Este miércoles, Millonarios vs. Tolima (7:00 p.m., RCN)

Rafael Carrascal, el niño que no soportaba la derrota

Ha jugado en algunos de los clubes más importantes del fútbol colombiano. Una carrera con errores, lágrimas y alegrías. La mayor de ellas: el título de la Liga con el equipo pijao en el primer semestre de 2018.

Carrascal, de 26 años, llegó al Tolima en junio de 2017 procedente del Júnior de Barranquilla. / Cristian Garavito

En el ambiente caluroso de Toluviejo, Sucre, con sus calles polvorientas, creció Rafael Andrés Carrascal Avilez. Era un niño que lloraba, que lloraba mucho. La razón: perdía partidos de fútbol. No soportaba la derrota y corría hacía los brazos de su madre, quien lo consolaba y, para calmarlo, le preparaba la carne molida que aún le sigue fascinando. El pequeño hacía parte de la escuela Semillero Sucreño. Volvió a sentir cómo la tristeza se apoderaba de sus entrañas cuando, por falta de recursos económicos, el lugar donde era feliz tuvo que cerrar. “Mi infancia fue tranquila. Tampoco era que lo tuviera todo en la vida, pero no sufría, porque teníamos lo básico y podíamos salir adelante”, le dice a El Espectador el hombre que en la actualidad es futbolista profesional del Deportes Tolima. (“El fútbol es de momentos y el mío es ahora”: Wuilker Faríñez)

Rafael no fue criado por su padre biológico y eso no le importó. El amor, los consejos y la sabiduría de una figura paterna calaron en él provenientes de Manuel Vergara, su padrastro, un hombre a quien con orgullo llama “papá”, y quien se desempeñaba como chofer del alcalde de Toluviejo en los tiempos en que “Rafa” era delantero. “Mi padre es una bendición para mí y para mi familia”, reconoce Carrascal. Aunque Manuel no amaba el fútbol, sí apoyó el sentimiento innato que siempre ha tenido su hijo por la pelota. No le impidió que luego de que se acabara Semillero Sucreño fuera a hacer pruebas a Atlético Nacional. Las pasó, jugando como atacante. “Pude ingresar gracias al profesor Norberto Peluffo, con quien siempre estaré agradecido. Me fui muy pequeño de casa y aprendí muchas cosas de la vida, a defenderme ante las dificultades y a ser mejor dentro de la cancha”.

Y sus condiciones las pulió con los consejos de un talentoso. Jaime de Jesús Arango Estrada, más conocido como Jimmy Arango o “el rey de la baldosa”, necesitó observarlo pocas veces dentro del terreno de juego para decirle unas palabras que hoy en día no salen de la mente de Carrascal: “Te veo futuro de volante, ahí te vas a desempeñar y te irá muy bien”. Rafael continuó ubicándose en el círculo central y sorprendió gratamente a Arango por su capacidad para recuperar el balón y darle un buen rumbo. “Jimmy siempre era un líder. Me bajó de posición y me dio la cinta de capitán en la categoría en la que estaba en Nacional. Me enseñó muchos valores y cosas importantes con las que he logrado diferentes objetivos y con las que sigo en el camino hacia los otros que tengo”, agrega Carrascal Avilez, quien no pudo debutar en el club verdolaga y fue cedido a Alianza Petrolera.

En el equipo de Barrancabermeja comenzó a obtener la continuidad deseada en el profesionalismo, siendo fundamental en el funcionamiento del plantel que derrotó al América de Cali (escuadra de la que era hincha cuando niño), en 2012, y logró el ascenso a la máxima división del balompié colombiano. Llegó a Millonarios para la temporada 2016, pero no tuvo las oportunidades necesarias para mostrar sus cualidades en El Campín de Bogotá, en un elenco albiazul que ese año fue dirigido por el uruguayo Rubén Israel, primero, y luego por el argentino Diego Cocca. “Es una gran institución, en la que me trataron muy bien y pude volver a compartir con el profesor Peluffo. Tomé la decisión de irme porque quería tener más minutos”. Partió al Júnior, en el que tampoco sonrió demasiado y se equivocó.

(Colombia y Argentina: unidos por el fútbol)

En mayo de 2017 condujo su automóvil en estado de embriaguez y en la calle Murillo con carrera tercera, en Barranquilla, chocó a otro carro en el que viajaba una niña de un año, que resultó herida. “Allá me instruí mucho con el profe Gamero y después con Comesaña, quien me estaba dando minutos. Posteriormente vino el incidente. Me equivoqué, como todo ser humano. Fue algo muy desagradable para mi vida y mi carrera. Si por mí fuera, retrocedería el tiempo y no cometería ese error del cual aprendí y del cual me pude levantar a pesar de que me dolió bastante. Solo Dios sabe por qué pasan esas cosas”, confiesa el arrepentido jugador que meses más tarde se reencontró con el entrenador Alberto Gamero en el Tolima.

En el elenco pijao se levantó de la caída que significó su frustrado paso por el Júnior. Le abrieron las puertas y desde aquel junio de 2017 en el que llegó no ha bajado su rendimiento gracias al estratega samario, quien le pide que sea un futbolista de ida y vuelta y que le dé buen manejo a la pelota, la cual tiene prohibido perder. Gamero le exige a Carrascal sacrificio y que haga dinámico el juego. Él ha cumplido con eso y con el propósito de ser campeón. En el Apertura 2018 celebró tras vencer en la final al club que lo formó: Atlético Nacional.

“No tuve la fortuna de debutar allá y sueño con algún día volver, pero cuando juegue contra ellos siempre daré lo mejor de mí para ganarles con el Tolima, con el que quiero ser campeón de nuevo, porque nunca bajamos los brazos y tenemos hambre de más títulos. Vamos por buen camino hacia eso, pues cada día queremos superarnos”, asegura el mediocampista del cuadro de Ibagué, que este miércoles enfrentará a Millonarios, líder de la Liga Águila, en busca de su octava victoria y de acercarse más a la clasificación a los cuadrangulares.

Antes del partido contra su exequipo, Rafael Carrascal pensará en sus hijos, su esposa y sus padres, quienes lo observarán desde Toluviejo deseando que se destaque para que sonría como lo hace cada vez que lo visitan en Ibagué, para que no vuelva a derramar las lágrimas de tristeza que descendían por sus mejillas cuando sus pequeñas piernas apenas comenzaban a patear el objeto que lo hace feliz, para que esos días en los que rompía en llanto no aparezcan de nuevo, para que en su vida solo existan los triunfos.

@SebasArenas10