18 May 2021 - 12:15 a. m.

Copa América: la instrumentalización política del fútbol

El contexto que rodea al torneo de selecciones de la Conmebol, que organizará Colombia desde el 13 de junio, recuerda otros casos en los que este deporte fue visto como una cortina de humo.

El fútbol, como todas aquellas actividades que convoquen masas, está susceptible a ser instrumentalizado según los intereses políticos de turno. La realización de la Copa América, que no se pudo hacer en 2020 por la pandemia del COVID-19 y que este año se llevaría a cabo entre Argentina y Colombia del 13 de junio al 10 de julio, ha sido tema de discusión y se ha convertido en un motivo más para que muchos ciudadanos salgan a las calles a protestar. El aplazamiento de la Liga BetPlay, así como los enfrentamientos entre la Fuerza Pública y varios civiles en medio de partidos de la Copa Libertadores en Barranquilla y Pereira, son hechos que respaldan la versión de no jugar el torneo continental en el país por problemas de orden público. Esto recuerda lo que dijo hace unos años el sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos cuando vaticinó que la protesta social en América Latina necesitaría la solidaridad internacional para evitar la estigmatización de las movilizaciones. Este fenómeno hoy se ve en Colombia, pues esos partidos sirvieron para que la crisis se viera en otros países y se ejerciera mayor presión al Gobierno Nacional para rechazar la sede de la Copa América y centrarse en solucionar los problemas internos.

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Desde las barras de los equipos más representativos del país, que se han unido para pedir la cancelación del torneo en Colombia bajo el lema “Sin justicia no hay fútbol”, hasta los jugadores agremiados que manifestaron que “como ciudadanos, antes que futbolistas, queremos manifestar nuestro total apoyo al clamor expresado por el pueblo colombiano en su protesta ta y nos unimos a esas voces que piden un país más justo, equitativo e inclusivo, en el que se nos garanticen a todos, sin distinción, las condiciones mínimas para vivir con dignidad”, se han dado a conocer varias voces que presionan no solo a la Conmebol, sino al mismo gobierno de Iván Duque, para que el torneo no se lleve a cabo.

El fútbol como cortina de humo. El fútbol como un pretexto para la unidad nacional. Desde el inicio mismo del campeonato local en Colombia este deporte tuvo su relación con el clima político y social. La creación de la liga en el país, que se dio en agosto de 1948, se impulsó, en parte, por El Bogotazo, tras la muerte de Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril. Y si bien esto no significó una constante a lo largo de la historia, sí sienta un precedente que hoy parece repetirse.

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“Un Mundial como el de México 70 fue clave para ayudar a desactivar toda la reacción y movilización que había con las elecciones a Rojas Pinilla y la Anapo. Después está la historia del Mundial 78 y el tema de un campeonato por encima de la situación de la dictadura militar y las violaciones a los derechos humanos en Argentina. En cuanto a Colombia, está la toma del Palacio de Justicia, tras la que quedó demostrado cómo utilizaron el deporte con la transmisión esa noche del partido entre Millonarios y Unión Magdalena, mientras estaba encendido el Palacio con la gente adentro. Tenemos antecedentes y la tendencia demuestra que ha sido usado como un distractor para que pase por encima de los conflictos sociales y sea un elemento para que la gente piense en otras cosas y se olvide de las condiciones de las movilizaciones. Sin embargo, creo que estamos en otros tiempos y hay algunas diferencias a tener en cuenta: por ejemplo, en Brasil la Copa Confederaciones 2013 y el Mundial de 2014 fueron eventos que estuvieron precedidos por movilizaciones y rechazo porque había una crisis económica, había pasado el auge de Lula y del partido de los trabajadores. Y se dio esa ruptura entre fútbol, sociedad y política a raíz de las protestas. Ahí lo que era interesante es que tanto el Mundial como los Olímpicos, cuando los consiguió el gobierno brasileño, iban en la línea de promover al país como potencia media en desarrollo, pero cuando los realizaron, la situación era otra”, explica Andrés Dávila, politólogo de la Universidad Javeriana.

Ernesto Lucena, ministro del Deporte, señaló: “No podemos politizar el deporte. Sabemos que hay dificultades, pero vamos a superarlas, como lo hemos hecho tantas veces, incluso en 2001, con la Copa América. El fútbol y este torneo continental son fundamentales para la reactivación económica del país. Llevamos dos años trabajando desde todas las entidades del Estado para cumplirle al continente. Hemos invertido cerca de $12.500 millones en los estadios y se han generado unos 4.000 empleos directos e indirectos”.

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Pese a las declaraciones del Gobierno, el mensaje es que la realización de la Copa América, más allá del deporte, tiene que ver con lo económico y con una intención de recuperar la unidad social por medio del carácter nacionalista del fútbol.

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