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Primero el torrencial aguacero, luego la continuidad en un terreno de juego que aguantó hasta donde pudo. Seguido, el árbitro Carlos Ortega y la pelota en sus manos dando la indicación de que el partido en Manizales, entre Once Caldas y Deportes Tolima tenía que detenerse por la lluvia, por los rayos también (minuto 81). El encuentro sin goles y los jugadores locales pidiendo que se continuara y los visitantes llamando a la cordura, a no jugar más.
“Acá ya no se puede jugar al fútbol, esto parece una piscina”, dijo Alberto Gamero, el DT del cuadro ibaguereño. Después de una hora de para, de los rumores de que el central del encuentro quería dejar la cosa así, pero que recibió una llamada desde Bogotá dándole la orden de que jugara los 10 minutos restantes, llegó el gol de Carlos Robles, la pelota por entre las piernas de José Fernando Cuadrado y el reflejo del portero para intentar sacar un balón que ya había cruzado la línea.
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Premio a un equipo que durante la primera parte tuvo las opciones más claras con un Sebastián Villa rompiendo la defensa blanca por la banda derecha, con los cambios de ritmo y las pelotas entre líneas. Al final, una jugada alejada, un partido que duró más de dos horas, deja al Tolima en la quinta casilla de la Liga Águila con 22 puntos, sacando a Millonarios, por ahora, del grupo de los ocho.
Moraleja: siempre es mejor esperar, porque de haber seguido las peticiones de los futbolistas visitantes no podríamos decir que el cuadro de Gamero celebra su segunda victoria en línea, una triunfo importante ante un rival directo que, además del poco fútbol mostrado, se ahogó en su propio estadio. Y eso que la lluvia no tuvo la última palabra, solo postergó un poco el resultado de las cosas.