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“De nada sirve llegar a la final si no se gana”

Juan Carlos Quintero llega a la última instancia del torneo con la ilusión de estar cerca del título, pero sobre todo convencido de que el DIM no puede dejar escapar esta oportunidad.

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Fabián M. Rozo Castiblanco
15 de diciembre de 2008 - 11:00 p. m.
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La Copa Mustang que empieza a buscar desde el miércoles ya tuvo la oportunidad de tocarla y por más que intentó sentirla suya, resultó casi prestada porque después de ayudar a conseguirla, a la hora de levantarla ni siquiera estaba en el estadio, más bien a demasiados kilómetros de distancia.

De ahí que la carrera de Juan Carlos Quintero marque un antes y un después desde diciembre de 2004, cuando “estando en Júnior se logró el título del Finalización y aunque jugué hasta semifinales, por decisiones técnicas en la final no se me tuvo en cuenta y por eso ni a Medellín me llevaron”.

Entonces así la de este Clausura no sea su primera final, el mediocampista la asume como tal porque jamás olvidará que en lugar de darla,  vio “la vuelta olímpica por televisión en Barranquilla y eso anímicamente te mata porque cuando has aportado a lo largo de un torneo y llega lo más bonito como es disputar el título y ni te voltean a mirar, resulta frustrante”.

Ahora ese amargo recuerdo se transforma en otra razón más para consagrarse con el Medellín y saldar de paso, una cuenta pendiente que para él más bien  “es un logro, un objetivo que cualquier jugador desea y ahora que estamos más cerca de conseguirlo, pues se tienen muchas más ganas de alcanzarlo y esa es la gasolina que tenemos para apostarle a esa ilusión porque queremos ser campeones”.

Y al estar tan cerca de la gloria, resulta inevitable recordar momentos que lo aproximaron a ella después de 11 años en primera división y uno de los más recientes sí que le dejó más de una espina clavada:  “Con Millonarios lo tuvimos cerca y era el gran sueño de todos por lo que representaba conseguir un título para esa institución tan grande, pero ya cuando estaba cerca, cerquita, faltaron cosas muy importantes”.

Esta es la hora en que la bronca aún permanece, sobre todo porque “de la parte futbolística se hizo todo lo humanamente posible e incluso el presidente hizo lo suyo porque López es un tipo que ha puesto todo su empeño para darle la estrella, pero en los últimos años hay gente alrededor que de una u otra forma no deja que se logre la estrella”.

Quintero se fue llenando de razones para pedir un cambio en 2008 y el deseo fue escuchado: “La salida la propicié yo, había tenido un problema, no quería permanecer por la mala atmósfera que se creó y como últimamente llegué a equipos grandes y con ambición, lo del Medellín me atrajo por eso, pero fundamentalmente porque llegaba a un grupo donde todos eran amigos”.

Unión y convicción, las claves

Se sintió en casa y con la confianza del caso, le apuntó desde un principio “al título que pudimos pelear en el primer semestre, pero nos faltó un punto para ir a la final (NdR: Chicó avanzó con 10 puntos, uno más que el ‘Poderoso’), lo cual propició además que Juan José Peláez dejara la conducción técnica escarlata.

Llegó Santiago Escobar para el Finalización y las cinco derrotas en los primeros seis juegos oscurecían el panorama en pleno amanecer del torneo, aunque para Quintero, esos momentos difíciles del comienzo fueron los cimientos para el equipo


de hoy… “En las duras uno conoce a la gente y este grupo tomó mucha fuerza a partir de las derrotas, sobre todo cuando la hinchada estaba  renuente a ir al estadio y la prensa que sólo llega en las buenas, dio mucha varilla”.

La fórmula que generó la reacción deseada es simple según el volante: “Al interior la unión siempre ha reinado y también hubo convicción, además los directivos le apostaron a la continuidad del cuerpo técnico y no se equivocaron al hacerlo; no era una situación fácil, pero con base en el trabajo y la humildad, pudimos repuntar”.

Algo parecido destaca en América, el rival a vencer que le merece todo el respeto, en especial  por “los problemas que ha superado un grupo muy unido, en la cancha salen a pelear por todos y el apoyo entre ellos los ha llevado a ser protagonistas”. Y si admira el mensaje colectivo que se traduce en entrega y resultados, reconoce que “en lo futbolístico, de la mitad hacia adelante es un equipo demoledor gracias a la movilidad y potencia de sus volantes y delanteros, aunque atrás también tiene lo suyo”.

A sus 30 años, la experiencia le indica que “uno no le puede quitar méritos a los que anteriormente se han coronado, pero por nombre y equipos creo que va a ser una final muy pareja, ninguno de los equipos llega con ventaja, ambos atraviesan por un buen momento y de ahí  que se clasificaran anticipadamente”.

Leonel, ídolo y jefe

Pero como se trata de desequilibrar la balanza, Quintero espera que sea con “el compromiso compartido del Medellín porque los jóvenes saben lo que se quiere, escuchan y respetan la experiencia de ‘Choro’ (Restrepo), Sanabria, Aldo (Bobadilla) y la de  mi persona, pero acá todos somos líderes, nadie está por encima del otro y la responsabilidad es igual para cada uno; eso fue lo que en parte nos ayudó a salir del bache”.

Lo demás fue labor del cuerpo técnico, aunque advierte que “el crédito no es sólo de Santiago (Escobar), también del señor Leonel Álvarez y el profesor William Villa (preparador físico), porque cuando se dieron las derrotas seguidas, nunca permitieron que el grupo se cayera”.

Igual quiso darle  mención especial al asistente de ‘Sachi’ porque  “la sola imagen de Leonel es muy diciente, siempre lo vi como un ídolo y ahora al compartir con él y ver la clase de persona que es,  me compromete mucho y por eso entrar a la cancha y no correr, me daría pena con él”.

También le avergonzaría demasiado no dar la vuelta porque así sea “un convencido de que se han hecho muy bien las cosas hasta ahora y se deja de nuevo al equipo en un torneo internacional,  de nada sirve llegar a la final si no se gana”.

 Así que para Quintero “el único objetivo posible es  lograr el título sí o sí”. Y a diferencia de lo que vivió en Júnior hace cuatro años, esta vez podrá estar  en la cancha para  buscarlo a como dé lugar porque una cosa es sentirse campeón y otra bien distinta  serlo.

Por Fabián M. Rozo Castiblanco

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