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James Mina Camacho: música en el arco

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En su natal Padilla (Cauca) se enamoró del campo y del fútbol. Se destacó en unos Juegos Nacionales y recibió ofertas de Millonarios, Cúcuta y Santa Fe. Se decidió por el club cardenal, con el que se convirtió en histórico, y en Bogotá fue feliz porque también pudo cantar.

James Mina Camacho tenía pensado estar el 27 de diciembre pasado en su natal Padilla (Cauca) y observar con José Mina, su padre, el partido de vuelta de la final entre Independiente Santa Fe y América de Cali. Se imaginaba sentado al lado del hombre que le inculcó el amor por los cultivos de café y el fútbol, y quien andaba en una silla de ruedas porque le habían amputado las dos piernas. Sin embargo, una comunicación telefónica le destrozó esa esperanza. “El 15 me llamó mi hermana. Me dijo que a mi papá le había dado un dolor por los lados del hígado, y se murió. Cumplía 93 años y ya estaba cansado de andar en esa silla”, le contó Mina Camacho a El Espectador.

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Y a James, que hoy en día tiene 66 años, se le colmaron los pensamientos de recuerdos junto a don José. Rememoró sus repetitivas pero felices jornadas de la hermosa época de la infancia. En las mañanas asistía al colegio: era buen estudiante y, además, la figura del recinto escolar en el tema del fútbol. Siempre le gustó el arco. No obstante, cuando su equipo iba perdiendo en los recreos, él lo abandonaba, comenzaba a gambetear rivales, anotaba y se quedaba de delantero para intentar darle vuelta al marcador. Algo que casi siempre sucedía.

Extenuado de estudiar, atajar y hacer goles, Mina Camacho sacaba energías porque la felicidad no terminaba en la escuela de Padilla. Llegaba el momento de trabajar con su padre y sostener con él charlas cómplices de amigos. “En las tardes andábamos de finca en finca sembrando, cogiendo café y cacao. Además, usábamos un radio al que le poníamos unas pilas grandes. Y en ese entonces se oían mucho las novelas de Kalimán, entonces le decía a mi papá: ‘Vámonos, ya son las 5:00’. Era para salir de trabajar e irme escuchando la novela de Kalimán”.

También había tardes en las que a James no le importaba Kalimán sino ir a jugar con el Atlético Padilla, para lo cual obtuvo permiso con su esmero en los cultivos y el estudio. Un profesor de su colegio fue el primero que notó que su talento era de un nivel superior y lo motivó a tener siempre en sus metas el triunfar en el difícil entorno de la pelota. Y él desde la adolescencia comenzó a seguir su consejo, aunque eso le costara algunos regaños.

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Los fines de semana el protagonista de esta historia se iba al colegio y pedía que le regalaran tallos de las plantas de guaduas. Con ellas armaba los arcos e invitaba a jugar a sus amigos. “Los regaños que nos ganábamos provenían de los vecinos, porque los balonazos pegaban en las paredes, quedaban sucias y dañábamos todo. Nos correteaban y, en ocasiones, nos alcanzaron a dañar las pelotas”, narró Mina Camacho, un ser que pasando su adolescencia y llegando a la juventud empezó a descuidar las labores académicas porque prácticamente ya le pagaban por jugar fútbol.

“Me olvidé un poco del colegio porque me fui a trabajar a Popayán con el doctor Aurelio Iragorri Hormaza (posteriormente senador de la República), quien era el gerente de Centrales Eléctricas del Cauca (Cedelca), la empresa encargada de distribuir la energía en el departamento. Él me llevó para jugar con el equipo de la compañía. Tenía que acompañar al jefe de los que extendían las líneas en los postes, y los ayudaba en cositas, pero a mí me tenían era para ser parte del equipo”, relató.

Y Mina Camacho representó a Cauca en los Juegos Nacionales de 1972, celebrados en Villavicencio. Fue figura en la portería y Jaime el Pantalonudo Arroyave, histórico reclutador de talentos de Millonarios, quedó enamorado de sus condiciones. Pero tuvo competencia, pues los ojeadores de Independiente Santa Fe y Cúcuta Deportivo también se fijaron en el joven arquero de Padilla, quien se decidió por el club cardenal, que se convertiría en uno de los mayores amores de su existencia.

“En los primeros días del año 73, a Padilla me llegaron pasajes para ir a Bogotá, de Millonarios y Santa Fe, y para ir a Cúcuta. En Millonarios estaba mi paisano Otoniel Quintana, además de Senén Mosquera y Álvaro Cuéllar, entonces elegí Santa Fe, en donde me encontré con Antonio Rivas, un arquero con el que trabajé muy bien. Él me enseñó mucho y me llenó de confianza”, expresó el hombre que en sus comienzos como profesional conservaba, en uno que otro partido y sobre todo en los entrenamientos, la locura de atajar y anotar.

