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También, que cuando hay una plantilla llena de estrellas, lo único que tiene que hacer el técnico es definir la formación. Pero hoy, más que nunca, está comprobado que no es así. En todo grupo falta alguien que transmita conceptos claros, estrategias concretas ante situaciones específicas, una persona que haga cumplir sus órdenes y, sobre todo, que tenga liderazgo.
Argentina es el ejemplo más claro, pues Maradona, el mejor jugador que he visto no ha logrado armar un buen conjunto y, en cambio, hizo un zafarrancho con un puñado de excelentes jugadores. Evidentemente, la claridad mental que Diego tenía dentro de la cancha no es la misma fuera de ella y su facilidad para manejar la pelota no tiene nada que ver con sus problemas para comunicar las ideas. Se mantiene en el cargo por su historia y condición de ídolo.
En Colombia la falla no ha sido la falta de conceptos tácticos de los entrenadores. Sencillamente ninguno ha tenido el liderazgo para convertirse en el guía. Ninguno ha logrado la credibilidad para hacer que todos tiremos para el mismo lado. Y eso fue lo que consiguió Bielsa en Chile, en donde le cumplieron sus exigencias con tal de que los llevara a un mundial. Él no juega, claro; tiene el temperamento y la actitud para gritar a sus jugadores. También sabe en qué momento hay que apretarlos y hasta putearlos, porque en el fútbol eso también se necesita.
Por más que se tengan buenos jugadores, el técnico sí importa y en Colombia nos tenemos que poner a buscar uno. De pronto, después del Mundial, Bielsa queda vacante, porque ya en Chile le están exigiendo que sea campeón, como lo hicimos acá en 1994, cuando nos creímos el cuento de que el fútbol colombiano era grande como para ir solamente a participar. Ojalá algún día volvamos a un Mundial y podamos ver la tricolor entre las de los 32 países. Ojalá comprendamos que con la infraestructura y el material humano que tenemos, clasificar sería ya un título del mundo.