinaban cambios extremos fue la salida del gerente Eduardo Silva, quien acompañó a Millonarios en toda sus trasformación, pero se fue para el Medellín.

Desde hace varios días se venía comentando los problemas internos. Incluso llegó a decirse que Hernan Torres tenía enfrentamientos con algunos jugadores. El técnico, sin embargo, una y otra vez lo desmintió en público y le pidió a sus críticos que demostraran los rumores. Lo cierto es que Millonarios perdió la final de la Copa Postobon con Nacional y fue eliminado prematuramente en las finales del segundo semestre de 2013, y antes de lo esperado se precipitó la crisis.

Con un escueto comunicado, se notificó a los hinchas de la salida de Hernan Torres. De paso, la de Felipe Gaitán. “No quiero hablar mucho porque puedo decir cosas que no son. Me voy con la frente en alto”. ha sido el único comentario de Torres desde que se anunció su salida. Se advierte su malestar y seguramente, más temprano que tarde, se conocerán los detalles de la forma como los dirigentes le hicieron dar un paso al costado. Por ahora, la afición ha inundado las redes sociales para darle su respaldo.

E nuevo técnico de Millonarios va ser el estratega español Juan Manuel Lillo, quien ya venía realizando algunos trabajos con la institución, especialmente en materia de aportes de estrategias de formación deportiva. Sin embargo, su primera tarea será entender el enrevesado medio futbolístico colombiano, donde muchos aspectos extradeportivos terminan influyendo más que el desempeño de los equipos profesionales en competencia.

En todas estas vueltas, la pugna interna por el poder dirigencial en Millonarios, salta a la vista que sigue viva. En fútbol, nadie sabe si determinada apuesta salga bien. Puede que el modelo español que desde hace rato se le quiere aplicar al club, termine en éxito, pero también va depender de las situaciones personales que afectan a uno de sus hombres fuertes, específicamente a Juan Carlos Ortiz, de quien se sabe tendrá que responder económicamente por el manejo del Fondo Premium.

Más allá de estos vericuetos, lo que resulta incomprensible para los hinchas es el trato dado al saliente técnico Torres. De su profesionalismo no queda duda. De sus aciertos y equivocaciones tampoco. Lo que advierten los comentaristas de las redes sociales es que el equipo necesitaba refuerzos, pero en las cuentas de muy pocos estaba relevar al técnico. Los dirigentes sabrán por qué tomaron una decisión que por ahora solo convence a quienes redactaron los comunicados oficiales.

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