El delantero y su sueño de jugar una Copa Mundo

Radamel Falcao García y la importancia de creer en sí mismo

Con su liderazgo y sus goles, el delantero samario fue fundamental en la clasificación de Colombia a Rusia 2018. Este año, con el Mónaco, volvió a la élite del fútbol europeo.

Falcao luego de anotar el empate parcial contra Paraguay en el estadio Metropolitano de Barranquilla. EFE

Pasó un año y un mes para que Radamel Falcao García regresara a la selección colombiana de fútbol. Exactamente 14 partidos oficiales jugaron los dirigidos por José Pékerman sin la presencia del referente goleador. Las lesiones y la falta de confianza de los entrenadores de los clubes en los que había estado en un pasado reciente le habían afectado más de la cuenta a Radamel. Pero Pékerman siempre lo arropó, le dio ánimo en los momentos más oscuros y lo llenó de confianza, le dio lo que necesitaba: que a pesar de todo creyeran en él. Así que, en noviembre de 2016, para las fechas 11 y 12 de las eliminatorias a Rusia 2018 lo llamó.

“Falcao siempre fue un jugador clave en la selección, lamentablemente su lesión previa al Mundial lo alejó. Ahora estamos en otra etapa, tras un tiempo de espera está encontrando su mejor forma y eso es alentador para los colombianos”, dijo un emocionado Pékerman antes de los juegos ante Chile y Argentina.

En ese momento la presencia del samario entre los convocados era suficiente. No importaba que no fuera titular ni que llevara el brazalete de capitán. Por esos días sólo la presencia del delantero del Mónaco era importante para el grupo, por su calidad humana, por lo que representa como futbolista y por la motivación para los demás compañeros. Un envión anímico para el grupo, una transfusión de optimismo. Muchos de ellos nunca habían compartido con él, un ícono del fútbol colombiano, el goleador en Europa, el Tigre.

El año 2017 comenzó para Colombia con incertidumbre, de cara al objetivo de la clasificación al Mundial. Luego de perder 3-0 ante Argentina, en San Juan, el equipo de Pékerman estaba en la sexta casilla, fuera de las posiciones de privilegio. Claro que había jugadores como para revertir la situación, y uno de ellos era Falcao.

Aunque desde los primeros meses del año el delantero samario brillaba con el Mónaco, siendo goleador del equipo que era líder de la Liga de Francia y sorprendía en la Uefa Champions League, cada vez que llegaba el momento de hacer una convocatoria de la selección para las eliminatorias, alguna pequeña lesión le impedía estar. Por eso se perdió los juegos ante Bolivia y Ecuador, por eso pospuso un retorno que parecía inevitable.

No obstante, de esas molestias físicas Radamel supo recuperarse sin problemas. El cuerpo estaba controlado y la mente era la de antes, la que no entendía de imposibles. Siguió marcando goles con su club y terminó siendo campeón. Fue el gran líder de un equipo modesto que sorprendió a Europa llegando hasta semifinales de la Champions y quedándose con el título de Francia, superando al poderoso PSG, demostrando que a veces es mejor tener pocas estrellas que muchas, y más soldados que potencien a una sola figura. Estas buenas noticias ilusionaron a José Pékerman, a los jugadores de la selección y a los hinchas del equipo nacional.

A mediados de año jugó los amistosos ante España y Camerún. Ante los europeos marcó un gol que representó para él convertirse en el máximo goleador histórico del equipo tricolor. Para las fechas 15 y 16 de las eliminatorias, cuando llegaría el momento de dar la puntada final, Falcao fue una vez más fundamental para Colombia. Ante Venezuela fue capitán y titular. No marcó, pero generó las más claras opciones de gol. A los pocos días anotó un gol trascendental en el empate 1-1 ante Brasil en el Metropolitano de Barranquilla. Un cabezazo de manual, con toda la frente, girando la cabeza en el aire para cambiarle la trayectoria a la pelota, anticipándose a la pelota, yendo primero que todos.

“Volvió el mejor Falcao”, dijo un emocionado Pékerman en la rueda de prensa final. Supo que por un momento así es que había trabajado Radamel. “Su alegría nos contagia. Es nuestro Tigre y es una gran noticia contar con delanteros que te dan la tranquilidad de que puedes solucionar un partido por más complicado que sea. Y ese es Falca”, comentó ese mismo día James Rodríguez, el amigo, el compañero, el que muchas veces lo puso de cara en el arco contrario, no solo vistiendo la camiseta de la selección.

Luego, en la penúltima fecha ante Paraguay, Falcao nuevamente fue titular. Esta vez también fue capitán. Marcó un gol espectacular que pudo representar la clasificación, sin embargo, errores defensivos causaron una derrota por 2-1 en los últimos instantes. A pesar de ese duro golpe anímico, Falcao no bajó los brazos y confiando, como lo hizo en medio del desierto más movedizo de su vida, lideró al equipo a la clasificación. Fue el líder que necesitó el equipo en su momento, fue el hombre de las palabras alentadores de las frases contundentes, del apoyo incondicional. “Hay que creer en nosotros. Tenemos muchos argumentos”, dijo. Luego Colombia empató 1-1 ante Perú y consiguió el cupo directo a Rusia 2018. El objetivo estaba cumplido.

Este año fue uno de los mejores que ha tenido el futbolista de en su vida personal y futbolística. Tuvo a su tercera hija, Annete, una motivación extra para poder por fin debutar en una Copa del Mundo, sueño que se truncó hace tres años por una lesión inoportuna, por la fuerza desmedida de un defensor pulsional, por la providencia del destino que decidió que ese no era su momento. Nunca dejó de creer en los demás, en sí mismo, en el fútbol, en el trabajo, en los demás. Juana Carmenza Zárate, su mamá, le infundió el amor por Dios.

Y de eso se agarró, como si de ese hilo dependiera su vida. Confió, se rodeó de su familia y disfrutó hasta los malos momentos con una buena actitud. Aunque la vida le diera la espalda, él siempre estaría de frente. Ahora todo es una anécdota, un testimonio. Su gran sueño está por venir: jugar un Mundial, cantar el himno de Colombia en un partido inaugural y trascender su rugido al evento más importante del fútbol. Rusia lo espera desde ya.