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En ese entonces no había preparador de arqueros y Mina y Rivas se reunían en el Parque Nacional, en el oriente de Bogotá, a entrenar. Se pateaban pelotas el uno al otro, y Rivas ya notaba que su alumno sería un histórico, por su forma de cortar centros, su manera de lanzarse por el sagrado objeto redondo, sus condiciones para ser líbero por el talento que tenía con el balón en los pies y por su ubicación en el área.

Después de las mutuas prácticas, el joven de 19 años acompañaba a su maestro a “tardear” en Monserrate. Desde ahí observaban la grandeza de una Bogotá que seguía expandiéndose y hablaban sobre la cantidad de hinchas cuya felicidad dependía, en parte, de ellos. En una oportunidad, en una jugada de tiro de esquina, a Rivas se le quedó enganchado el dedo en uno de los alambres que sostenía la malla del arco y se fracturó un dedo.

“Entonces me tocó debutar contra Millonarios. Fui figura durante la mayoría del clásico, hasta que dejaron cabecear a los más bajitos: Willington Ortiz y Alejandro Brand. Perdimos 2-0”, el recuerdo que tiene Mina Camacho de su primer encuentro con el equipo profesional de Independiente Santa Fe, un club en el que se mostró para ser convocado al Campeonato Suramericano de Chile sub 20 de 1974. Un club con el que hizo historia en 1975 al ser integrante de una sexta estrella que se convertiría en icónica, porque después el equipo albirrojo tardaría 37 años en volver a ser campeón de la primera división del fútbol colombiano.

De aquel plantel del 75, Mina Camacho recuerda que “teníamos un equipazo en el que brillaban Ernesto Díaz y Pandolfi”, y en el que aprendió conceptos de su posición de parte de otro legendario portero cardenal: el argentino Luis Gerónimo López. Pero, sobre todo, su mayor evocación son los momentos íntimos en el vestuario, las “jodas” con los compañeros. Por el hecho ya mencionado de la ausencia de un preparador de arqueros, a los guardianes del arco les tocaba calentar pateando pelotas contra las paredes y “cuando agarraba la primera, me decían: ‘Hoy no te entra nada’, pero, si soltaba el balón, se armaba un terremoto en el camerino”.

Otro terremoto se armaba en las vivencias nocturnas de James. Entre semana se iba para una taberna paisa a desarrollar otra de sus pasiones: cantar. Se unía a una orquesta que allí se presentaba y deleitaba con temas vallenatos o del fallecido artista puertorriqueño Daniel Santos. Su angustia comenzaba cuando veía a Pastor Londoño Pasos, histórico locutor de la radio colombiana, quien le repetía: “Qué perra (borrachera) en la que estás. Si no te va bien el domingo, ya tengo de qué hablar”. ¿Qué hacía Mina Camacho? “El día domingo salía figura, me tocaba callarle la boca”.

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Gracias a su voz gruesa y de cantante exitoso, James fue invitado en varias ocasiones a la sección Cante aunque no cante, del recordado programa el Show de Jimmy, y también estuvo en Compre la orquesta con Fernando González Pacheco, presentador español que se radicó en Colombia y que era fanático de Independiente Santa Fe, una institución de la que Mina Camacho salió en 2019, tras haber estado trabajando con la categoría sub 20.

“Eduardo Méndez (presidente de Santa Fe) sacó a todo el mundo. Un día nos llamaron a avisarnos que nos íbamos, que ya no éramos parte del club, y nos sacaron así, a las patadas”, reveló Mina Camacho, quien en varias etapas ha realizado labores en las divisiones menores y en el plantel profesional. De sus enseñanzas se han beneficiado, entre otros, Agustín Julio y Camilo Vargas. Pero el exportero caucano no guarda rencores y le desea lo mejor a Méndez y al equipo, en las cercanías de su cumpleaños 80: “A los hinchas, que apoyemos a pesar de no poder ir al estadio a ver a un club al que ojalá las cosas le sigan mejorando”.

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James Mina Camacho aguarda porque pase la pandemia, que le ha enseñado a compartir más con la familia, para continuar con sus trabajos personalizados con jóvenes que sueñan seguir su estela. Espera volver a compartir una comida con sus más de 15 nietos. Desde su casa en el barrio Isla del Sol, en el sur de Bogotá, donde reside junto a su esposa, y mientras el COVID-19 deja de ser parte de la cotidianidad, le entona melodías a Santa Fe y a su pueblo: “Yo nací allá en Padilla y en Bogotá yo jugué, ay, pero nunca me olvidaré de mi pueblo, de Padilla… Ay, Padilla, yo no nunca dejaré de amarte; ay, mi pueblo, en diciembre iré a visitarte”. Su canción “salió mal este diciembre que pasó”.

@SebasArenas10

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