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Ricardo Lunari y Millonarios, amor a primera vista

El argentino, nuevo técnico de Millonarios, llegará con la misión de apagar el fuego de la crisis albiazul.

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Daniel Avellaneda
10 de septiembre de 2014 - 11:55 a. m.
En 1996, Ricardo Lunari fue jugador de Millonarios. Desde el lunes es su nuevo técnico.  / Archivo - El Espectador
En 1996, Ricardo Lunari fue jugador de Millonarios. Desde el lunes es su nuevo técnico. / Archivo - El Espectador
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Fue amor a primera vista. Apenas necesitó cinco minutos Ricardo Lunari para conquistar los corazones azules. Con un pase que derivó en un penalti, otra asistencia que terminó en gol y su propio sello de presentación en la goleada de Millonarios sobre Júnior de Barranquilla. Un tiro desde los doce pasos cedido por Édison Domínguez como regalo de bienvenida. Y de repente, El Campín abrazó a un nuevo ídolo, argentino, rubio, con un zapato mágico en el pie izquierdo. Fue furor su bautismo con la camiseta del club embajador. Aquella temporada, en 1996, quedó grabada a fuego por un subcampeonato que mucho tuvo que ver con ese fantástico futbolista nacido en San José de la Esquina, a 60 kilómetros de Rosario, donde triunfó con la camiseta de Newell’s Old Boys. 18 años después, se sentará en el banco de Millos con el cabello no tan ensortijado, pero con el mismo objetivo que la primera vez que aterrizó en Bogotá: devolverle la gloria a este gigante del fútbol nacional.

Lunari apenas jugó cinco meses en Millonarios, pero marcó 16 goles en 25 partidos inolvidables. Estaba sin lugar en Puebla de México, con el cupo de extranjeros atiborrado. Por eso partió a Colombia. Y si su primer partido con la camiseta albiazul fue maravilloso, el resto de su participación en el torneo local fue muy superior. Le pegó cuatro gritos a Nacional, con todo lo que eso significa. Y hasta le hizo un golazo de chilena a René Higuita que impulsó al histórico número uno a felicitarlo. Siempre se lamentó de aquel título que se les escapó en la última fecha ante Deportivo Cali. Y aunque quiso permanecer en Colombia, no tuvo otra opción que regresar a Chile, donde había jugado dos temporadas en Universidad Católica. Fue campeón con los ‘Cruzados’ en el Apertura 97, pero dos años más tarde su carrera tomó un rumbo itinerante. El fútbol europeo lo recibió en Salamanca de España y Farense de Portugal. Volvió a su país, vistió los colores de Almagro y pronto emigró a Bolivia. Se coronó con Oriente Petrolero. Y tras un año en Estudiantes de Mérida, colgó los guayos en su pueblo natal. En ese preciso instante nació su vocación como entrenador.

Es uno de los alumnos de Marcelo Bielsa, maestro de una generación dorada de futbolistas de Newell’s Old Boys, entre ellos Gerardo Martino, conductor de la selección de Argentina. Lunari jugaba en aquel glorioso equipo del Loco que ganó el campeonato local en 1992. El Tata, entonces, era el capitán y líder indiscutible. Del notable estratega argentino que hoy es técnico del Olympique de Marsella aprendió los secretos del trabajo en el campo de juego. Ricky estuvo distanciado de su mentor porque cuando llegó a Chile para hacerse cargo de La Roja, El Loco no lo incluyó en su cuerpo técnico. “Bielsa me traicionó. Yo le abrí las puertas de este país. Me hubiera gustado trabajar con él en la selección”, admitió Lunari unos años después.

Su primera experiencia como entrenador se desarrolló en Guabirá de Bolivia. Fue corta su experiencia, de apenas tres meses. Luego, se transformó en ayudante de campo de Fernando Gamboa, marcador central de aquel exitoso Newell’s. Con él trabajó tres años, hasta que se abrió para ser cabeza de grupo. Y volvió a cruzar la Cordillera para hacerse cargo de Santiago Morning, de la Primera B. No le fue bien. Renunció cinco meses después de haber asumido, porque apenas cosechó 15 puntos en 13 partidos. Con el equipo en el undécimo puesto, pegó el portazo. Lo convocó Deportes Valdivia, de la Segunda División, la tercera categoría en Chile. Tampoco tuvo un paso feliz. No logró el objetivo del ascenso. Y regresó a la Argentina para sumarse a la Reserva de Newell’s, porque siempre se definió como “un formador”.

Sin embargo, en abril tuvo que vestirse de piloto de tormenta para asumir la Primera, ya que Alfredo Berti —otro pupilo de Bielsa— dio un paso al costado. Entonces, Lunari siguió adelante con la propuesta de su antecesor, a fin de cuentas, la que había impuesto El Tata, el 4-3-3 con extremos que tanto rédito le dio a Martino. Algo más conservador, fue un flexible 4-5-1 obligado por la coyuntura: Newell’s necesitaba puntos para no padecer dolores de cabeza con el promedio. Dirigió hasta el final del campeonato el ‘Cadi’ y tenía fe en su continuidad. No obstante, la dirigencia decidió darle una oportunidad a Gustavo Raggio, que saltó de la Quinta División. Decepcionado, se desvinculó del club. Y esperó una oportunidad grande. Y justo aparecieron los Embajadores. “Qué lindo ver a la hinchada de Millonarios dando espectáculo en Trujillo. Cómo se los extraña”, escribió Lunari en su cuenta de Twitter el 28 de agosto. Tal vez fue un guiño. Quizá fue un impulso de ese sentimiento que se le prendió cuando surcaba el verde césped de El Campín en pantaloncitos cortos. Será el reemplazo del español Juan Manuel Lillo. Llega en el medio de la crisis. Con el traje de bombero, claro. ¿Podrá apagar el incendio azul?

 

DAvellaneda@agea.com.ar

@davellaneda77

Por Daniel Avellaneda

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